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Pilar de Burgos: «El Cartojal era un vino que hicimos para venderlo fuera»

«El Cartojal era un vino que  hicimos para venderlo fuera»
  • La propietaria de de Málaga Virgen habla con SUR del vino de la feria desde hace 20 años, que dio el gran impulso local a la mayor bodega de Málaga, un negocio familiar de cuatro generaciones

La vendimia de casi tres meses toca a su fin en unas condiciones de calor poco habituales. La finca Vista Hermosa hace honor a su nombre, pero el adjetivo lo pierde por los baches del acceso terrizo del carril de servicio de la A-92. «Para fomentar el enoturismo tendremos que hacer mejoras», comenta Didier Bricourt, gerente de la empresa, experto en marketing, un belga expansivo y marido de Pilar.

¿Qué recuerdos infantiles tiene de la vendimia?

Cuando era pequeña me gustaba revolcarme en las montañas de masa de hollejos de las uvas, que están superpringosos. Me encantaba subir la montaña de los racimos molidos y cómo terminábamos. y la bronca que nos ganábamos.

¿Dónde estaba ese antiguo lagar?

Estaba en Córdoba, porque los López son de Málaga y los Burgos de Córdoba, de Moriles. Allí era todo más pequeño. La bodega de Málaga era más industrial, y los niños no aparecíamos por allí.

¿Pensó alguna vez que su futuro profesional estaría en el mundo del vino?

Pues sí. Acabando Empresariales, después de haber hecho tres años de Biología, empecé a trabajar con mi padre en dos distribuidoras que teníamos, una en Madrid y otra en Barcelona. Además de los nuestros, vendíamos vinos de otros.

Era cuando se vendía más calidad que cantidad. El vino no siempre vivió este momento dulce.

Sí, y había muchas menos bodegas que hay ahora. Ahora tenemos muy buenos vinos. Antes no se cambiaba de marca.

Se supone que hay más cultura de vino, pero una gran mayoría no sale del Rioja o Ribera al pedir un vino.

Hay mucho por hacer, pero hay mimbres para dar un vuelco. El consumidor quiere calidad y precio, calidad a buen precio. Quizás en Málaga falte educación pero es un proceso lento.

Casi nadie dice póngame un 'Pernales'.

Ya lo están diciendo. Pero la gente cuando quiere probar un vino dulce en el norte de España nos pide un Málaga Virgen. Ahí ganamos nosotros. Eso nos ha costado mucho dinero. El vino en realidad cambió el nombre a la bodega, y fueron nuestros comerciales los que nos abrieron los ojos hace diez o doce años. Un comercial pedía una cita en una gran superficie, en Galicia, ¿de López Hermanos?, le preguntaban no enterándose qué le ofrecían. Tenías que decir de Málaga Virgen, que era lo que se vendía. Y entonces la cosa cambiaba.

¿Es un nombre comercial por el que tuvieron que pagar derechos?

La marca Málaga Virgen está registrada por nosotros desde los años 20, una década antes de que existiera la Denominación de Origen, que es del 33. Es algo curioso.

Es casi marca España desde entonces, como los vinos de Jerez.

Sí, pero el vino de Málaga tuvo y sigue teniendo un cliente más centroeuropeo que el Jerez, más anglosajón. Después de la Segunda Guerra Mundial sufrió mucho el negocio. Media Alemania y la Europa del Este se quedaban fuera de nuestro mercado.

¿Qué hizo la familia?

En los años 60 miramos a América. Se hicieron campañas publicitarias espectaculares. Fue el 'boom' de la bodega. Se publicaban pocos vinos y hacíamos publicidad, no había limitación de grados. En aquellos tiempos dábamos vino a los niños, Kina San Clemente. Eran otros tiempos.

¿Usted también lo tomaba?

Sí, un poco. Era algo normal, como el pan.

Su venta será ahora anecdótica

No. Tiene un mercado muy importante. Donde más se vende es en Cataluña y Levante. Lo toma la gente mayor, también. Todo te circula mejor. Tiene un mercado interesante. Lo toma la gente mayor.

¿Por qué Málaga es una ciudad donde no se 'respira' ni se palpa una ciudad histórica en el vino?

Los políticos no lo han visto como un producto que dé valor añadido. Un cóctel en las inauguraciones no entiendo que se haga con vinos de fuera. Uno de los sitios donde menos Málaga Virgen vendemos es precisamente en Málaga.

