Con la venia, señor Juncker

Junker, a su llegada a la reciente cumbre bilateral de la Unión Europea y Japón. :: O. H. / efe/
Junker, a su llegada a la reciente cumbre bilateral de la Unión Europea y Japón. :: O. H. / efe

Los eurodiputados estallan ante las duras críticas del presidente de la Comisión por ponerles a los pies de los caballos «de forma injusta»

ADOLFO LORENTE BRUSELAS.

El Parlamento Europeo tiene muchas verdades. Cada cual posee y defiende la suya, pero al fin y al cabo, todas lo son. Tan verdad es que apenas una treintena de los 751 diputados estaban escuchando en el pleno al primer ministro maltés, Joseph Muscat, como que los ausentes no estaban en el despacho jugando al 'Candy Crush'. Tan verdad es que la imagen pública que se dio fue realmente mala, como que al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se le fue la mano en unas durísimas críticas poniendo a los pies de los caballos a una institución que si algo no necesita es, precisamente, abonar la mala imagen que sufre.

Ocurrió el martes, en la sesión plenaria mensual de Estrasburgo. Eran las 9:16 horas. Juncker dio las gracias, los buenos días y disparó: «El Parlamento Europeo es ridículo, muy ridículo. Saludo a la treintena de eurodiputados que se han tomado la molestia de estar en la sala. Si el señor Muscat fuera la señora Merkel, algo difícilmente imaginable, o el señor Macron, más imaginable, habría encontrado una Cámara llena».

Nadie entendía nada, como evidenció la cara y la airada reacción del presidente de la institución, su compañero de partido (PP), Antonio Tajani, que también visiblemente nervioso y molesto, exigió al luxemburgués que rebajase el tono recordándole que «no somos ridículos y que el Parlamento es el que controla a la Comisión y no al revés». Juncker, lejos de recular, insistió: «Es ridículo».

«Fue un desprecio grave e injusto, algo imperdonable», censura Luis de Grandes

Tras la tempestad, la calma llegó en privado, con Juncker pidiendo perdón. Tajani dio por «cerrado» el asunto, el daño ya estaba hecho. Y sí, los eurodiputados no estaban molestos. Mejor busquen sinónimos como irritados, enojados, furiososos...

«Fue un desprecio grave e injusto, algo imperdonable. Y lo más grave es que una persona que sabe cómo funciona la 'casa' suelte ese exabrupto», censura el veterano conservador Luis de Grandes, que ha estado en todas las insituciones habidas y por haber y que no duda en señalar que aquí se trabaja, por ejemplo, «mucho más» que en el Congreso, «una Cámara centrada en sus portavoces». Ya del Senado, ni hablamos.

6.200 euros al mes

Este periódico ha recabado el sentir de reputadas voces de la institución para escuchar su verdad. Una verdad, por ejemplo, que lo es tanto como su sueldo mensual de 6.200 euros. Es su talón de Aquiles. Toda su imagen, al menos en España, se reduce a su nómina, a sus pensiones vitalicias, a sus 300 euros de dietas diarias, a sus complementos para asesores... Todo ello, salvo excepciones, trabajando de lunes a jueves. «Sí, estamos muy bien pagados», reconocen.

«Es injusto. Por favor, ya está bien de desprestigiarnos», clama Izaskun Bilbao (PNV), que dice sentir «incomprensión» e «impotencia». «El lunes me levanté a las 4:30 horas para viajar a Estrasbugo y aprovechar la mañana trabajando. El pleno comenzó a media tarde y casi a las once de la noche estaba interviniendo. A las siete y media de la mañana ya estaba en el Parlamento. Cuando Juncker estaba diciendo eso, yo estaba reunida con su vicepresidente de Agenda Digital, Andrus Ansip. O se suspenden las agendas paralelas oficiales o estas fotos van a seguir», describe.

«Es imposible atender a todo. Las agendas de Estrasburgo son imposibles. Hay un pleno mensual y se concentra todo en cuatro días. Vamos corriendo de un lado a otro y Juncker lo sabe. Yo estaba aquí a las ocho de la mañana y me fui pasadas las diez de la noche. No fue justo», explica el socialista Ramón Jáuregui.

«Fueron unas declaraciones desafortunadas y desacertadas porque deslegitiman a la institución», incide el diputado de Podemos Xabier Benito, que sí dice comprender el hartazgo de la sociedad. Por ello, aprovecha para recordar que redujeron su sueldo a tres salarios mínimos para cobrar unos 2.000 euros al mes. Ojo, el resto no lo donan a la institución, sino que se lo guardan para Hacienda y lo ceden al partido.

La solución es compleja. El día de autos había programadas 77 reuniones oficiales de la Eurocámara, a lo que hay que sumar los cientos de encuentros privados. «Eliminar reuniones paralelas tiene más perjuicios que beneficios», explica Jaume Duch, portavoz jefe de la institución. «En un Parlamento moderno, trabajar no significa estar sentado. Todo lo contrario», recalca.

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