Resucitan los viejos fantasmas de la crisis migratoria en la UE

Un niño saluda desde una patrullera de la Guardia Civil, que el jueves rescató del mar a cientos de personas. :: CARLO HERMANN/ afp
Un niño saluda desde una patrullera de la Guardia Civil, que el jueves rescató del mar a cientos de personas. :: CARLO HERMANN/ afp

Juncker cierra filas con el Sur y la próxima semana se reunirá con Gentiloni y Tsipras para buscar fórmulas que alivien los flujos en el Mediterráneo

ADOLFO LORENTE

bruselas. La renovada unidad de la Unión sigue teniendo las mismas fugas de casi siempre y la gran mayoría con un nexo en común: la solidaridad. Mejor dicho, la ausencia de ella. La inmigración irregular ha vuelto a copar un lugar privilegiado en la agenda de los problemas de la UE con una Italia harta de cargar con toda la responsabilidad de acoger a las miles de personas que cada día están llegando de África a través del Mediterráneo central. La situación es tal que Roma se ha plantado y ha amenazado con cerrar sus puertos a las embarcaciones internacionales que participan en los rescates. El órdago está ahí y Bruselas tiene muy claro con quién está.

«La próxima semana veremos con el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, y con el griego, Alexis Tsipras, qué más puede hacer la Comisión para ayudarles en sus duros y nobles esfuerzos para tratar esta crisis», anunció ayer el presidente del Ejecutivo comunitario, Jean-Claude Juncker. Lo hizo desde Tallin, la capital de Estonia, el país que hoy tomará las riendas del Consejo Europeo hasta finales de año.

Desde el comienzo del año, han llegado al país transalpino 76.873 inmigrantes, la mayoría nigerianos, un 13,43% más que en el mismo periodo del año anterior. Se espera que la cifra llegue a las 200.000 personas en 2017, por lo que Gentiloni decidió lanzar una llamada de SOS a sus colegas europeos de cara al G-20 de Hamburgo. «El rescate se ha internacionalizado, con el despliegue de medios europeos y de ONG en el Mediterráneo central, pero la acogida sigue siendo de Italia», alertó.

Roma ha advertido de que cerrará sus puertos si el resto de estados no se implica en la crisis

El problema, como casi siempre, no es de la Comisión, sino de los 28 Estados miembros, que hasta ahora son incapaces de diseñar un marco migratorio basado en la solidaridad y que no estigmatice a los países del sur por una cuestión geográfica al ser la puerta de acceso a la UE. «No podemos dejarles solos», zanjó Juncker, quien se afanó en ofrecer datos para argumentar que Bruselas sí está cumpliendo su parte del trato a diferencia de las capitales.

La rebeldía del este

En este sentido, el primer ministro estonio, Juri Ratas, manifestó que la crisis migratoria será «un tema muy importante» durante su presidencia de turno de la UE y confesó que entiende «la preocupación y la presión» a la que se enfrentan los países del sur. «Se trata de una cuestión que afecta a todos los países de la UE. Es una prioridad. Nadie puede mirar hacia otro lado», recalcó.

Ese es el problema, que muchos, sobre todo el rebelde bloque del este liderado por Hungría, Polonia, Eslovaquia o República Checa, miran hacia otro lado cuando se habla de migración, sobre todo de refugiados. Por contra, se implican sobremanera cuando se trata de repartir los jugosos fondos estructurales que, por cierto, se nutren con la aportación de contribuyentes netos, como es el caso de Italia. Quizá ahora se entienda mejor por qué Roma, junto a Alemania o Francia, está presionando para que parte de estos fondos estén condicionados a que los Estados cumplan con unos mínimos solidarios en cuestiones como esta.

El mejor ejemplo del fracaso de la solidaridad europea son las cuotas para acoger refugiados que esperan en Italia y Grecia. Más de un año y medio después de la entrada en vigor, la cifra de recolocados evidencia el fracaso de la propuesta: 20.869 de 98.255 personas (en un principio la cifra era de 160.000 pero luego se rebajó). Pocos países han cumplido su parte del trato, pero lo de Hungría, Polonia y República Checa es flagrante. Se han negado en redondo recibir demandantes de asilo pese a estar obligados por ley, por lo que la Comisión ha decidido abrirles un procedimiento de infracción.

Presidencia de Estonia

Se hablará y mucho de inmigración en los próximos días y quizá meses, pero ayer, también se trataba de hablar de Estonia, de su presidencia en el Consejo Europeo y de la necesidad de impulsar la agenda digital del club. Ratas, de hecho, llegó a asegurar que la circulación de datos tendría que ser considerada la quita libertad dentro de la Unión (personas, mercancías, capitales y servicios son las otras cuatro libertades). Juncker, cómo no, volvió a protagonizar la anécdota graciosa de la jornada al desvelar que no tiene un 'smartphone'. «Y creo que no debería decirlo», confesó ante la prensa internacional. «El éxito del mercado único digital dependerá de la confianza de los europeos», dijo.

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