Washington reitera su línea dura hacia el régimen de Pyongyang

Mantiene su política de «máxima presión» y sin cancelar las maniobras con militares que realizará junto a Seúl

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK.

Al «posible progreso» en las conversaciones que se llevan a cabo entre las dos Coreas con el que se despertó Donald Trump en su tuit matutino le siguió a media mañana un duro comunicado del vicepresidente de EE UU, Mike Pence, decidido a no bajar la guardia en su política de «máxima presión». «Todas las opciones están sobre la mesa», afirmó con dureza. «Nuestra postura hacia el régimen (de Pyongyang) no cambiará hasta que veamos pasos concretos y verificables hacia la desnuclearización».

Trump se atribuía el mérito del cambio de posición de Kim Jong-un con más cautela de la habitual, consciente de que la volatilidad de ese mandatario se parece a la suya. Sus asesores le advertían de que incluso si las negociaciones siguen adelante «lo único seguro que quiere Corea del Norte es adquirir armas nucleares, de lo cual está muy cerca», apuntaba el exembajador ante la ONU John Bolton.

Eran muchas las voces escépticas que decían «no compartir el optimismo» que ha suscitado la noticia. Como el general Robert Ashley, director de la Agencia de Inteligencia Nacional, que justo declaraba ayer ante el Comité de Servicios Armados del Senado para desgranar las amenazas globales a la seguridad nacional. De ahí que pese a las buenas noticias, la frenética carrera del Pentágono para preparar una respuesta militar en caso de que Pyonyang repita una prueba nuclear como la de septiembre pasado resulta imparable. «¡Estados Unidos está listo para ir en cualquier dirección!», clamó Trump por Twitter.

Washington no tiene la menor intención de cancelar las maniobras militares previstas junto al Gobierno de Seúl para el mes que viene. Se abre paso la idea de que si el diálogo continúa, el Gobierno de Trump tendrá que empezar a hacer concesiones que luego pueden no ser correspondidas.

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