La despensa de Málaga, a rebosar en verano

En la nave en la que se comercializa el pescado en Mercamálaga el ritmo es frenético en plena madrugada.
En la nave en la que se comercializa el pescado en Mercamálaga el ritmo es frenético en plena madrugada. / Francis Silva
  • Durante los meses de la época estival, las ventas en Mercamálaga se multiplican para abastecer a todos los visitantes que se acercan a la provincia

  • Los mayoristas que trabajan en el mercado malagueño suelen contratar a personal de refuerzo para atender la gran demanda

Cuando el sol se pone durante la época estival, el ambiente se traslada de las playas hasta los restaurantes y los locales de moda en los que autóctonos y visitantes dan rienda suelta a su disfrute. Sin embargo, mientras unos se divierten, las noches de verano son bien distintas en Mercamálaga, donde más de un millar de personas trabajan sin descanso para que nada falte en la mesa durante estos días de desenfreno.

Eso bien lo sabe Félix Pineda, responsable de mercados de Mercamálaga, donde lleva ya 34 años trabajando. Son incontables los días que han pasado ante sus ojos desde que empezó, cuando era solo un crío, empleado en la cabina de control de acceso a estas instalaciones y asegura que siempre pasa igual: «En verano la actividad despunta con respecto al resto del año, estos meses es espectacular la forma en la que se mueve todo aquí dentro».

Para percatarse de ello, solo hay que acercarse a las instalaciones de madrugada. Allí las luces de camiones, furgonetas y coches rasgan la oscuridad de la noche en su incesante salida y entrada a la que es la despensa de Málaga. El algunos casos son los transportistas que llegan cargados para seguir abasteciendo a los mayoristas, mientras que en otros se trata de los minoristas que, con las compras hechas, abandonan ya el recinto.

En las naves en las que se comercializan las frutas, las hortalizas y el pescado el ritmo también es frenético. Las estrechas calles, flanqueadas por torres de cajas, se convierten en autopistas por las que circulan a toda velocidad numerosas carretillas, entre las que se impone un caótico orden fruto de la costumbre diaria.

La razón para que esto suceda no es otra que el aumento de la demanda de productos que tiene lugar en verano para atender a todos aquellos que se acercan a la provincia para disfrutar durante la época estival. Los hoteles y los apartamentos presentan su mejor aspecto de todo el año y, como dice Pineda, «a todas esas personas que los llenan hay que darles de comer».

Por ello, las ventas que más crecen son aquellas que los mayoristas realizan a hoteles y restaurantes. «Por ejemplo, yo tengo una clienta que suele venir unas tres veces a la semana durante el invierno y ahora, en verano, acude a nuestro puesto todos los días», cuenta Pedro Machuca, director general de Cofruma.

De hecho, la influencia del mercado malagueño va más allá de la provincia durante los meses estivales. Su importancia, con especialización en determinados productos, hace que hasta sus instalaciones se acerquen minoristas llegados de otras provincias como Cádiz, Córdoba o Granada.

Así lo asegura inmerso en las anotaciones que va realizando en su libreta, Machuca, que también es presidente de la Asociación de Mayoristas de Fruta y Hortalizas de Mercamálaga: «En verano no se para. Las ventas aumentan, no como en otros puntos como en el de Sevilla, donde incluso se cierran algunos puestos para tomarse unas vacaciones, algo que aquí es impensable».

Las compras se disparan, pero hay productos que se convierten en imprescindibles durante la época estival, como es la sardina en el caso del pescado. Luis Miguel Roldán, presidente de la asociación de mayoristas que trabaja con este género en el mercado malagueño, explica que es la «gran estrella del verano», ya que es el pescado que más se vende en cantidad.

«Pero también sale mucho otro género, como los boquerones o las puntillitas, es decir todo aquello que se utiliza para la fritura», añade. Asimismo, se incrementan las ventas de pescados de escama, como el pargo o la dorada, y de los mariscos, entre los que Roldán destaca las cigalas y las gambas de Garrucha.

Si la sardina es la reina de las ventas en cuanto a pescados, sobre las frutas Machuca insiste en que el melón y la sandía son las que más salida tienen. Tomates, pimientos y patatas son las hortalizas más demandadas, sobre todo durante la feria de Málaga, cuando la comercialización de estos productos se dispara.

Transportistas

Los encargados de llevarlos hasta Mercamálaga son los transportistas. El camino que han realizado puede ser corto, ya que muchos de los alimentos que se venden en este mercado de mayoristas salen de la provincia. Sin embargo, en otras ocasiones, hay alimentos que llegan desde la otra punta del mundo en cuestión de horas. «Por ejemplo, una merluza de Sudáfrica o un salmón pescado en Noruega puede estar aquí en menos de 24 horas», precisa Roldán.

Y para atender esta vorágine de trabajo, los mayoristas refuerzan sus puestos con más trabajadores. Actualmente, en las instalaciones hay trabajando unas 1.132 personas, lo que supone un incremento de un 0,26 por ciento respecto al año pasado, según los propios datos de Mercamálaga.

Machuca indica que en la época estival es raro la empresa mayorista que no refuerce con un empleado su puesto de venta en el mercado. «Nosotros hemos contratado a dos personas más y esperamos que podamos mantenerlas durante el resto del año», apunta el director general de Cofruma.

Refuerzos

Los últimos en llegar a Mercamálaga tendrán que acostumbrarse a un ritmo de vida completamente distinto, en el que las madrugadas se convertirán en su hora punta. Roldán relata que las ventas de pescado comienzan con la noche bien cerrada y el trabajo se alarga hasta las nueve de la mañana, cuando por fin recogen en la nave. «Pero luego toca preparar las compras del día siguiente, empiezan las llamadas a unos y otros, y también las de los clientes que nos encargan algunos pescados. En verano las peticiones se multiplican y hay que intentar repartir para todos por igual, es muy estresante», afirma.

En el mercado de frutas y hortalizas ocurre lo mismo. Las ventas comienzan a las cuatro de la madrugada, aunque hay que estar desde las nueve de la noche en las instalaciones para preparar la mercancía. La comercialización dura hasta que los primeros rayos de sol empiezan a despertar a la ciudad, aunque, como bien dice Machuca, luego queda preparar el día siguiente.

Por la mañana, cuando las naves comienzan a quedarse completamente vacías, la actividad se queda a escasos metros de ellas. Los bares que hay en Mercamálaga no dan abasto para atender a todos los trabajadores que, después de una frenética noche de verano, acuden a ellos en busca de un merecido desayuno, que para algunos más bien es la cena.