Diario Sur

De la cárcel a una vida nueva

En la casa también aprenden a cocinar. :: S. Fenosa
En la casa también aprenden a cocinar. :: S. Fenosa
  • «Por fin me miro al espejo y me reconozco», asegura uno de los más de 450 exreclusos que han convivido en este hogar que acaba de estrenar instalaciones

  • La casa de acogida de La Merced facilita la inserción social a personas que han estado en prisión

Salir de la cárcel y no contar con unas estructuras sociales o familiares adecuadas hace casi imposible lograr la plena inserción social de las personas que han estado en prisión. La casa de acogida Ntra. Sra. de La Merced surgió para paliar la situación de estas personas. Fue en 1998 cuando la Delegación de Pastoral Penitenciaria de la diócesis de Málaga abrió las puertas de esta pequeña pero acogedora casa mata de la calle Tomás de Burgos cedida gratuitamente por las Hijas de la Caridad.

Cuatro años más tarde, la gestión de esta casa pasa a manos de Cáritas Diocesana de Málaga por expreso deseo del entonces obispo de Málaga, D. Antonio Dorado, y se confía la dirección al sacerdote D. Ángel Antonio Chacón. A su llegada, cambiaron muchas cosas. El proyecto de trabajo desarrollado hasta entonces se remodeló por completo con la ayuda de un equipo de técnicos.

El padre Ángel, como muchos le llaman, es todo un referente para los reclusos y exreclusos, pues su entrega no pasa desapercibida para ninguno de ellos. De hecho, esta también es su casa y se siente en ella como uno más, miembro de esta gran familia. En estos catorce años, más de 450 personas han vivido y convivido en este hogar tras su salida de prisión, ya fuese de forma definitiva o haciendo uso de los diferentes tipos de permisos penitenciarios, registrándose unas 1.800 entradas y salidas.

Entre sus paredes se han gestado decenas de proyectos personales, de ilusiones, de retos. Aquí, los acogidos han podido encontrarse con ellos mismos y han contado con el apoyo de personas que han compartido con ellos su tiempo, realizando una labor silenciosa y humilde, pero cargada de un inmenso valor, no solo para los acogidos, sino también para todos los que forman esta institución de la Iglesia, Cáritas. Entre estas historias se encuentra la de J.A.T.F. que ha vivido más de un año en la casa y describe su cambio como radical. «Por fin me miro al espejo y me reconozco», afirma con contundencia. «Creo que me he convertido en alguien más respetuoso, con los pies en el suelo. Por desgracia, a veces pienso que me ha venido bien estar preso y tener que vivir esta experiencia. Ahora quiero abrir todas las puertas que había cerrado». J.J.A.O también pasó más de un año en La Merced tras dos de cárcel. «Aquí he conocido otra forma de vivir. Hasta me he vuelto más hogareño y responsable», dice entre risas. «Para mí esta casa ha sido una ayuda enorme. La verdad es que no sé cómo hubiera reaccionado si hubiese tenido que irme directamente a la calle. No sales tan tranquilo como puedes estar aquí y eso supone una gran ventaja. Es un paréntesis muy necesario para poder pensarte las cosas», cuenta.

Ellos son tan solo dos ejemplos de que gracias al esfuerzo personal y al apoyo de otras personas se pueden superar grandes retos y empezar de nuevo.

Acompañar, dice el modelo de Acción Social de Cáritas, es más «estar» que «hacer». En este delicado equilibrio ha sabido manejarse muy bien Adoración de los Ríos, la hija de la Caridad que les ha acompañado hasta hace muy poco, poniendo en su labor de educadora el amor incondicional de una madre. Otra figura importantísima es la de la voluntaria Loli Cantero. Con un talento indiscutible para la cocina y una sonrisa permanente, Loli se encarga de enseñarles a cocinar para que en el futuro sepan desenvolverse por sí mismos.

En todo el proceso

Actualmente, la casa cuenta con dos educadores que realizan una labor individualizada con cada uno de ellos, tratando de ayudarles a conseguir las herramientas necesarias para poder enfrentarse a su salida de prisión, acompañándoles durante todo el proceso. Son muy conscientes de que cada persona tiene una realidad y un ritmo diferente. Por eso, aunque la duración de la estancia en la casa se estima que sea de un año aproximadamente, el equipo técnico es el que valora la situación personal de los participantes y su capacidad para afrontar la salida con éxito. Se estima que entre el 60 y el 70% de ellos logra insertarse plenamente en la sociedad.

Debido a las dificultades para poder realizar todo este trabajo en una pequeña casa con la falta de intimidad que esto conlleva, Cáritas Diocesana de Málaga decidió adquirir en 2015 un edificio de la calle Adela Quiguisola gracias, en parte, a una importante donación que ha servido para hacer frente a buena parte del gasto. El pasado viernes, víspera de la festividad de Ntra. Sra. de la Merced, el obispo de Málaga, Jesús Catalá, dio su bendición a las nuevas instalaciones de este inmueble.