El presunto asesino de Alejandro intentó que el niño se fuera a vivir con su padre

El cadáver del pequeño fue hallado el martes en una balsa situada en Los Montes de Málaga.
El cadáver del pequeño fue hallado el martes en una balsa situada en Los Montes de Málaga. / Salvador Salas
  • El progenitor declaró que Antonio Fernández le pidió que se llevara al menor y le envió mensajes en los que se ofrecía a ser su testigo si denunciaba a la madre

La declaración del padre del pequeño Alejandro refuerza la hipótesis de que al presunto asesino le estorbaba el menor en su relación con la madre. El progenitor, que es teniente de la Guardia Civil, manifestó a los investigadores que el detenido le pidió que se llevara al niño a vivir con él a Ceuta, donde está destinado.

Cristóbal Rodríguez testificó el martes por la tarde en el cuartel de la Benemérita en Rincón de la Victoria, desde donde se ha llevado el peso de la investigación. Allí contó que mantuvo con Lourdes Jiménez una relación que se rompió en diciembre de 2011, fruto de la cual nació el pequeño Alejandro.

Tras la separación, que no fue precisamente pacífica, la madre se mudó a la Península y él siguió en Ceuta. Lourdes se quedó con la custodia del menor, estableciéndose un régimen de visitas los fines de semana y vacaciones reguladas. Cristóbal le venía pasando 300 euros mensuales por la manutención.

Los contactos con su expareja, según explicó a los agentes, se limitaban a un intercambio de mensajes de móvil para la entrega del niño, que se llevaba a cabo los viernes en el punto de encuentro de Las Albarizas, en Marbella. Cristóbal sabía que Lourdes salía desde hacía un tiempo con Antonio Fernández y que convivían en un piso de alquiler en la barriada de La Mosca. La madre de Alejandro declaró a los investigadores que su relación con Antonio comenzó en abril del año pasado y, tras unos meses separados, volvieron a reanudarla en diciembre.

En esos meses, Cristóbal nunca tuvo contacto con el que desde el lunes es el presunto asesino de su hijo. Sin embargo, el 27 de enero, Antonio comenzó a mandarle mensajes de WhatsApp y a llamarlo por teléfono. Según su declaración, el ahora sospechoso del crimen pretendía que Cristóbal se quedara con el niño y que «no se lo llevara de vuelta», ya que, insistía, su hijo estaba «muy mal» con la madre, afirmando incluso que ella se pasaba el día gritándole, que «no comía bien y no lo bañaba». Al parecer, Antonio habría llegado a animar al padre a denunciar a Lourdes –pese a que era su compañera sentimental– y se ofreció a ser su testigo en el proceso, según los mensajes que aportó el progenitor a los investigadores de la Guardia Civil.

Litigio por la custodia

Cristóbal respondió a Antonio que le parecía bien, ya que quería tener la custodia del niño –la solicitó en 2013, pero un juzgado de Ceuta se la denegó–; no obstante, le explicó que debían «arreglar» el asunto en los tribunales porque, de lo contrario, «podría ser un secuestro y buscarle la ruina», explicó el padre en el cuartel rinconero.

El testimonio de Lourdes ante los agentes también sugiere que al presunto asesino le incomodaba el menor en su relación con ella. Según dijo, percibía que «Antonio se encontraba más a gusto cuando no estaba Alejandro». También dijo que el trato del acusado hacia el menor era «bueno» y, aunque a veces demostraba «un poco de celos», nunca había observado «nada raro».

Para los investigadores, los celos que Antonio sentía hacia el niño y también hacia Cristóbal constituirían el móvil más probable del suceso. De hecho, la pareja tuvo una fuerte discusión el día de autos a cuenta de una llamada que Lourdes recibió de un viejo amigo. Tras ser detenido por la Guardia Civil, el propio sospechoso reconocería que Alejandro se cayó a la alberca y que no lo sacó del agua por el «cabreo» que tenía con su madre. Aunque el jueves no quiso declarar en el juzgado, la magistrada lo envió a prisión por un presunto delito de asesinato.