Diario Sur

El caso del niño pintor de Málaga, casi 30 años sin luz

Una foto de David Guerrero cuando desapareció.
Una foto de David Guerrero cuando desapareció.
  • La desaparición de David Guerrero Guevara recobra protagonismo en las redes al tratarse el caso de «un niño pintor» en la serie 'El Caso' de La 1 de TVE

El caso del 'niño pintor', desaparecido en Málaga el 6 de abril de 1987 con 13 años, y para el que no existe hoy por hoy ningún dato que permita su resolución, vuelve a la palestra. Ha sido tras tratarse el caso «de un niño pintor» que nada tiene que ver con el de Málaga en el tercer episodio de la serie de La 1 de TVE 'El Caso'. Pero Facebook y Twitter ya compartían las noticias de hemeroteca sobre pequeño David.

La del joven David Guerrero Guevara es una desaparición que la propia Interpol tiene catalogada como uno de los casos más desconcertantes, ya que las múltiples investigaciones no han llevado a ninguna parte. Aunque técnicamente no figura como archivado, la realidad es que desde hace más de cinco años no ha surgido pista alguna que permita a la policía retomar el caso.

Tras la desaparición de David Guerrero, que ahora tendría 43 años, las pesquisas policiales recayeron en el Grupo de Homicidios de la Policía Nacional, que investiga tanto las muertes violentas como las desapariciones. Los agentes abrieron dos líneas de trabajo sobre hipótesis muy diferentes: el secuestro y la fuga voluntaria. Ambas tenían cabos sueltos. La primera porque nadie pidió un rescate por el menor. La segunda porque no había problemas familiares ni personales que explicaran una supuesta huida. «David era un niño normal, nada callejero, y no tenía motivos para irse de casa», relata su madre, Antonia Guevara, desde la vivienda familiar de la barriada malagueña 25 Años de Paz -frente a Tabacalera- desde donde salió por última vez. «No llevaba dinero, solo la tarjeta del autobús», dice al respecto.

La posibilidad de que alguien lo engatusara tampoco encaja en el seno familiar. Su comportamiento era normal ese día. Tuvo un poco de dolor de cabeza y de estómago, dolencias que la madre ve como «algo normal en un chiquillo», máxime cuando tenía una entrevista en la galería de arte La Maison, en la calle Duquesa de Parcent, donde llevaba tres días expuesto un cuadro pintado por él dedicado al Cristo de la Buena Muerte.

La reconstrucción de la desaparición del menor dejaba numerosas incógnitas que, a día de hoy, no se han podido resolver. Aquel 6 de abril de 1987, David salió de su domicilio para ir a sus clases de pintura en la peña El Cenachero, en la céntrica calle Granada. Debía coger un autobús de línea y bajarse en la parada de Muelle Heredia a la altura de la calle Córdoba. De camino a las clases, tenía previsto detenerse en la galería.

Desde la puerta de su casa

Para la policía, su rastro se pierde desde la misma puerta de su casa, de la que salió a las seis y media de la tarde. Aquel día, las calles de 25 Años de Paz estaban más concurridas que de costumbre, ya que la Reina Sofía estaba de visita institucional en la capital para inaugurar el Teatro Cervantes y en su recorrido oficial desde el aeropuerto pasaba por esa zona, por lo que los vecinos de la barriada se echaron a las calles para verla pasar. Sin embargo, por extraño que parezca, nadie vio a David.

El siguiente punto del itinerario era el autobús. Los agentes de Homicidios investigaron cada una de las líneas que pasaban por la zona y que llegaban hasta el centro de la ciudad. Identificaron a los conductores que estaban de servicio aquel día y se entrevistaron con todos ellos. Ninguno recordaba haber visto subirse a su autobús a un menor de la edad y las características de David, lo que inicialmente parecía descartar que se hubiese montado en uno de ellos.

