Diario Sur

La Universidad de Málaga gradúa a su primer ingeniero bioinformático

Fernando Moreno Jabato, ante la escuela de Informática de la UMA.
Fernando Moreno Jabato, ante la escuela de Informática de la UMA. / Fernando González
  • Fernando Moreno Jabato defenderá su trabajo fin de grado esta semana y será el primer titulado de esta especialidad de Ingeniería de la Salud

Terminar una ingeniería en cuatro años es toda una proeza. En este caso, la satisfacción de Fernando Moreno Jabato es mayor al ser pionero en la Universidad de Málaga en Ingeniería Bioinformática, una de las menciones o especialidades del grado de Ingeniería de la Salud que imparte la ETSI Informática, un título conjunto con la Universidad de Sevilla dentro del Campus de Excelencia Internacional Andalucía Tech.

Con un padre médico siempre le había llamado la atención esta profesión. Pero su pasión era la informática, así que cuando conoció esta nueva titulación parecía que había conseguido la cuadratura del círculo, unir dos de sus grandes pasiones en unos mismos estudios. «Entré un poco por probar, estaba empezando y la verdad es que no sabía cómo resultarían estos estudios. A lo sumo, pensé, perderé un año si no me gusta y luego me cambio. Pero me enamoré de la carrera y aquí estoy», afirma Fernando paseando por los jardines de la escuela.

Ser el primer bioinformático de la UMA es un honor y una responsabilidad. «Ha sido mucho trabajo durante estos cuatro años para poder acabar y ahora tengo la oportunidad de poner a prueba mis conocimientos y considero que tengo la responsabilidad, como primer bioinformático de la UMA, de demostrar la calidad de los estudios recibidos y colocar a mi carrera y a mi escuela en la posición de reconocimiento que merecen», afirma con seguridad.

Estudió en Maristas de Jaén y ya instalado en Rincón de la Victoria, donde vive, hizo el Bachillerato en el IES Ben Al Jatib. Aunque reconoce que la carga más importante corresponde a Informática, se estudian otras materias como Biología, Bioquímica o Anatomía. Además, han realizado prácticas en laboratorios de las facultades de Ciencias y Medicina y también el programa de las asignaturas de Informática está orientado hacia esta nueva rama, con mayor incidencia en el estudio de bases de datos o también el de algoritmos orientada a problemas biológicos y genéticos. «Creo que el plan de estudios está muy bien orientado, cubrimos las necesidades de este sector de una manera muy completa».

Fernando Moreno no solo ha conseguido terminar la carrera en los cuatros años, sino que además ha obtenido muy buenas notas: 5 matrículas y 10 sobresalientes entre 40 asignaturas, con un 7,5 de media en la carrera. Reconoce que es «muy estudioso», y el mérito es aún mayor cuando cuenta que estos dos últimos cursos ha compatibilizado el estudio con el trabajo. En concreto, en el grupo de investigación Khaos, como becario en un trabajo de investigación respecto a redes de autorregulación génica. Luego ha estado también como técnico especialista en el laboratorio de BitLab, Laboratorio de Bioinformática y Tecnologías de la Información de la UMA. Ser los primeros en estudiar esta carrera ha tenido una desventaja, «hemos tenido que afrontar las asignaturas sin material de ayuda de cursos y estudiantes anteriores», reconoce.

En unos días defenderá su trabajo fin de grado, que se basa en la aplicación de algoritmos de inteligencia computacional para identificar genes relacionados con una patología concreta. Para más mérito lo defenderá en inglés. Además, ha implementado o desarrollado una herramienta específica para esta labor.

En clase han estado estos últimos cursos de la especialidad cuatro alumnos. Fernando será el primero en defender su trabajo fin de grado. En octubre lo hará otro compañero y para diciembre podrían ser otros dos o tres titulados más, si aprueban en esa convocatoria extraordinaria las materias que les han quedado.

Dos menciones

Ingeniería de la Salud tiene en la UMA dos menciones o especialidades, esta de Bioinformática y la de Ingeniería Biomédica, que ya consiguieron el título el curso pasado. La tercera especialidad es de Ingeniería Clínica, pero se estudia en Sevilla.

Ingeniería de la Salud ha dado en un par de años un gran salto cualitativo. Solo se ofrecen 65 plazas de nuevo ingreso. Si el curso pasado la nota de corte se quedó en un 5,45, este año el último alumno que se ha matriculado tenía una nota de selectividad de 7,99, indicador de que está despertando interés entre los estudiantes, que la solicitan cada año en mayor medida, de ahí que la nota para entrar sea mayor.

Una carrera algo desconocida, pero que cada día estará más demandada, vaticina Fernando. «Cada vez hay más empresas públicas y privadas que van a requerir nuestros servicios», afirma. Por ejemplo, sus prácticas han sido en la agencia sanitaria Costa del Sol, donde ha estado identificando genes relacionados con una patología específica de una familia ingresada en el hospital.

Y es que las Ciencias de la Salud utilizan una gran cantidad de datos, y «para gestionarlos estamos nosotros, los bioinformáticos», dice. Cada día se identifican más genes, se estudia su relación con enfermedades, pero «hay mucha dificultad para tratar ese volumen de datos. Una de las grandes barreras de la medicina actual es poder generar conocimiento a partir de esa gran cantidad de información». Y a esta tarea, descubrir algo nuevo entre miles y miles de datos, Fernando dedicará sus esfuerzos como primer bioinformático salido de la Universidad de Málaga.