Diario Sur

Un lifting a la muralla veinte años después

Vista de los trabajos que la empresa está realizando estos días.
Vista de los trabajos que la empresa está realizando estos días. / José Manuel Alday
  • Una empresa especializada limpia y trata los restos de la fortaleza medieval y del muro portuario del aparcamiento de la plaza de la Marina, que desde 1997 no recibían ninguna intervención

Quien haya pasado estos días por la plaza de la Marina podrá observar que se están realizando trabajos de conservación y restauración en los restos de la muralla medieval y del muro portuario aparecidos durante la construcción del aparcamiento subterráneo. Una intervención de la Sociedad Municipal de Aparcamientos y Servicios, (SMASSA), con la colaboración de la Sección de Arqueología de la Gerencia Municipal de Urbanismo del Ayuntamiento de Málaga, bajo la Inspección del Servicio de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, que realiza la empresa especializada Dédalo, por la que se trata de corregir el deterioro que ha sufrido con los años los restos de los muros nazarí y portuario, que desde que aparecieron únicamente habían recibido un tratamiento entre los años 1995 y 1997 y de eso hace ya al menos veinte años. Los trabajos persiguen la recuperación de esos lienzos históricos que suponen vestigios de la Málaga medieval y testimonios del complejo sistema defensivo que caracterizó a la ciudad durante siglos. Como recordarán, la construcción del parking subterráneo de la plaza de la Marina en 1989 sacó a la luz los restos de la muralla nazarí y del muro portuario moderno, que fueron declarados Bien de Interés Cultural en 1995 y cuya conservación enfrentó al entonces alcalde de la ciudad, el socialista Pedro Aparicio, con la Junta de Andalucía.

Un lifting a la muralla veinte años después

Según se detalla en el informe que da cuenta de la intervención que se está realizando estos días, la muralla de Málaga remonta sus orígenes a la época taifa, y durante el periodo nazarí (Siglo XIV) se amplió su perímetro construyéndose entonces los muros que protegía el barrio de los comerciantes genoveses, actual plaza de la Marina y cuyo perfil definió la morfología de este espacio hasta 1941. El informe detalla que en el siglo XVII se llevaron a cabo obras de refuerzo en los muros portuarios, levantándose la Cortina del Muelle, un parapeto defensivo, que recorría la costa hasta introducir algunos puntos en el mar. El proceso de sedimentación natural, favorecido por las construcciones portuarias, hizo posible que en el siglo XVIII se urbanizara el sector oeste de la plaza de la Marina, iniciándose así la transformación urbanística que terminaría aportándole a Málaga su fisonomía actual.

El documento da cuenta de que desde su descubrimiento hasta hoy, estos restos arqueológicos han soportado las condiciones de un ambiente desfavorable a sus características técnicas y materiales. Una situación que ha dejado sus huellas en una serie de síntomas que evidencian patologías propias de los materiales constructivos históricos expuestos a condiciones ambientales de alteración. Así, se hace referencia a que los gases contaminantes, las partículas de hollín de los vehículos y la humedad han provocado el desarrollo de una capa de suciedad que se ha ido depositando en las superficies de los restos, a la vez que han generado daños como fragmentaciones, fisuras y descohesiones del material, por lo que, con el fin de evitar los desprendimientos, se ha sometido a los restos a un proceso de restauración científica.