El yerno de Trump, ante el Congreso

El asesor del presidente y marido de su hija Ivanka, Jared Kushner, a su llegada a la reunión preparatoria del Senado. :: jonathan ernst / reuters
El asesor del presidente y marido de su hija Ivanka, Jared Kushner, a su llegada a la reunión preparatoria del Senado. :: jonathan ernst / reuters

«No conspiré con Rusia ni sé de nadie de la campaña que lo hiciera», sostiene Jared Kushner en su declaración pública

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

A medida que la investigación sobre la trama rusa avanza, todo el equipo cercano al presidente se ha armado de abogados, pero el consenso es que Jared Kushner, de 36 años, tiene los mejores. Ayer demostraron el color de su valía en una reunión preparatoria del Senado y hoy la ponen a prueba ante el Comité de Inteligencia de la Cámara baja.

Su suegro utiliza a los viejos zorros del mercado inmobiliario que conoce de toda la vida, porque valora más la lealtad y el colmillo envenenado que la profesionalidad o el honor. Kushner prefirió contratar en noviembre a Jamie Gorelick, que se rumoreaba como posible fiscal general de Hillary Clinton y era socia de Robert Mueller en WilmerHale hasta que él fue nombrado fiscal especial. Mueller se llevó a tres abogados de la firma. Preocupada por ese posible conflicto de intereses, Gorelick recomendó a Kushner que hablase con alguien independiente sobre la investigación de la trama rusa. Desde el mes pasado ese asunto ha quedado mayormente en manos de Abbe Lowell, uno de los abogados litigantes más prominentes del país, que ya representó al excandidato presidencial demócrata John Edwards, al 'lobista' Jack Abramoff y defiende actualmente al senador Bob Menéndez de cargos de corrupción.

Todo ese bagaje legal sobre el funcionamiento de Washington se traslucía ayer en el modus operandi del yerno de Trump en su primera visita al banquillo del Congreso. Poco antes su oficina desactivó la curiosidad de la prensa al hacer pública una declaración de once páginas en la que detalla sus contactos con Rusia. Cuatro en total, dos durante la campaña y otros dos en el periodo de transición entre la victoria electoral de su suegro y su toma de posesión; todos ellos breves e irrelevantes, según él.

«No conspiré con Rusia ni sé de nadie de la campaña que lo hiciera», afirmó tajante ante las cámaras tras dos horas de sesión preparatoria en el Congreso. «No he tenido ningún contacto impropio con Rusia, ni he utilizado fondos rusos para mis negocios».

«Campaña más inteligente»

Kushner también satisfizo a su suegro, que sin duda veía por televisión una de las pocas declaraciones públicas que ha hecho. «Donald Trump ganó las elecciones porque tenía mejor mensaje y dirigió una campaña más inteligente», le aduló. «Sugerir que fue por otra cosa es ridiculizar a quienes le votaron».

Sobre el polémico encuentro con la abogada rusa que organizó Donald Trump Jr., Kushner asegura que ni siquiera sabía de qué se trataba, a pesar de que eso quedaba muy claro en los correos electrónicos del primogénito de Trump, con copia para Kushner y para el director de campaña Paul Manafort. El yerno del presidente dice que llegó tarde, cuando ya hablaban de adopciones, algo relacionado con las sanciones a Rusia. Lo encontró aburrido y escribió a uno de sus asesores para que le llamase y le diese una excusa para abandonar la reunión.

Tiene que explicar también a los legisladores que pueden arrebatarle el permiso para acceder a información clasificada por qué en su declaración sobre los contactos mantenidos omitió más de cien nombres con extranjeros, entre ellos los cuatro con rusos que describe. Kushner lo achaca a una mala comunicación con el ayudante que envió la lista antes de que estuviera completa.

Su suegro le apoyó en Twitter volviendo de nuevo la atención hacia su antigua rival de campaña. «¿Por qué los comités y los investigadores y, por supuesto, nuestro atribulado fiscal general, no miran los delitos de la corrupta Hillary Clinton y sus relaciones con Rusia?». Con ello Trump mataba dos pájaros de un tiro al continuar acosando a su propio ministro de Justicia, Jeff Sessions, cuya dimisión le daría la oportunidad de retomar el control de la investigación.

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