Pero existía otra posibilidad. Al ser un día con más tránsito de lo habitual, también podía haber ocurrido que el chófer no hubiese reparado en él. Los investigadores aparcaron esta hipótesis y siguieron con el resto del itinerario. Pero todos los caminos llevaban al mismo callejón sin salida. No encontraron testigos que lo hubiesen visto por la zona de Muelle Heredia. David tampoco llegó a entrar en la galería de arte para mantener la entrevista concertada.

La policía trabajó a destajo en el caso durante meses hasta que, ante la ausencia de pistas, se optó por dejar enfriar la investigación para volver a ella en cuanto hubiese una novedad. Y las hubo. «Se comprobó absolutamente todo lo que llegaba a la comisaría, incluso los mensajes de videntes, con tal de dar respuesta a la familia», apunta uno de los muchos agentes que trabajaron en el caso.

Tres años después, una pista

Una de las pistas que a priori parecían más fiables apareció en un hotel tres años después de la desaparición. Los malagueños estaba muy sensibilizados con el caso, del que se hacían eco de forma reiterada los medios de comunicación. Ello propició que una camarera de piso contactara con la dirección del establecimiento y le contara que había encontrado una nota manuscrita al limpiar la habitación de un huésped. Se trataba de una servilleta en la que podía leerse: «David Guerrero. Huelin».

La línea de investigación condujo hasta un ciudadano suizo de 70 años y cobró aún más fuerza al comprobar que, entre los últimos dibujos del menor, figuraban unas caricaturas de un hombre. Cuando los agentes llegaron hasta él, ya había fallecido. El hombre, aficionado a la fotografía, estuvo alojado en el hotel y, posteriormente, compró un apartamento en Rincón de la Victoria. Solía parar a la gente por la calle para fotografiarla.

La policía localizó a la viuda en Suiza. La mujer accedió a mostrar el laboratorio del difunto. Un grupo de policías españoles se desplazó desde Málaga hasta Suiza para bucear en sus archivos de imágenes en busca de alguna instantánea de David. Las había de todos los tipos y lugares, muchas de ellas tomadas en la Costa del Sol. Pero ni una sola de 'El niño pintor'.

La lista de posibles avistamientos se hizo interminable. Todos se comprobaron, según sostiene la policía. Hubo llamadas de personas que decían haberlo visto en el seno de una familia de artistas en Milán, en Irún, en Ibiza, pintando rótulos en la estación de Almería, en una secta de Montserrat, en Motril, en Francia, Marruecos, Venezuela, México. Y con un grupo de niños que pintaban en las calles de Portugal. Los agentes se desplazaron a Lisboa, donde una pareja en viaje de novios aseguraba haber visto a David. Los investigadores llegaron a localizar a los menores en cuestión. Pero entre ellos no se encontraba el niño pintor de Málaga.

La última llamada se produjo hace unos cinco años y lo situaba en una ciudad de Holanda, donde una persona decía haber visto a un pintor cuyas características físicas podían encajar con las de David y que, para colmo, no se parecía en nada a sus hermanos. La comisaría contactó con Interpol para que lo comprobara. Pero, como todas las anteriores, esta condujo de nuevo al mismo muro del callejón.

Y luego estaban los videntes y adivinos. Algunos de sus mensajes resultaban escalofriantes por el nivel de detalle, recuerda un mando policial. Uno de los muchos que contactaron con la familia aseguraba que David estaba en una ermita, muy cerca de Don Benito. Los agentes de Málaga lo comunicaron a sus homólogos extremeños para que acudieran a comprobarlo con tal de no dejar ni un cabo suelto. Para nada.

La policía tomó incluso muestras de ADN a la familia con el fin de cotejarlas con cualquier cadáver que apareciera. Hace unos años, los padres fueron llamados tras ser descubiertos unos restos óseos en el monte Gibralfaro. La prueba dio negativo.

El caso sigue siendo un enigma casi 30 años después.