Diario Sur

Málaga recibe a los primeros refugiados del cupo oficial casi un año después de la gran crisis

Fotografía del 21 de septiembre tomada en el aeropuerto de Barajas.
Fotografía del 21 de septiembre tomada en el aeropuerto de Barajas. / EFE
  • CEAR, ACCEM y Cruz Roja acogen en la actualidad a 30 personas, todas ellas de origen sirio, en algunas de las plazas habilitadas en la provincia

Cuando el 8 de noviembre del pasado año ponían pie en suelo español los 19 primeros refugiados sirios y eritreos del cupo oficial con el que España se había comprometido, las autoridades anunciaban que aquello era sólo la «avanzadilla» de la llegada organizada del resto. El acuerdo con la UE era dar refugio y un futuro a 17.670 personas, que de manera paulatina irían integrándose por el territorio nacional a medida que se fueran cumplimentando trámites burocráticos y hubiera disponibilidad de plazas en los espacios habilitados. Hasta el momento, España ha recibido más de medio millar de solicitantes de asilo, aunque la distribución no se ha hecho a la misma velocidad en todas las ciudades.

Este ha sido el caso de Málaga, que no ha comenzado a recibir a los primeros refugiados de ese cupo europeo hasta casi un año después de aquella primera avanzadilla pisara nuestro país en respuesta a la crisis humanitaria sin precedentes a la que se enfrentaba Europa. A pesar de que las delegaciones territoriales de CEAR, ACCEM y Cruz Roja –las organizaciones encargadas de gestionar la atención y la ayuda a los refugiados en España– estaban preparadas desde ese mismo momento para dar respuesta al grupo que asignara a Málaga el Gobierno Central, hasta el pasado mes de agosto no comenzaron a llegar los primeros solicitantes de asilo. En la actualidad, los refugios habilitados en la provincia han abierto sus puertas a 30 personas pertenecientes a este cupo, todas ellas de origen sirio: veinte de ellas están siendo atendidas por Cruz Roja (el grupo más numeroso, que llegó el pasado día 21 de septiembre), siete en CEAR y tres en ACCEM.

A pesar de que todos comparten país natal, existe un matiz importante en función de la procedencia, en el sentido de que unos vienen directamente de otros países europeos a los que habían huido y otros, sin embargo, llegan directamente derivados de otros puntos limítrofes con el continente. Es el caso del Líbano, donde se instaló una de las familias sirias que ahora ha encontrado refugio en Málaga de la mano de CEAR. Además, y según confirma el el coordinador territorial de CEAR en Málaga y Andalucía, Francisco Cansino, «todos ellos vienen ya documentados con la consideración internacional de refugiado y con los permisos de trabajo». Así pueden comenzar una nueva vida lejos del horror de la guerra.

Sin embargo, las organizaciones que dan servicio a los demandantes de asilo han detectado un fenómeno común en muchos de los casos que llegan a España, y por ende a Málaga: los refugiados han sido asignados al territorio nacional, pero prefieren llegar a otros países, sobre todo del norte de Europa, en los que dicen tener familia o al menos una red cercana en la que apoyarse en los primeros meses. Y eso representa un problema, «ya que el hecho de que les haya correspondido España, e incluso la provincia, implica que es aquí donde se tienen que quedar», advierte Cansino, quien añade que en el caso de que insistan en marcharse se exponen a quedar fuera de los programas de acogida, con todo lo que eso implica. Aún así, no es un fenómeno tan extraño, de hecho en el último grupo del cupo acogido por Cruz Roja el pasado día 21 había realmente 30 refugiados, pero diez de ellos decidieron emprender el viaje a otros destinos a los pocos días de aterrizar en Málaga. Lo mismo sucede con la familia siria procedente de Líbano que atiende CEAR: también se quiere marchar.

«Hay quien se arriesga a perderlo todo», lamenta el coordinador de CEAR en Málaga, que sabe por experiencia que muchos de los refugiados que ponen el pie en Europa «llegan engañados por las mafias que los confunden y les insisten en que se pueden ir a Alemania sin problemas». Y no es así. En ese caso, quedarían excluidos del protocolo de integración, que se divide en dos fases: en la primera, que se prolonga entre seis y nueve meses y que puede prorrogarse medio año más, los demandantes de asilo reciben la ayuda neceasaria para cubrir sus necesidades básicas, caso del alojamiento, la alimentación, empadronamiento, vestuario, tarjeta sanitaria o transporte. También se escolariza a los menores y se comienza un programa para aprender el idioma. Una vez completada esta primera fase, el refugiado entraría en un programa enfocado a la integración a través de ayudas concretas para el alquiler de una vivienda propia o la búsqueda de empleo.

En este escenario, los 30 refugiados del cupo oficial que han sido acogidos en Málaga se suman al grupo que ya atienden las tres organizaciones humanitarias, que a pesar de este retraso en la asignación de demandantes de asilo procedentes de Europa no han dejado de dar un servicio idéntico a otros ciudadanos que solicitan la protección internacional una vez que pisan suelo español. En este sentido, las casi cien plazas con las que cuenta la provincia de Málaga para paliar esta crisis humanitaria se han ido ocupando en los últimos meses con ciudadanos de diferentes nacionalidades –sirios, eritreos o iraquíes– que han entrado por otras vías a la península, caso del CETI de Melilla, desde donde han seguido llegando regularmente grupos de refugiados que no pertenecían al cupo oficial pero que, por supuesto, necesitan la misma ayuda.