Diario Sur

Un aspirante a policía y su padre arrestan a un ladrón que robó el maletín de un juez en Málaga

Juan Carlos Giardín (hijo), con el detenido y el maletín recuperado.
Juan Carlos Giardín (hijo), con el detenido y el maletín recuperado. / Sur
  • El joven y su progenitor, oficial en excedencia y actual director de distrito del Ayuntamiento, vieron cómo lo sustraía del interior de un coche y lo siguieron hasta detenerlo

Al salir de la biblioteca, donde Juan Carlos se pasa 12 horas diarias estudiando las oposiciones, se dirigió a Tabacalera para recoger a su padre e ir a almorzar juntos. En la calle Pacífico, se cruzaron con un hombre. «¿Has visto a ese tío? Yo lo he detenido dos o tres veces. Se dedicaba a robar coches», le comentó en voz baja su progenitor, Juan Carlos Giardín, oficial de la Policía Local en excedencia y actual director de distrito de Carretera de Cádiz.

A continuación, le planteó un caso práctico de esos que no aparecen en los exámenes. Primera lección. «Si está por esta zona, es que va a hacer algo. Voy a seguirlo. Si quieres, vienes conmigo y, si no, me esperas en el Burger King y ahora voy yo. Tú decides». Su hijo, que tiene 22 años y lleva los cuatro últimos preparándose para ser policía local, no dudó un instante: «Voy contigo».

Lo observaron a una distancia prudencial para no levantar sus sospechas. Vieron cómo se acercaba a un coche aparcado en batería y rompía el pequeño cristal triangular que hay en la puerta del conductor. El hueco justo para meter el brazo y abrirla. Después, se coló en el vehículo, agachado, y salió a los pocos segundos con un maletín en la mano. A plena luz del día –eran las 15.30 horas del 28 de septiembre– y en una vía muy transitada como la calle Pacífico.

Juan Carlos (padre) sabía qué hacer. «Vamos a cortarle el paso entre los dos», explicó a su hijo, que escuchaba atento las instrucciones. «Tú síguelo mientras hablas conmigo por el móvil para disimular, pero no te acerques para que no salga corriendo. Yo daré un rodeo». Segunda lección.

El dueño del coche, que curiosamente acababa de salir de almorzar con sus hijas en el Burger King, vio a un chico joven que vestía chándal y camiseta de manga corta cruzando apresuradamente la calle Pacífico con un móvil en la mano. Fue la única descripción que pudo dar al agente que lo atendió cuando llamó a la sala del 092. «No sé si tiene que ver, igual iba siguiendo al ladrón», reflexionó, angustiado y tremendamente preocupado. Acababan de robarle del maletero su maletín personal. «No lo guardé al aparcar, sino al salir del trabajo –es juez en un municipio de la provincia–, así que no pudo verme. Ese día, me había llevado a casa un par de expedientes, uno más voluminoso y otro más fino, y el portátil que uso para tomar las declaraciones».

Mientras llegaba el coche patrulla, trató de darle al agente toda la información que pudo. «Tardé en darme cuenta de que me habían robado», recuerda. «Al volver al coche, después de comer, vi la guantera abierta y un cristal en el asiento del conductor, pero las ventanillas estaban bien. Fui rápido al maletero y, al abrirlo, el pulso se me aceleró. ‘No está’, me repetía una y otra vez. Desde ahí observé que uno de los asientos traseros estaba abatido y, por ese ángulo, vi también el cristal triangular roto».

Cuando llegó el coche patrulla, uno de los agentes bajó la ventanilla y le preguntó: «¿Es usted la persona a la que le han robado un maletín?». El juez asintió y el policía local, sonriendo, lo tranquilizó: «Tenemos al delincuente y hemos recuperado su maletín». Nadie imaginaba hasta ese momento la información tan valiosa –y, al mismo tiempo, delicada– que contenía. «Di un grito de alegría y miré al cielo. Pocas veces en mi vida me he llevado una alegría tan grande», confiesa la víctima del robo.

A un par de calles, Juan Carlos y su hijo tenían retenido al ladrón. «Nada más verme, me preguntó si llevaba un cigarro y le respondí: ‘¿Es que no te acuerdas de mí?’», cuenta el padre. Ahí le dio otra lección práctica, la tercera: cómo inmovilizar sin grilletes a un detenido, que en este caso no opuso resistencia en ningún momento. «Le enseñé a sujetarle las manos usando su propio cinturón. Luego lo dejé controlando al individuo mientras yo iba en busca de mis compañeros. Cuando los vio, les dijo: ‘¡Mi primer detenido sin entrar en la policía!’».

Vocación

Minutos después, la víctima se encontró con ellos y reconoció al chaval al que antes había visto cruzar la calle. «Gente como ésta es la que tiene que estar en el Cuerpo, que dedica su tiempo libre, el que tenían para ir a comer, sólo por su vocación de servicio al ciudadano», expresa el juez, que solo tiene palabras de agradecimiento. «Quería darle alguna gratificación y le ofrecí el dinero que llevaba en los bolsillos, pero lo rechazó. Decía que él estaba contento con lo que había hecho». Cuarta lección.

No contento con ello, el juez ha encontrado otro modo de agradecérselo y ha remitido cartas al alcalde y a distintos responsables municipales para poner en valor su actuación. Ahora, Juan Carlos lo tiene, si cabe, aún más claro: «Desde que tengo conciencia, siempre he querido ser policía local. Lo más bonito es que una persona a la que no conoces de nada te agradezca tanto algo que has hecho por ella. Yo ya lo sabía por mi padre, pero ahí es donde te das cuenta de lo que en realidad es este trabajo».