Diario Sur

Este negocio era una ruina

Este negocio era una ruina
  • Diez pequeños comercios de Málaga participan en un programa pionero para ayudar a empresas en apuros

  • Los participantes reciben formación del IMFE para mejorar la gestión, la imagen y la comunicación de los negocios

En plena tempestad para la mayor parte del comercio tradicional, que cada vez se encuentra más presionado por la fuerte competencia tanto de las grandes superficies como de los bazares, el IMFE se ha lanzado al rescate de los negocios en apuros. Al más puro estilo Chicote en su televisiva ‘Pesadilla en la cocina’, el Ayuntamiento ha comenzado a formar a una decena de empresarios para enseñarles técnicas con las que sobrevivir en la actual época de vacas flacas.

A los afortunados elegidos se les enseña a dirigir el negocio, a mejorar su imagen y a situarse en las redes sociales para que saquen lo mejor de sí mismos en un momento de feroz competencia. Por ello, su cambio radical puede ir desde un simple cambio en el escaparate a promocionar lo que hacen en Facebook o incluso mejorar la contabilidad. Las empresas elegidas debían encontrarse «en una situación de riesgo financiero que le conducirá, de no poner remedio, a su desaparición económica casi segura a corto-medio plazo».

Las hermanas Inma y Meli Ortiz han sido de las primeras en coger el toro por los cuernos y ponerse manos a la obra. Tras heredar de su padre Confecciones Myrian, un negocio de ropa de caballero con 48 años de historia, han decidido que es el momento de captar clientes nuevos para elevar las ventas. «Desde que empezó la crisis, el negocio va para abajo y no lo podemos permitir», explica Inma. Y por eso se agarraron al salvavidas que les ofreció el Instituto Municipal para el Fomento del Empleo. «La gente que pasa por la calle dice que somos una tienda de viejos y por eso no entran; necesitábamos cambiar nuestro look aunque sin perder a los clientes de toda la vida», sentencia.

En el caso de estas empresarias el cambio está siendo casi radical. De momento han actualizado el escaparate, organizado la tienda para que se vean mejor los artículos y se están promocionando en las redes sociales. «Nosotras vendíamos como se ha hecho toda la vida, pero necesitábamos aprender técnicas nuevas y echarnos a la calle, que es lo que más nos está costando». De hecho, uno de sus deberes aún pendientes es promocionarse en la barriada. «Nos han dicho que tenemos que ofrecernos a empresas y a personal shoppers, pero eso no lo hemos hecho nunca», reconocen.

Bajada de las ventas

Francisco Javier Martín tampoco lo dudó un instante y vio en el programa SOS Imfe su particular tabla de salvación. El responsable de Congelados Paco, en el interior del mercado de Ciudad Jardín, vivía un momento económico muy delicado y decidió apuntarse al Chicote malagueño para mejorar sus ventas y llegar a más clientes. Acompañado de su madre, María Pérez, explica que las ventas en el mercado han bajado mucho y que incluso varios puestos ya han echado el cierre. «Es normal porque la gente joven no tiene tiempo para comprar por las mañanas y termina en los grandes supermercados», razona.

Sus esfuerzos se han centrado en ampliar su presencia en las redes sociales. Acostumbrado a trabajar con el género desde que tenía 10 años, cuando ayudaba a su padre tras el mostrador, se ha centrado en crear perfiles en Facebook e Instagram y en instalarse un Whatsapp para recibir pedidos. «Yo no quería escribir nunca para no parecer pesado, pero me han dicho que es todo lo contrario, que tengo que ser pesado para que la gente me conozca y venga a comprarme».

Este empresario también ha mejorado la estética del negocio gracias con la incorporación de unas pizarras más llamativas en las que promociona los productos del día (gracias al asesoramiento de Ikea, que también colabora con el IMFE). «En cualquier profesión hay que dejarse aconsejar por los que saben; de hecho ya hasta me han felicitado por las formas en las que estoy llevando las redes sociales», presume. ¿Su sueño? Montar una pescadería fuera del mercado, en la que él pudiera marcar los horarios sin los rigores del recinto. «Pero para eso tendrían que cambiar mucho las cosa», avanza.

Este programa pionero, del que de momento sólo se están beneficiando diez empresas, se basa en tres pilares básicos: negociación, imagen y comunicación. Entre otros aspectos, a los responsables de los comercios se les enseña a mejorar la atención a los clientes, a presentar los productos de forma más llamativa o a crear una imagen de marca más potente. Según se detallaba en las bases de la convocatoria, para participar se valoraba que los empresarios trabajaran en un comercio físico en la capital, la antigüedad del negocio y que se justificara que la empresa se encuentra en una situación de riesgo económico.

A falta de unas semanas para terminar el asesoramiento completo, que tiene una duración de tres meses, la concejal de Promoción Empresarial y Empleo, María del Mar Martín Rojo, valora el programa de forma muy positiva porque ayuda a que los comercios se consoliden en el mercado, se potencia la internacionalización futura de sus productos y fomenta la creación de empleo local. En este sentido no duda de la programación de futuras ediciones en los próximos meses.

Tiendas más luminosas

Stella Mary Ramos ha sido otra de las empresarias que se ha apuntado al programa de rescate para mejorar su cuenta de resultados. La propietaria de La boutique de Ana, en Cruz de Humilladero, se apuntó para lograr más clientes y se lo ha tomado tan en serio que desde hace unas semanas no deja de promocionarse en las redes sociales. Rosa María García, la persona que trabaja con ella, explica que en el negocio venden ropa de segunda mano y usada, y que por eso necesitan más clientes.

Situada en el paseo de los Tilos, a los responsables de esta tienda les han recomendado, sobre todo, que cambien los colores del local para que haya más luminosidad (en la actualidad tienen el techo negro y las paredes en color morado) y que mejoren el programa informático con el que llevan la gestión de la ropa. «Aunque llevamos cuatro años con la tienda abierta, muchos vecinos aún no nos conocen porque aquí no es común comprar artículos de segunda mano», lamenta Rosa María. Y por ello han comenzado a utilizar la aplicación Wallapop, por la que están logrando atraer a clientes de toda la ciudad.

La importancia de las redes sociales también la ha notado Carmen Allepuz, propietaria de Glíptica, tienda especializada en el tallaje de gemas y piedras preciosas. Aunque considera que tienen un producto único y de gran calidad, no esconde que les falla la promoción y el darse a conocer en el barrio. «Muchas veces nos llegan piezas para tallar a través de otros negocios con los que colaboramos porque los clientes no saben lo que hacemos», apunta.

Con este programa también están logrando ser más ordenados y controlar las piezas que van haciendo. «Nos están dando mucha caña porque somos muy desordenados y nos están enseñando a hacer las cosas por partes», apunta. Y entre los deberes pendientes: acercarse a los hoteles de la zona para dejar publicidad y venderse, ya que muchos de sus clientes son turistas. «Eso es lo que aún nos falta», expone. Será su particular reválida de septiembre.