Ultimátum a May para un acuerdo con Irlanda

La UE exige a la primera ministra británica que solucione el problema de las fronteras en 72 horas para avanzar en la negociación del 'brexit'

IÑIGO GURRUCHAGA CORRESPONSAL LONDRES.

La saga irlandesa que se ha incrustado en el preámbulo del Consejo Europeo que decidirá sobre la segunda fase del 'brexit' la próxima semana debe resolverse en las próximas horas. Los portavoces de la Comisión puntualizaron que la medianoche del domingo es el plazo inamovible, porque han de preparar la cumbre. Mientras tanto, Theresa May negociaba con los delegados unionistas del DUP norirlandés una redacción del documento sobre la frontera irlandesa que alivie su «gran conmoción» del lunes, cuando leyeron el que la primera ministra estaba acordando con el presidente del Consejo, Donald Tusk. Es una comedia con varias tramas.

La televisión irlandesa causó la gran conmoción unionista al publicar un extracto del borrador del documento. Donde una versión previa decía que «Reino Unido se asegurará de que no haya divergencias de las reglas del mercado común y la unión aduanera que (...) respaldan la cooperación entre norte y sur y la protección del Acuerdo de Viernes Santo», la nueva decía que «haya alineamiento» en vez de que «no haya divergencias».

Theresa May se tambaleaba, según los temerosos, porque su mayoría depende del DUP. No sería la primera vez que un Gobierno británico cae por quebrar el apoyo unionista. En 1979 cayó el laborista de James Callaghan, porque se negó a comprar los votos del UUP que a cambio de su apoyo le pedía una autovía en la provincia.

La mandataria debe hallar un equilibrio que satisfaga a los unionistas, que sostienen su Gobierno

De los desacuerdos de asfalto a la interpretación textual. El DUP tiene un sector más pragmático sobre la UE, que encarnaría la exministra principal, Arlene Foster, crecida en el UUP, y otro liderado por un pura sangre del partido fundado por Ian Paisley, Nigel Dodds, diputado en Londres, convencido 'brexiter' y negociador directo con May. Ambos sectores resentían el protagonismo de Dublín en la negociación con Londres.

Pero la queja esgrimida es que esa redacción abre la puerta a que Irlanda del Norte se diferencie del resto de Reino Unido tras el 'brexit'. Inadmisible para el unionismo probritánico y alarmante para los euroescépticos, que temen que May solo puede prometer eso si está dispuesta también a que todo el reino alinee sus regulaciones futuras con el mercado común.

Transitar

La hondura del enredo es otra. Cuando los caimanes del 'brexit' en el Gabinete -Boris Johnson y Michael Gove- escribieron a May una carta exigiéndole firmeza con los ministros que no creen en sus beneficios, le pedían que fijase por ley la fecha de salida, el 29 de marzo de 2021. May presentó una moción parlamentaria para fijar la fecha en el 29 de marzo de 2019.

May opera con el convencimiento de que debe ejecutar el 'brexit' tras el referéndum aunque ella votase por la permanencia. Su fecha de salida de la UE es marzo de 2019 y luego una transición de «unos dos años». Johnson y Gove querían asegurar una transición de dos años, y no cinco o siete, como sugieren los alarmados por los efectos económicos de la marcha.

El ministro del 'brexit', David Davis, ha afirmado esta semana que su ministerio no ha elaborado análisis sectoriales de su impacto. Avala así que la transición será más larga y que, mientras tanto, Reino Unido mantendrá las reglas comunitarias. Pero el DUP vetaría el avance de May, quizás la derribaría y el laborista Jeremy Corbyn podría gobernar. La credulidad en que la comedia desemboque ahora en tragedia se interrumpe ahí.

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