Diario Sur

«Si no acogemos a los refugiados nos hundiremos con ellos como sociedad»

David Noguera, ayer en una de las carpas con las que MSF trata de visibilizar el drama de los refugiados.
David Noguera, ayer en una de las carpas con las que MSF trata de visibilizar el drama de los refugiados. / Francis Silva
  • David Noguera, presidente de Médicos Sin Fronteras España

  • Recién llegado al cargo, insiste en que la ayuda es «cosa de todos» y denuncia que los ciudadanos van «por delante» de la respuesta política e institucional

Recibe a SUR en el campamento que Médicos Sin Fronteras ha plantado –en sentido literal– en plena calle Alcazabilla, un lugar modesto en el que se pasa de la asfixia a la esperanza con sólo cruzar de tienda de campaña. Ese primer nudo se forma en una carpa de realidad virtual que transporta al visitante a lugares olvidados y desangrados por los conflictos que aquí ni siquiera sabríamos ubicar en un mapa; aunque el alivio viene cuando uno se topa con tipos como David Noguera, médico especialista en Salud Pública y Medicina Tropical que acaba de asumir la presidencia de MSF España.

De su discurso, aún fresco por esa condición de veterano que prefiere moverse en campos de refugiados que en instituciones, se extrae una conclusión que sumará a favor de este proyecto global: en ese terreno movedizo y cambiante de la ayuda a los que huyen, mejor que pesen más las dudas que las certezas. Así se llega más lejos.

–¿Cuáles son esos retos con los que llega a la presidencia de MSF?

–Con una mezcla de sensaciones. Por una parte honrado porque después de 15 años en la casa, que tus compañeros te escojan es un orgullo; pero por otra parte intimidado por la responsabilidad. Llevo dos semanas y estoy en plena fase de aterrizaje. La buena noticia es que MSF no es una organización presidencialista, para nosotros lo importante es lo que pasa en el terreno. Y el reto de la organización es seguir trabajando en esos contextos en los que más falta hacemos en un momento complejo.

–¿Nota entonces que estamos en un momento especialmente difícil?

–Sí, absolutamente. A veces nos perdemos en discusiones de si es el peor momento de la historia. No sé si es el peor pero sí muy malo. Sudán del Sur, Libia, República Centroafricana, Siria, Yemen... y todo eso combinado con una aparente falta de capacidad y voluntad de la comunidad internacional para solucionar los problemas. A eso se le suman los ataques a la misión médica desde 2015. En estas últimas semanas en Alepo ha habido ataques a 14 hospitales, y esto es muy malo no sólo para la misión, también para las poblaciones. Si bombardean un hospital se quedan sin asistencia 200.000 personas, que además necesitan esa ayuda en un momento hiper-crítico. Y eso es preocupante.

–¿Y en ese escenario la solidaridad ha ido a más? ¿O somos más solidarios porque vemos el problema casi a las puertas de casa?

–Hay una distancia clara entre los ciudadanos y los representantes políticos. La verdad es que Europa, pese a sus defectos, siempre ha sido un referente de libertades y derechos humanos, y eso ahora está en cuestión. Los ciudadanos quieren hacer más, pero las instituciones son incapaces de dar respuesta. Todos entendemos ya que si nosotros, como ciudadanos, no hacemos presión, las autoridades no van a hacer nada.

–Europa está muy centrada en el conflicto sirio por los efectos sobre nuestro territorio. ¿Ése, en concreto, ha eclipsado a los demás?

–Sí, a eso ya estamos acostumbrados; que una emergencia exista o no en función de si sale en la CNN. Esto lo entendemos para el público en general, pero para los profesionales que trabajamos en MSF esto no es un parámetro que valoramos. Por ejemplo en MSF España nuestras misiones más importantes están en República Centroafricana y en Yemen, que no necesariamente salen en los medios. Nosotros tenemos que maximizar nuestros esfuerzos donde el sufrimiento es mayor.

–¿Pero hay conflictos olvidados?

–Sí, sí, eso es un clásico. Por ejemplo si hablamos de Somalia, que es un estado fallido que ya no aparece en el radar. También está Nigeria con Boko Haram y con un millón y medios de desplazados de los que nadie habla. Ahora somos una organización que se asemeja a un tren de vapor donde el vapor nos sale por las costuras, por encima de nuestra capacidad y con la sensación de estar solos.

–¿Por qué dice eso?

–Bueno, porque hay poca presencia de otros actores.

–Se dice que los últimos que abandonan el barco en conflictos extremos son los misioneros y los profesionales de MSF...

–Es que nosotros tenemos un compromiso irrenunciable. Esta es nuestra vocación, nosotros tenemos sentido en la medida en que cumplimos con esa labor social; y el día que eso pase seremos irrelevantes. Por eso tenemos esa persistencia. Sin embargo huiría de la idea ésa del ‘boina verde’ de la medicina: sólo somos profesionales comprometidos y nuestra misión es ésa, y cuando hacemos análisis de seguridad son análisis fríos y objetivos para que la estadística del riesgo sea aceptable. Obviamente el martirio no entra en nuestro programa; nosotros queremos volver a casa. Hay que desmitificar esa parte del trabajo porque todos tenemos una responsabilidad en esto: cada uno haciendo su parte. Nosotros tenemos la suerte de trabajar sobre el terreno, pero desde aquí también se pueden hacer muchas cosas.

–Dígame su opinión: ¿En Europa hay sitio para todos?

–La estadística global es que en el mundo hay 65 millones de desplazados. En lo que a nosotros nos rodea yo diría que absolutamente sí. Si diluyes la población refugiada en Europa eso sería posible, porque en el ánimo de la población siria está el volver a casa. Antes del conflicto no existía el exilio sirio, por eso nuestra petición es muy sencilla y es de mínimos: hablamos de derechos humanos. ¡Es que no estamos cumpliendo lo básico! Discutir a estas alturas el derecho de asilo es un paso atrás brutal.

–¿No cree que falta pedagogía para hacer ver que un refugiado no es lo mismo que un inmigrante?

–Claro. ¿Qué harías tú si bombearan a diario tu casa? Es que tienen todo el derecho de huir, y como no los acojamos y no los rescatemos del agua nos vamos a hundir con ellos como sociedad. Así de claro.