Roban dos relojes valorados en 120.000 euros en un ático tras acceder con una llave maestra

  • Los ladrones aprovecharon que la cuidadora del niño se ausentó de la vivienda, entraron sin forzar la cerradura y se llevaron joyas y dinero en efectivo

Sólo se ausentaron una hora y cuarto. El tiempo que pasó la cuidadora jugando con su hijo en el jardín de la urbanización. Al volver a la vivienda, sobre las 13.15 horas del pasado día 4, la joven comprobó que la cerradura no estaba echada. «¡Ya ha llegado tu padre!», le dijo al pequeño, creyendo que el dueño había salido del trabajo y ya estaba en casa. El niño salió corriendo en dirección al dormitorio. Pero no había nadie.

Al llegar a la habitación, la cuidadora descubrió que los ladrones habían entrado en la vivienda. Sobre la cama encontró las cajas vacías de dos relojes de la marca Patek Philippe que los propietarios valoran en 60.000 euros cada uno. «Son dos piezas de coleccionista con 100 años de antigüedad», asegura la denunciante, «una herencia familiar de mi marido, así que tienen un valor sentimental aparte del económico». Uno es de bolsillo y el otro, que es de muñeca, «se lo regaló su abuela a su abuelo en la pedida; iba a ser para mi hijo», apostilla.

La cuidadora reaccionó cogiendo al niño en brazos ante la posibilidad de que los ladrones estuviesen dentro. Acto seguido, llamó al dueño del ático, que acudió inmediatamente. Al mirar en los cajones, comprobó que no era lo único que se habían llevado. También le sustrajeron un reloj de la marca Raymond Weil, tasado en unos 500 euros, cinco gemelos de oro y unos 200 euros en efectivo. Sin embargo, le extrañó que dejaran un Rolex que estaba junto al resto, y así se lo hizo saber a la Guardia Civil al presentar la denuncia.

Los agentes se desplazaron al piso para intentar tomar huellas de la cerradura, que no había sido forzada. Según los propietarios, les dijeron que habían sido víctimas del ‘bumping’, un método que consiste en usar una especie de llave maestra, conocida como de tipo ‘bump’, que hace saltar los cilindros de la cerradura al darle un pequeño golpe a la llave con un destornillador o un martillo. Es una de las técnicas más difíciles de investigar, ya que no suele dejar huella.

De hecho, los ladrones también visitaron esa misma mañana otro piso de la urbanización, pero el dueño no se dio cuenta hasta tres o cuatro días después, cuando recibió un correo de la administradora de la comunidad alertando del primer robo. «A mí me extrañó que la cerradura no estuviese echada, pero a simple vista no vi que hubiese nada revuelto», explica.

Hasta ese momento, sólo había echado en falta una bandolera de Adolfo Domínguez, aunque creyó que la había perdido. Al leer el e-mail, decidió revisar bien en los cajones. «Vi que había desaparecido un reloj de oro de la marca Longines que mi madre me regaló cuando cumplí 18 años. Actualmente costaría unos 1.200 euros de segunda mano», aclara el denunciante cuando se le pregunta por la valoración de lo sustraído.

A raíz de las denuncias, la Guardia Civil ha reforzado la vigilancia tanto en el Cantal y en Añoreta para evitar este tipo de robos, que han despertado la preocupación entre los vecinos.