Diario Sur

Recorrido por el ‘pipican’ de El Molinillo

Regueros de orines en la calle Gravinay Benjamín Palencia
Regueros de orines en la calle Gravinay Benjamín Palencia / Sur
  • La suciedad y el mal olor que desprenden algunas calles del barrio son motivos de queja vecinal

La presencia de excrementos de perros en las calles de la ciudad es algo cotidiano y reprochable al mismo tiempo, por más que sean cada vez más los que cumplen con su obligación de recoger las heces de sus mascotas, aunque a la vista está que otros pasan soberanamente de hacerlo dejando en muy mal lugar a todos los que tienen perro. ¿Y con los orines de los canes qué se puede hacer? Un vecino de El Molinillo se queja precisamente de eso: del olor insoportable a orines que desprende la calle Gravina y adyacentes. «Esta calle siempre ha sido usada para que los perros del barrio hagan sus necesidades, y los dueños por lo general recogen los excrementos, pero queda el problema de la orina y por aquí no vienen a baldear», dice. Y nos envía unas fotografías en las que se aprecia el rastro de tantos orines marcado en la calzada. Añade este ciudadano que ha dado cuenta de esta situación a los responsables municipales, pero asegura que le dicen que «pasan aviso» del tema y todo sigue igual. «La limpieza en el barrio deja mucho que desear, y aunque parte de la culpa la tienen algunos vecinos poco cívicos, otra parte es por la dejadez del Ayuntamiento», afirma resignado.

Y es que con el calor y la ausencia de lluvias, los baldeos se hacen muy necesarios, ya que el fuerte olor a orines de los perros es en algunos lugares insoportable. Y aunque Limasa tiene un plan diario de baldeos por distintas zonas de la ciudad, se ve que no son suficientes. No estaría de más buscar una solución a este asunto, teniendo en cuenta la corrosión que se produce en el mobiliario urbano debido a la acidez de los orines de los perros. No hay más que observar en cualquier paseo diario cómo algunos dueños de perros permiten que sus mascotas levanten la pata sin ningún reparo en cualquier farola o pared. Una acción que puede acarrear consecuencias, como el deterioro progresivo de las bases de las farolas del alumbrado público, señales de tráfico y otro mobiliario urbano . Y también el deterioro constante de los candados y persianas de algunos negocios. Por no hablar de la poca gracia que le hace al propietario de una vivienda o negocio el hecho de que su fachada aparezca con los chorreones de rigor. En algunas ciudades existen zonas específicas para estos casos. Una especie de ‘pipican’ donde las mascotas puedan orinar para tratar de evitar la corrosión y el mal olor que sus micciones producen. En Málaga, toda la ciudad es un ‘pipican’.