UE-Cuba, algo más que un deshielo

Hoy entra en vigor el acuerdo de cooperación que pone fin a veinte años de alejamiento

ADOLFO LORENTE BRUSELAS.

Es un trámite, sí, pero hay trámites que merecen ser destacados con mayúsculas. Hoy, 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, nace el Acuerdo de Diálogo Político y de Cooperación entre la UE y la República de Cuba, algo más que una declaración de intenciones vertebrada en 101 páginas y 89 capítulos. La operación deshielo ha llegado para quedarse y enterrar, por fin, la llamada Posición Común que entró en vigor en 1996 impulsada por el entonces presidente español, el popular José María Aznar, que logró que se condicionase toda relación de la Unión con La Habana a los avances que el régimen castrista hiciera en materia de libertades y derechos humanos.

Esto es pasado. El futuro se firmó el pasado 12 de diciembre de 2016 en Bruselas, cuando se selló de forma solemne el acuerdo que hoy entra en vigor. Medio año después, el 5 de julio, el Parlamento Europeo también dio el sí quiero.

Eso sí, el histórico acuerdo lleva el apellido de «provisional». Entrarán en vigor sólo las partes que incluyen competencias propias de las instituciones comunitarias. No así las que estén en manos de los Estados miembros, que deberán aprobar en sus respectivos parlamentos el conjunto del acuerdo ya firmado por sus ministros de Exteriores en diciembre de 2016. No se esperan grandes problemas ya que el rol de Cuba en la UE siempre ha sido, con sus matices, el que España ha fijado.

Todo ha cambiado desde entonces. La jefa de la diplomacia comunitaria, la italiana Federica Mogherini, ha sabido tejer sólidos lazos de confianza con el régimen cubano desde que tomó posesión del cargo el 1 de noviembre de 2014. Como siempre han admitido fuentes comunitarias en privado, se trataba de una «anacronismo carente ya de sentido después de tantos años», sobre todo porque la mayoría de los países de la Unión tenían algún tipo de acuerdo en vigor con el régimen liderado por los Castro.

«Había una enorme hipocresía. Teníamos la Posición Común, pero veintitantos gobiernos europeos habían firmado acuerdos con Cuba. Con este acuerdo, la Unión Europea envía una señal muy importante de apertura hacia Cuba en un momento en que los mensajes de Estados Unidos no son muy positivos». En estos términos se expresaba la eurodiputada socialista Elena Valenciano el pasado 5 de julio, momento en que la Eurocámara dio luz verde al acuerdo con la isla. Valenciano ha sido una mujer con un enorme protagonismo al ser la ponente del dosier.

La resolución salió adelante con 487 votos a favor, 107 en contra y 79 abstenciones. La mayoría fue tan amplia como dura fue la advertencia de que no mirarán hacia otro lado en lo que respecta a la defensa de los derechos humanos. Es la gran línea roja y el principal elemento de fricción. Por ello, en su declaración anexa, los eurodiputados recuerdan que el nuevo acuerdo incluye disposiciones que prevén su suspensión en caso de vulneraciones en esta materia. Además, lamentan que lejos de reducirse, «las detenciones por motivos políticos han ido a más en los últimos años».

De Obama a Trump

Hoy entra en vigor, pero el acuerdo comenzó a pergeñarse hace ya mucho tiempo. El embrión se firmó el 11 de marzo de 2016 en La Habana y consta de tres grandes capítulos: diálogo político; cooperación y diálogo sobre políticas sectoriales, y política comercial. La rúbrica se produjo días antes de la histórica visita de Barack Obama a la isla después de 88 años sin que un presidente estadounidense viajase a Cuba. La UE había movido ficha antes, pero Obama, por aquel entonces, lo copaba todo.

Luego llegó Donald Trump y el orden internacional se tiñó de negro. Se trataba de desandar lo andado, sobre todo en plazas como Cuba. Donde Obama dijo una cosa, Trump dice la contraria, algo de lo que ha sabido aprovecharse la UE marcando perfil propio tanto con este acuerdo como con todo lo referido a los acuerdos comerciales. «Estados Unidos es nuestro aliado pero somos adultos para saber qué decisiones tomar», aseguran fuentes diplomáticas. Así será.

«Los lazos de Europa con Cuba son profundos y fuertes. Cuba está cambiando profundamente y la UE está acompañando este proceso conjuntamente con el Gobierno cubano y el pueblo cubano como amigos», subrayó Mogherini el día de la firma solemne en Bruselas.

«Se restablece la normalización de las relaciones con una Europa que es una prioridad para nuestra economía», apostilló su homólogo cubano, Bruno Rodríguez. ¿Y los derechos humanos? «Cuba se siente orgullosa de su ejecutoria en esta materia y sus resultados en numerosos ámbitos en materia de derechos humanos son reconocidos mundialmente», zanjó Rodríguez. Muchos en aquella sala no sabían dónde meterse. Lo positivo es que hay acuerdo hasta en el gran desacuerdo. Desde hoy y 21 años después, Cuba ya es un país más para la Unión Europea.

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