La UE hace la vista gorda con Austria

Donald Tusk, ayer junto a Sebastian Kurz en Bruselas. /  F. LENOIR / REUTERS
Donald Tusk, ayer junto a Sebastian Kurz en Bruselas. / F. LENOIR / REUTERS

La llegada de la extrema derecha al poder provocó hace 17 años las primeras sanciones diplomáticas a un país del club; ahora, ni las habrá ni se esperan

ADOLFO LORENTE B RUSELAS.

Es difícil definirlo, es algo así como una mezcla de resignación y realismo. No gusta, obviamente, pero tampoco es un trauma insuperable. No se trata de fustigarse con mil latigazos, pero tampoco de hacer como si aquí no hubiera pasado nada. Como sucedió hacer 17 años, la ultraderecha del FPÖ ha llegado al poder en Austria de la mano del Partido Popular (OVP), pero a diferencia de lo ocurrido en 2000, la UE ha decidido dar un giro de 180 grados en su estrategia de contención. Entonces, se activaron casi de forma automática las primeras sanciones diplomáticas de la historia del club. Ahora, ni las habrá ni se esperan. Todo cambia.

La formación del nuevo Gobierno austríaco ha quedado eclipsada por la extrema juventud de su canciller, Sebastian Kurz, quien conoce de primera mano cómo funciona Bruselas, ya que fue ministro de Exteriores en la pasada legislatura. Tiene 31 años. Sí, 31, no es una errata. Hace incluso viejo a Emmanuel Macron, que acaba de cumplir los 40. Kurz suma 32 menos que el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y 29 años menos que el presidente del Consejo, Donald Tusk. Con ambos se reunió anoche en la capital comunitaria para ratificar su europeísmo y su compromiso con los valores del club. De momento, a la UE le basta.

Pero la gran noticia no es su extrema juventud, sino la extrema ideología de su socio de Gobierno, liderado por el euroescéptico Heinz-Cristian Strache. El lunes tomó posesión como 'mano derecha' de Kurz y controlará las carteras de Exteriores, Interior y Defensa. Casi nada. Son materias clave en esta nueva UE que ha empezado a rediseñarse y, además, Austria ostentará la presidencia rotatoria del Consejo durante el segundo semestre del próximo año, lo que 'de facto' le confiere cierto poder para marcar la agenda del debate de los 28.

«Confío en que el Gobierno austríaco continuará desempeñando un papel constructivo y proeuropeo en la UE en un momento especialmente importante en el que los líderes están más implicados de forma directa en cuestiones políticas sensibles», escribió Tusk en la carta de felicitación enviada el lunes a Viena.

¿Por qué la situación de ahora es diferente a la de hace diecisiete años, como asegura Moscovici? Es difícil encontrar un porqué, pero sí hay ciertas pistas que pueden hacer comprender mejor esta nueva postura oficial de la UE. No hay que olvidar que 2017 ha sido un año durísimo en el que se ha logrado ganar al populismo en plazas claves como Francia y en este periodo de calma chicha no hay muchas ganas de meterse en otro jardín.

«Lo de 2000 tampoco es que salió muy bien (a los seis meses se levantaron las sanciones de forma unilateral al comprobarse ineficaces) y ahora es mejor tenerlos atados en corto dentro de la maquinaria comunitaria en vez de darles alas para que fomenten el victimismo en casa», explican fuentes comunitarias.

Esto no significa que Viena tendrá un cheque en blanco. «La vigilancia será estrecha y las líneas rojas sigue estando muy claras», apostillan estas fuentes, que prefieren destacar, por ejemplo, cómo la primera visita al extranjero de Kurz ha sido a las instituciones comunitarias o cómo el joven canciller ha logrado blindar a la UE en el acuerdo de Gobierno con la FPÖ evitando un referéndum.

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