Diario Sur

«Es un viaje increíble que hay que hacer al menos una vez en la vida»

Imagen tomada por los dos malagueños a lo largo de los 10.500 kilómetros realizados entre Málaga y la frontera con China.
Imagen tomada por los dos malagueños a lo largo de los 10.500 kilómetros realizados entre Málaga y la frontera con China. / Sur
  • Los dos malagueños que pretendían viajar hasta Seúl en un Vento del 93 cancelan la aventura tras 10.500 kilómetros al impedirles entrar en China

Una carta de invitación para el coche, un mero trámite administrativo, ha impedido a Antonio Cabrera y a David Pozo completar la autoaventura con la que pretendían recorrer medio mundo sobre cuatro ruedas. Estos dos malagueños, que trataban de llegar hasta Seúl a bordo de un Volkswagen Vento del 93, tuvieron que desistir al toparse con las férreas autoridades chinas, que les impidieron entrar al país, y les obligaron a regresar a casa 4.000 kilómetros antes de lo previsto.

La odisea para los aventureros comenzó en la frontera entre Kazajistán y China, en donde tras varias horas de espera les negaron la entrada. «Pensábamos que teníamos todos los visados, incluso disponíamos de una carta de invitación que nos había costado cien euros, pero las autoridades dijeron que no teníamos el papel verdaderamente importante», resume Antonio ya de regreso a Málaga.

Tras dicho traspiés, «y con la moral por los suelos», confiesa que tuvieron que improvisar y tratar de acelerar su regreso a la capital. Decidieron volver a Osh, el pueblo más cercano a la frontera, y desde allí gestionar todos los trámites para concluir la autoaventura, pero se encontraron con el problema de que no podían salir del país en avión si habían entrado en coche, por lo que buscaron de urgencia a alguien que se quedara con el vehículo. «Se lo regalamos al recepcionista del hotel, un joven que nos ayudó mucho y que apenas gana 124 euros mensuales», explica. Aunque para ello tuvieron que buscar un traductor que realizase el contrato y un notario que firmase los documentos. «A nosotros nos quitó un problema de encima, y él se quedó muy agradecido», resume.

El viaje concluyó para estos dos malagueños siete días antes de lo previsto y cuando llevaban recorridos más de 10.500 kilómetros en un vehículo que apenas les dio problemas más allá de los necesarios cambios de aceite y de líquido refrigerante. «Íbamos con varias ruedas de repuesto, pero no pinchamos ninguna vez», dice un poco incrédulo. De hecho, el único susto que les dio el coche fue antes incluso de salir de España: en la segunda etapa del recorrido, a la altura de Vinaroz (Valencia), el coche les dejó tirados al tener obstruidos los inyectores. «Ese fue el único contratiempo en todo el viaje».

Pese al inesperado final, los viajeros reconocen que ha sido una experiencia única llena de anécdotas. «Es un viaje increíble que hay que hacer al menos una vez en la vida». De todo lo vivido, se queda con la hospitalidad de la gente del interior de Asia, «que no tienen nada, pero te lo ofrecen todo». En este aspecto recuerda el caso de una mujer que les dejó dormir en unas colchonetas en el salón de un restaurante en Nukus, un pueblo de Uzbekistán, porque era tarde y no encontraban hotel. «Nos permitieron ducharnos, dieron comida y encima no nos querían cobrar», expone.

Problemas en las aduanas

En el lado opuesto de la balanza recuerda el caótico tránsito por diferentes pasos fronterizos, que se hicieron eternos por la meticulosidad de los agentes de aduanas. En concreto, recuerda que para pasar de Letonia a Rusia tardaron siete horas y media, o que no les dejaron entrar en Uzbekistán «hasta que el agente nos recitó la alineación completa del Real Madrid». En este sentido afirma que lo revisan todo, «nos obligaban a sacarlo todo del maletero, se ponían a ver las fotos que teníamos en el iPad e incluso la información que llevábamos en los pendrives».

También les ha llamado mucho la atención lo complicado que es conseguir carburante de forma legal en muchos países. «De Kazajistán a Uzbekistán no hay gasolineras y la tienes que comprar de contrabando en las casas particulares a menos de 40 céntimos el litro». Y eso por no hablar de los paisajes en aquellos países: «En aquella zona recorrimos más de 1.300 kilómetros sin ver un solo árbol».

Durante el viaje también se han dado cuenta de que hay muchas personas con intención de conocer el mundo. Ellos se encontraron con un chico de Manchester que llevaba cuatro meses recorriendo el planeta solo en bicicleta o a unos australianos en Kazajistán. «Son viajes únicos que no se olvidan nunca», resume.