Tres comunidades de Soliva demandan al IMV por desperfectos en sus bloques

Reparaciones realizadas por IMV en uno de los garajes.
Reparaciones realizadas por IMV en uno de los garajes. / Salvador Salas
  • Los informes recabados por los residentes elevan a casi tres millones de euros las reparaciones en unos edificios que ocuparon hace solo cinco años

Apenas un lustro después de que se entregaran las últimas llaves de la barriada de viviendas protegidas de Soliva, tres comunidades de propietarios de este sector de la ciudad han llevado al Instituto Municipal de la Vivienda (IMV) a los tribunales por lo que consideran como desperfectos inadmisibles en las zonas comunes de sus edificios, que albergan un total de 320 viviendas. Las demandas, que han sido admitidas a trámite por tres juzgados de primera instancia de la capital, están fundamentadas en otros tantos informes técnicos encargados por los vecinos que detallan los daños que presentan las construcciones y valoran su reparación en un total de 2.714.693 euros, según la información recabada por este periódico.

Según estos informes, los desperfectos de mayor cuantía se han detectado en la promoción de viviendas R5, ubicada entre las calles Doctor Norman Bethune y Ramón Ramos Martín, que suma 140 pisos. En este caso, los vecinos, asesorados al igual que las otras dos comunidades por el despacho de Ruiz Rey Abogados, han recabado dos análisis técnicos. Uno de ellos, realizado por un arquitecto, eleva a 1.911.849 euros el coste de las reparaciones para solventar las patologías detectadas en cubiertas, fachadas, celosías, suelos y cerrajerías de zonas comunes exteriores, muros de contención, trasteros y losas de cimentación de los garajes, zonas de juegos, juntas de dilatación e instalaciones. A este estudio se suma otro sobre el aislamiento acústico de las viviendas en el que se concluye que, de un total de 18 mediciones, 13 arrojaron valores de aislamiento que no cumplen con la normativa. Este informe valora en 657.732 euros los trabajos e indemnizaciones para subsanar las deficiencias de las viviendas en materia acústica, lo que implica un coste total en reparaciones de 2,5 millones de euros para esta promoción.

Alberto González, administrador de las tres comunidades que han presentado las demandas al IMV, aseguró que han sido más de veinte los informes y documentos que ha tenido que entregar al Ayuntamiento, por cada una de las promociones, para conseguir que haga algunas reparaciones en ellas, aunque las considera «totalmente insuficientes». «Lo que han hecho han sido solo parches, los problemas siguen existiendo», aseveró. Este periódico visitó dos de los edificios objeto de los pleitos para comprobar los desperfectos denunciados por sus propietarios. En uno de ellos, ubicado en la calle Joaquín Fernández Recio, ejerció como cicerone el presidente de su comunidad, Juan Nazario, quien mostró que, pese a los paneles colocados en unas escaleras para evitar la entrada del agua de la lluvia, el líquido elemento sigue penetrando en el inmueble y llegando hasta la puerta de un ascensor. «Tenemos problemas de impermeabilización en los trasteros y toda la herrería está oxidada. Además, los peritos nos han dicho que estos problemas se van a ir agravando con el paso del tiempo», explicó este vecino, quien mostró las reparaciones realizadas por el Ayuntamiento en uno de los muros del aparcamiento subterráneo que, según aseguró, todavía padece filtraciones de agua por una mala ejecución de la cámara bufa. «Ni siquiera han venido a pintar los huecos que tuvieron que abrir para intentar reparar este problema», puntualizó.

El deterioro se hace más palpable en la promoción R5, donde los problemas de humedades parecen más evidentes. «Entregaron las llaves hace cinco años y parece que el edificio tiene 30», subrayó el administrador de la comunidad, quien destacó que, en este caso, se han detectado problemas de cimentación y hudimientos que, entre otras cuestiones, han elevado el presupuesto estimado de las reparaciones por encima de los dos millones de euros. «Vinieron a arreglar las mallorquinas (celosías) de las ventanas porque algunas se caían. Les metieron unos calzos, pero quedan muchas cosas por hacer», comentó Alberto González.