Diario Sur

Pepe Naranjo: «Las sectas como Boko Haram son una alternativa práctica para los desesperados»

Pepe Naranjo y Carmen Escalante, ayer en el Aula de Cultura de SUR
Pepe Naranjo y Carmen Escalante, ayer en el Aula de Cultura de SUR / Álvaro Cabrera
  • El periodista afincado en Senegal dibuja el oscuro escenario de este grupo radical en una charla organizada por el Aula de Cultura de SUR

Quien piense que las guerras sólo tienen dos bandos se equivoca. Por supuesto están los que las declaran, de un lado; y los que las sufren, de otro; pero además existe ese tercer espectador que la contempla desde la distancia y que normalmente la asume llena de tópicos. Por último están los otros, los valientes que mascan el drama desde el terreno y que en su mayoría son voluntarios de toda vocación, médicos o periodistas. Pepe Naranjo es de los últimos, y ayer estuvo en Málaga para abrir los ojos de ese tercer espectador (normalmente occidental) al que sólo llega una pequeña parte de lo que ocurre en lugares olvidados de la mano de Dios y de los medios de comunicación como Lago Chad, uno de los feudos de Boko Haram en una de las zonas más pobres de África.

El periodista freelance de origen canario, que vive desde hace cinco años en Senegal, expuso la desoladora realidad en el marco del Aula de Cultura de SUR-Vocento, en colaboración con la Obra Social de la Caixa. Lo hizo con la dosis justa de esa sensibilidad que manejan los que huyen de las cifras y prefieren centrarse en las historias de las personas. Y también con el diagnóstico nítido del que conoce al dedillo el terreno que pisa. El primero de ellos, que las sectas como Boko Haram «son una alternativa muy práctica para los desesperados». En efecto, el caldo de cultivo de este grupo radical que aspira a aplicar la ‘sharía’ en esa zona geográfica que comparten Nigeria, Níger, Chad y Camerún es el de una población sumamente empobrecida a pesar de que Nigeria, el territorio donde nació este movimiento terrorista, es la segunda economía del continente.

Y en esos focos de desigualdad no es extraño que prenda la mecha. Así lo explicó Naranjo, quien compartió tribuna y experiencia con la delegada de Médicos Sin Fronteras en Andalucía y Extremadura, Carmen Escalante y que coincidió con ella en esa reflexión que proclama la cultura africana de que «cuando dos elefantes se pelean, es la hierba la que sufre». La hierba, en este caso, son los ciudadanos de origen de esas zonas que han vivido el fuego cruzado de Boko Haram con el ejército de estos cuatro países y que ponen rostro a una cifra desoladora: entre 2009 y 2014 más de un millón y medio de personas se han visto obligadas a buscar refugio en zonas más seguras, a veces incluso en los márgenes de las carreteras por la seguridad que les proporcionan el paso ocasional de los vehículos militares.

«Nadie huye porque quiere»

En esta cruda realidad, Naranjo expuso otro diagnóstico: «Nadie huye de su casa y de su tierra porque quiera. Lo hacen obligados por la violencia». Y esta máxima se ha cumplido con creces en el caso de Boko Haram, que en su sanguinaria guerra no sólo dejó el rastro de las más de 200 niñas secuestradas para ser utilizadas como esclavas sexuales o carne de trata, sino un hito que aún recuerdan los que vivieron aquello en primera línea: en uno de los asaltos a los pueblos de la zona los radicales mataron a más de 2.000 personas en tres días. Echen cuentas. «Entraron en camionetas y motos y fueron literalmente atropellando y disparando a los que se encontraron por su camino», lamentó el periodista.

Por ese camino quedaron no sólo los muertos, sino las otras víctimas inocentes de un conflicto que en el caso concreto de Boko Haram tienen rostro de niño: la obsesión de este grupo terrorista es terminar con la educación en esa zona e imponer el califato. Por eso Naranjo dejó un último aviso: «Para que esto termine no sólo hace falta la intervención militar, sino una fuerte inversión en educación, sanidad y bienestar social». Y así esa hierba machacada por los elefantes volverá a crecer.