Reino Unido se rascará el bolsillo

Londres ofrece ahora a los 27 entre 45.000 y 55.000 millones por el 'Brexit', una cantidad que se asemeja bastante a la que solicita la UE

ADOLFO LORENTE CORRESPONSAL

bruselas. El tictac está cobrando un ritmo vertiginoso. El próximo lunes, día 4, es la «fecha límite absoluta» dada por la UE a Reino Unido para que mueva ficha si quiere que en la cumbre de los días 14 y 15 de diciembre, los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 den su plácet al inicio de la segunda fase de las negociaciones: el futuro acuerdo comercial entre ambos bloques. Ahora sí que sí, se acabaron los faroles, y esto es algo que parece haber entendido Londres porque estaría dispuesta a abonar una horquilla de entre 45.000 y 55.000 millones de euros como peaje por consumar su histórico portazo, una cantidad bastante próxima a los 60.000 que exige el club.

Nadie confirma la cifra. Ni los portavoces de la primera ministra británica, Theresa May, ni el negociador jefe de la UE, el francés Michel Barnier, que ayer desde Berlín calificó estas noticias de «rumores». Era su papel. Ni le tocaba a él anunciar nada ni era el momento adecuado para hacerlo. El lunes, hay una reunión crucial en Bruselas entre el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y May donde se dará la patada a seguir o todo quedará bloqueado. Nadie confirma nada, pero si entre los medios británicos que han publicado este supuesto principio de acuerdo se encuentra el 'Financial Times', el periódico de cabecera de la UE para casi todo pero sobre todo para el 'brexit', no está de más hacerle caso.

Las negociaciones comenzaron el 19 de junio y desde el primer momento, pese al ruido británico, se impuso la forma de negociar exigida por la UE, que se negó en redondo en hablar de futuro sin cerrar el pasado. En eso están. Hablar de futuro significa llegar a acuerdos en tres asuntos clave: derechos de los ciudadanos, Irlanda y la factura que deben pagar para cumplir con sus obligaciones financieras ya comprometidas.

Londres busca a toda costa que el día 15, los líderes digan aquello de que «constatamos progresos suficientes para pasar a la segunda fase, la del futuro acuerdo comercial». De ahí los movimientos que el equipo de May ha realizado en los últimos días y que el comisario de Agricultura, el irlandés Phil Hogan, confirmó ayer. «En las últimas 24 horas ha habido movimientos respecto a la factura. Me congratula que Reino Unido haya presentado propuestas que se acercan mucho a los requisitos de los otros 27 Estados miembros», señaló.

Es paradójico analizar la secuencia de los acontecimiento y cómo Reino Unido ha ido rectificando por el camino acercándose a las las exigencias comunitarias. En un primer momento y como insiste el eurófobo líder del Ukip, Nigel Farage, May llegó a insinuar que no debían pagar nada por irse, que incluso deberían recibir dinero por ello. Más tarde, comenzó a abonar el discurso de que «haremos honor a nuestros compromisos financieros».

Nunca dio cifras, hasta que en Florencia, a finales de septiembre, puso la cifra de 20.000 millones al asegurar que asumirían la parte comprometida del actual presupuesto comunitario, que expira en 2020. Se trata de dos años más de prórroga, que equivalen a 10.000 millones anuales. Aquí es donde comenzó a cruzar su particular Rubicón. Luego, se filtró la cifra de 40.000 y ahora, de una horquilla que gira entre los 45.000 y los 55.000 millones.

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