Diario Sur

Bolsas de plástico, botellas y latas esparcidas
Bolsas de plástico, botellas y latas esparcidas / SUR

Pepita Jiménez hace botellón

  • Los restos de litronas, envases y bolsas de plástico se acumulan al final de esta calle de Pedregalejo

Resulta más fácil decir dónde no se hace botellón en esta ciudad que señalar dónde tienen lugar esos actos de ferviente hermandad y fraternidad que tan buena acogida tienen entre la población más joven. Unos encuentros que, dado que la ingesta de alcohol en la vía pública conlleva sanción, deberían ser semiclandestinos y pasarían desapercibidos si no fuera por el empeño del que hacen gala sus participantes en dejar los enclaves en los que se reúnen hechos unos zorros, con litronas de cerveza o botellas de ginebra, de ron o de cualquier licor, así como latas de bebidas energéticas, además de los consabidos vasos y bolsas de plástico de los garitos donde se aprovisionan del material pirotécnico. Y claro, al dejar todo tirado por el suelo, el escenario del crimen queda al descubierto a la vista de todo el que pase por allí, amén de los escándalos que puedan organizarse y que puedan molestar al vecindario. Así, un vecino de Pedregalejo, José Antonio García, se dirige al periódico para denunciar que al final de la calle Pepita Jiménez, en la falda del Monte de San Telmo, «casi todas las noches hay botellón, y ni la Policía Local hace nada, ni Limasa limpia, ni ha limpiado jamás». Agrega que allí hay riesgos de incendio, y da cuenta de que en el verano de 2015 ya se produjo uno cuyas consecuencias se aprecian en la ladera que desciende hacia los Baños del Carmen, donde se observan varios árboles calcinados. Además añade que en la zona puede existir también un problema sanitario dada la acumulación de basuras. Y es que al final de esta calle que lleva el nombre de la famosa obra de Juan Valera– calle en la que desemboca, y obra que trata de los amores de D. Luís de Vargas, siendo seminarista, con la joven viuda Pepita Jiménez–, existe una zona sin asfaltar desde donde se divisa una bonita panorámica de todo el litoral este. Claro que si se baja la mirada, el lugar pierde todo su encanto, porque la bella estampa de la bahía se ve empañada por los restos de botellón. «Esta es la situación (permanente) del final de la calle Pepita Jiménez», dice este ciudadano resignado.