Y el fenómeno Cartojal, una estrategia ganadora y un vino con más detractores que defensores.

Hace poco tuvimos una visita de restauradores, y todos tenían una imagen preconcebida del Cartojal. En un catavinos, a temperatura ambiente, es muy bueno. No es esa imagen de la feria. Es un vino bueno, muy bueno. Y creo que es de los más complicados de elaborar.

¿Se tiene que parar su fermentación para conseguirlo?

Sí. Todo para que tenga ese sabor, esos aromas. y conservarlos. Tenga en cuenta que la vendimia del Cartojal de la próxima feria se acaba de hacer y estará para marzo. Lo primero para el éxito es tener un buen producto. La gente dice que le produce resaca. Claro, si te bebes tres botellas. No lo podemos beber como si fuera cerveza. Nadie se toma tres botellas de tinto sin apenas comer.

¿Y la botella de plástico?

Es casi una imposición administrativa, pero da más seguridad. Antes había muchos problemas en las calles con cristales rotos. Es muy bonito que la gente joven se tome un vino. ¿No queremos educar a nuestros hijos a beber? Cartojal es un vino que lo ha decidido el público.

¿Cuánto tiempo lleva como el vino de la feria de Málaga

Hará unos 20 años. Fíjese que empezó como un vino pensado para venderlo a una cadena extranjera. Se metió en la feria, gustó y fue a más cada año, pero yo todo el mérito se lo doy a mi padre. Decidió que en la feria había que beber algo de aquí, como en otras ciudades.

¿Cuánto Cartojal venden?

Se vende en dos semanas. Son más de 250.000 litros. Cada vez tenemos más ciudades que quieren Cartojal para sus ferias de día. Fíjese si estamos locos que estamos pensando en hacer el pueblo del vino.

¿Que sería, como el pueblo Pitufo del vino?

(Jajaja) Podría ser muy divertido.

Cuando su padre, Juan Ignacio, tomó la decisión de comprar al resto de familiares su participación en la bodega, ¿qué proyecto le rondaba?

Él ya estaba muy enfermo. Y este proyecto de la nueva bodega, -me dijo- lo hacemos si tú Piluca me acompañas; si no, no lo hago. Al final, después de llevar bodegas muy importantes de toda España él quería tener su propia bodega. Estoy contigo, vamos adelante, le dije. Si no hubiera sido así, hubiéramos vendido la bodega.

¿Qué le dicen en las escuelas de negocios?

No solemos ir. Cuarta generación, nos dicen. ¡Qué mérito! Y qué sufrimiento, les digo. Cada generación implica ruptura familiar. Espero que lleguemos a la quinta, con nuestros hijos Lucas y Claudia.

Los vinos con alcohol añadido tienen una regulación muy estricta. ¿La cambiarían?

Nos viene dictada por Bruselas. Tanta regulación corta la creatividad. Cualquier reglamentación provincial, del regulador nacional o internacional va por detrás de la demanda del consumidor. Nosotros podríamos vender mucho más en este país si se autorizaran menos grados. Un Málaga Virgen de 14º en vez de los 15º a los que me obligan va a estar igual de bueno. Un grado más supone un gran sobrecoste. Hay un exceso de reglamentación y también un problema de falta de viñedo. En Manilva se ha arrancado, en la Axarquía va para atrás.

¿Cuántas hectáreas cultivan?

Son 120, pero también compramos uva a otros productores un volumen de cosecha equivalente. Llevamos tres años de sequía. El agua aquí tiene sal, pero tenemos además la invasión de conejos. Por culpa de ellos perdemos al año unos 250.000 euros y este año otro tanto. No lo digo yo. Los daños los ha peritado una empresa externa. Quien tiene que controlar esto no lo ha hecho. Cuando hace mucho calor se comen hasta la uva. Se ponen de pie y ñan-ñan. Ahora nos hemos segregado del coto para poder combatirlos.

¿De qué forma?

Con dos escopetas y tres hurones. Lo que nos ha permitido Medio Ambiente. Una coneja da treinta conejos al año, desde el tercer mes.

¿Cómo afrontan el futuro?

Queremos plantar todos los terrenos próximos. Ya el año pasado queríamos haberlo hecho, en enero, pero estábamos a la espera de saber qué hacer con los conejos. Hemos perdido las plantas que se han comido, unas 25 hectáreas. Hay cosas que no entiendo, como que se autorice a cazar zorros cuando es el principal depredador de los conejos.