«Volveré en cuanto pueda caminar»

La madre de Laila al Gandor, una bebé fallecida por inhalar gases lacrimógenos, se aferra a su hija. :: afp/
La madre de Laila al Gandor, una bebé fallecida por inhalar gases lacrimógenos, se aferra a su hija. :: afp

Los servicios sanitarios de la Franja, colapsados tras la matanza israelí que se cobró 60 vidas y mes y medio de movilizaciones Cientos de heridos de bala llenan los hospitales de Gaza con la mente puesta en continuar las protestas

MIKEL AYESTARAN GAZA.

Complicado dar un paso. Hay que esperar en pasillos y escaleras. Familiares, médicos, enfermeras, periodistas, personal de organismos humanitarios... y heridos, heridos por todas partes. El hospital Al-Shifa de Gaza, principal centro de referencia de la Franja, está colapsado. Ibrahim Said está roto de dolor en la cama. Los calmantes ya no le alivian, pero los quirófanos están ocupados y no tiene más remedio que esperar. «No aguanto más, la verdad es que no aguanto más, pero ¿qué puedo hacer? Hay gente más grave que yo y a la que deben atender antes», exclama este joven de 30 años herido de bala en las dos piernas. La sangre ha empapado el vendaje y cubre parte del colchón. Su madre le sonríe. «Es fuerte, come mucho, se pondrá bien pronto», asegura. Su padre entona eslóganes de la Primera Intifada y se consuela diciendo en voz alta que «ya tenemos intifadas para todas las generaciones, esta es la que le toca a mi hijo».

Era la primera protesta de Said, pero los francotiradores de Israel apenas le dieron tiempo de dar unos pasos tras dejar el autobús y le dispararon en una zona próxima a Shojaie, el barrio que quedó arrasado en la guerra del verano de 2014. Los gazatíes que se acercan a los hospitales de la Franja reviven las imágenes de aquella contienda.

La del lunes fue la jornada más sangrienta desde el final de aquellos 40 días de ofensiva israelí que acabaron con 2.500 muertos, la mayoría civiles, según la ONU. La apertura de la Embajada de EE UU en Jerusalén exacerbó las protestas de las que Gaza era testigo desde el 30 de marzo en el marco de la Marcha del Retorno y más de 40.000 personas se acabaron sumando a las manifestaciones. Hubo sesenta muertos, entre ellos la bebé Laila al-Gandor, que falleció asfixiada a causa de los gases lacrimógenos lanzados por el Ejército, y miles de heridos.

LAS CLAVES«Los turnos de los médicos son de 24 horas y lo peor es que no sabemos cuánto se va a alargar esto»

Hasta un amputado doble

La Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos denunció que Israel «mata de una forma que parece indiscriminada» y recordó que querer saltar o dañar una valla fronteriza no justifica el uso de munición letal. «Parece que cualquiera puede ser asesinado o herido; mujeres, niños, reporteros, personal de primeros auxilios, si se acercan a más de 700 metros de la valla. Dispararon a un amputado doble, ¿qué amenaza es un amputado?», afirmó el portavoz en Ginebra de la Oficina, Rupert Colville. Unas palabras ante las que los israelíes repiten una y otra vez que Hamás es el culpable de la situación y que se limitan a defender su frontera, la misma versión que defiende Estados Unidos.

La situación es extrema para los servicios sanitarios de la Franja, azotados por una década de bloqueo y que llevan en estado de emergencia desde que comenzó la Marcha del Retorno. «Los turnos de los médicos, especialmente en quirófano, son de 24 horas. Nadie se ha ido a su casa y lo peor es que no sabemos hasta cuándo se puede alargar esto», explica el doctor Shabani, que informa de que «solo en Al-Shifa tenemos 500 heridos de bala, la mayoría registran los impactos en las piernas, cerca de la rodilla, y por el tipo de lesión muchos van a tener graves secuelas para toda la vida y mutilaciones por las complicaciones que surgen tras la operación y la falta de un cuidado adecuado».

La Agencia de la ONU para los Refugiados de Palestina (UNRWA) alertó de que los hospitales de la Franja «tienen menos de una semana de reservas para continuar con sus operaciones» y desde el vecino Egipto abrieron la frontera para poder recibir heridos.

Frente a la cama de Said descansa Bassem Carera, de 23 años. Ha tenido más suerte. Le hirieron antes y ya le han practicado una primera operación, aunque posiblemente necesita alguna más. Su esposa no se separa de su lecho. Posa su mano sobre la sábana. «Estaba con un amigo bombero cuando le llamaron para que acudiera a socorrer a un herido, me pidió ayuda y le seguí, pero cuando estábamos llegando me dispararon», recuerda este joven que ha tomado parte activa en toda la Marcha del Retorno y que piensa «volver en cuanto pueda caminar y no dejaré de participar en las protestas hasta recuperar mi tierra y liberar (la mezquita de) Al-Aqsa». Bassem es descendiente de palestinos expulsados de Ashkelón, localidad próxima a Gaza.

A las puertas de Al-Shifa han levantado una gran tienda de color azul donde han colocado camillas para estar listos en caso de una nueva jornada como la del lunes. La conmemoración ayer de la 'Nakba', día que marca la 'catástrofe' que supuso para los palestinos la creación de Israel, invitaba a pensar en una nuevo día de movilizaciones, pero no fue así. Hasta la próxima.

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