Diario Sur

UN DIOS EN SALIDA

Tres parábolas que encienden el debate sobre Dios mostrándonos su rostro misericordioso, desconcertante para la justicia humana. Un Dios tan evangélico y humano que nunca deja de sorprender. Una idea común: Dios siempre sale, no se queda de brazos cruzados. El pastor sale a buscar la oveja, no se sienta a esperar. La mujer remueve la casa y no da por perdida la moneda, no para hasta que la encuentra. El padre insiste en salir a la puerta ardiendo en deseos de divisar a lo lejos al hijo para acogerlo en su regazo y cubrirlo de besos; y nuevamente sale para hacer entrar al hijo mayor convenciéndolo sin reproches. Como buen padre está dispuesto a todo, perdiendo incluso su dignidad y rompiendo con los protocolos. No soporta el vacío que los hijos dejan en casa.

El papa Francisco insiste en una Iglesia «en salida», como el Padre. ¡Cómo no nos duele el corazón al ver nuestros templos vacíos! Son los puestos de aquellos que deambulan por las periferias, donde ha de estar el corazón de la Iglesia.

Es tiempo de salir sin miedos, con brazos abiertos dispuestos a acoger, rompiendo fronteras y distancias. Dejemos el sedentarismo y volvamos a ser nómadas que rescaten ovejas asustadas en medio de la noche, monedas que nadie tiene en cuenta porque cayeron en rincones inusuales, e hijos que prefirieron tomar otros caminos -¡Dios sabe por qué!- y vieron frustrados sus proyectos de independencia.