La vida secreta de Stephen Paddock

Familiares y amigos de dos de las víctimas no pueden reprimir su dolor en el funeral. :: P. T. F. / REUTERS

El autor de la masacre de Las Vegas, aparentemente un hombre tranquilo, acumuló armas durante décadas

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Su novia Marilou Danley, con la que vivió tres años, dice que «nunca» se pudo imaginar que un hombre «tan amable, atento y tranquilo» le fuera hacer daño a alguien. Los vecinos no vieron nada sospechoso. Su único hermano, Eric, aún no sale de su asombro. «¡Ni siquiera le atraían las armas!», dijo desde Florida. Qué equivocado estaba. El sheriff Joseph Lombardo asegura que Stephen Paddock llevaba «décadas viviendo una vida secreta, que nunca llegaremos a entender por completo», lapidó enigmático.

Ese es el tiempo que llevaba acumulando un escalofriante arsenal. La carrera armamentística se disparó en octubre del año pasado. ¿Qué ocurrió entonces? Eso es lo que intentan averiguar los investigadores, ¿qué desató esa furia rabiosa que le hizo querer matar a cuánta más gente posible? Sin contarle a él, 58 personas a las que no conocía de nada murieron el domingo por la noche bajo su lluvia de balas. La cifra aún puede crecer. De las cerca de 500 que resultaron heridas, medio centenar sigue en estado crítico.

Siempre se preguntarán ¿por qué les tenía que pasar a ellos? La realidad es que podía haberle pasado a cualquier otro. No solo por el azar de haber asistido o no a la noche de cierre del festival de música country Route 91 Harvest (La Cosecha de la Ruta 91), que Paddock llevaba tres días observando maquiavélicamente desde su habitación del piso 32, sino porque ese concierto no fue su primera opción.

En los meses anteriores le echó el ojo a otras ubicaciones propicias para su masacre. Llegó a reservar una habitación para principios de agosto en el Hotel Blackstone de Chicago, con vistas al Parque Grant donde se celebraba otro festival, el Lollapalooza, pero no se presentó. Allí las víctimas hubieran sido seguidores de heavy metal, punk, hip hop y música electrónica. Boston también estuvo en su mira, con el Parque Fenway, campo de los Red Sox, y el Boston Center For The Arts. Al final debió decidir que era arriesgado llevar tan lejos las diez maletas de armas, veinticinco kilogramos de explosivos y más de 1.600 cartucheras de munición que se le encontraron entre la habitación y el coche.

Objetivos desechados

Las Vegas estaba a solo a 130 kilómetros de su casa. Incluso allí, las víctimas de su masacre podían haber sido otras. La habitación que reservó en el Apartahotel Ogden para los días 22 y 23 de septiembre tenía vistas al festival 'Life is beautiful' (La vida es hermosa), que reunió a 50.000 personas para ver a «algunos de los números más potentes de la industria musical», presumía el cartel. Paddock tampoco se presentó a ocupar la habitación que había reservado.

Sí lo hizo en la del Hotel Mandalay Bay tres días antes de la masacre. Puso el cartel de 'No molestar' en la puerta para que no entrase ninguna limpiadora y desplegó su arsenal de armas por la habitación. Tal vez calculó que a la Policía le llevaría más de los doce minutos que tardó en aparecer, pero un guardia de seguridad del hotel que siguió el sonido de los disparos hasta su puerta le delató. A esas alturas, la Policía aún intentaba dilucidar de dónde partían los disparos. Tardaría 75 minutos en tumbar la puerta. «Teníamos varias llamadas de diferentes hoteles informando de que había tiros. En realidad solo era gente herida que había llegado hasta allí para refugiarse, pero eso complicó la respuesta», explicó el sheriff Lombardo. «Pensábamos que la situación estaba escalando, que había más de un francotirador».

Todavía no tienen claro que el contable jubilado de cuya carnicería quiso apropiarse el Estado Islámico actuase solo. «Cuesta creerlo», observó el sheriff. Nada está descartado, excepto su lugar en el más allá. «Tiene un asiento esperándole en el infierno», sentenció el cantante Wayne Newton, que ha donado 100.000 dólares (85.422 euros) al fondo para las víctimas. «Nosotros nos recuperaremos. Él, no».

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