El preocupante auge de la ultraderecha enturbia el esperado triunfo de Merkel

Los socialdemócratas cosechan un fracaso electoral sin precedentes y se ven obligados a regresar a la oposición

JUAN CARLOS BARRENABerlín

La ultraderecha alemana entró anoche triunfante por primera vez en el Bundestag, el Parlamento federal, donde pasó de la nada a convertirse en tercera fuerza política nacional, provocando pérdidas dramáticas de votos a las dos mayores formaciones tradicionales, la Unión de Cristianodemócratas y Socialcristianos bávaros (CDU/CSU) de la canciller federal, Angela Merkel, y el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD). «Vamos a acosar al Gobierno. Vamos a por Angela Merkel», anunció amenazante el candidato a la Cancillería Federal de la populista Alternativa para Alemania (AfD), Alexander Gauland, escasos minutos después de cerrarse los colegios electorales y de conocer el resultado de los sondeos a pie de urna. Exultante ante el éxito de su partido con un resultado que supera incluso las predicciones de las encuestas previas a los comicios, Gauland, un renegado de la CDU, advirtió de que «pensamos cambiar este país» y defender «lo que piensa la gente de la calle, pero nadie escucha en el Bundestag». La Alternativa para Alemania anunció que su primera iniciativa en el Bundestag será la creación de una comisión parlamentaria para investigar si Merkel actuó ilegalmente con su política de refugiados.

Aunque los conservadores se confirmaron como primera fuerza política alemana, perdieron más de ocho puntos frente a las elecciones de 2013 y alcanzaron su segundo peor resultado en la historia de Alemania Federal con un escaso 33% de sufragios. Solo en los primeros comicios de 1949, cuando el Parlamento germano se llenó de un amplio abanico de partidos, la Unión obtuvo menos votos. Pese a todo, Merkel reclamó al conocerse los primeros resultados el mandato para gobernar como líder del partido más votado.

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Ascenso de los pequeños

Más preocupante aún es el retroceso del SPD, que cayó a mínimos históricos, hasta un ajustado 20% de votos. En cambio, además de los ultranacionalistas de AfD, ganaron votos todas las formaciones pequeñas. Desde La Izquierda y Los Verdes, con cerca de un 9% en ambos casos, al Partido Liberal Alemán (FDP), que superó el 10% y retornó a la Cámara baja después de cuatro años de ostracismo, tras sufrir un varapalo en los comicios anteriores, en los que no tuvo escaño alguno por no superar la barrera del 5%.

La entrada de AfD en el hemiciclo reventó además la gran coalición de conservadores y socialdemócratas y forzó a Merkel a una nueva alianza de gobierno para la que existe una única alternativa. El SPD se apresuró tras conocerse los sondeos a pie de urna a rechazar tajantemente la posibilidad de negociar con los conservadores la formación de un nuevo Ejecutivo en la que será la cuarta legislatura de Angela Merkel en el poder.

El escrutinio final

El escrutinio final de los votos de las elecciones alemanas confirmó hoy la victoria del bloque conservador liderado por la canciller, Angela Merkel, con un importante retroceso, y el estreno del ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) en el Parlamento como tercera fuerza.

Según los datos difundidos por la Oficina electoral federal, todavía provisionales, la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) obtuvieron un 33% de los votos, una caída de 8,5 puntos respecto a hace cuatro años y su segundo peor resultado tras el 31% de 1949. El Partido Socialdemócrata (SPD), liderado por Martin Schulz, cayó al 20,5%, más de cinco puntos por debajo de las anteriores generales y el peor resultado de la historia de la formación.

AfD, que en los comicios de 2013 quedó fuera del Bundestag (cámara baja) al no alcanzar por unas décimas el mínimo necesario del 5% de los sufragios, se hizo este domingo con el 12,6%. El Partido Liberal (FDP), formación tradicionalmente bisagra en Alemania que hace cuatro años tampoco alcanzó el listón exigido, regresa a la cámara con el apoyo del 10,7%.

La Izquierda obtuvo un 9,2% de los votos, seis décimas más que en 2013, mientras que los Verdes lograron el 8,9%, medio punto más que los anteriores comicios.De acuerdo con la ley electoral, tras escrutarse todos los primeros votos -directo a un candidato- y los segundos -a listas de partidos- el Parlamento se ampliará de los 631 escaños de la pasada legislatura a 709, la mayor cifra hasta el momento.

Un gobierno con mayoría parlamentaria exigiría la reedición de la gran coalición entre conservadores y socialdemócratas que lideró Merkel en la pasada legislatura, pero que Schulz rechazó anoche; o la formación de un tripartito entre las filas de la canciller, los liberales y los verdes. Se trata de una alianza inédita a nivel federal y las negociaciones serán difíciles ante las diferencias programáticas de los dos partidos minoritarios, pero Merkel confió anoche en contar con un gobierno antes de Navidades. La participación en estas generales, según los datos de la Oficina electoral federal, se situó en el 76,2%, frente al 71,5% de 2013.

Es la segunda vez que los socialdemócratas salen escaldados de un matrimonio forzoso con los partidos de la Unión, tras sufrir también un serio revés electoral después de respaldar a la canciller federal en sus primeros cuatro años de gobierno. La decisión de los socialdemócratas tiene también un objetivo parlamentario. Con una gran coalición los xenófobos de la Alternativa para Alemania serían el primer partido de la oposición y asumirían unos privilegios en la Cámara que no quiere concederles ninguna de las restantes formaciones con representación en el Bundestag.

Negociaciones

La renuncia del SPD a cogobernar y su decisión de liderar la oposición parlamentaria solo deja a los conservadores una posibilidad de lograr la necesaria mayoría parlamentaria para formar Gobierno. Merkel y la CDU/CSU se ven abocados a negociar un tripartito con el Partido Liberal, sus socios naturales de coalición, y Los Verdes, dos formaciones que, por separado, ya habían mostrado su disposición a iniciar, llegado el caso, contactos con los conservadores, pero que consideraban hasta ahora remota la posibilidad de formar un trío.

Líderes de las tres formaciones no quisieron anoche descartar esa posibilidad y dejaron la puerta abierta a primeros contactos en los próximos días. Aunque inédita a nivel nacional, una coalición de conservadores, liberales y verdes gobierna desde el pasado junio en el septentrional estado federado de Schleswig-Holstein y contó en su momento con el beneplácito de la canciller, abierta por pragmatismo a cualquier alianza política de las que solo excluye a La Izquierda y AfD. Eso sí, las negociaciones serán arduas, complicadas y largas, y no hay que esperar un nuevo acuerdo de gobierno antes de Navidad.

La jornada fue también nefasta para Martin Schulz, el líder del SPD, que tras su nominación como presidente y candidato a la jefatura de Gobierno en enero pasado hizo recuperar a su partido índices de popularidad y tendencia de voto al nivel de Merkel y sus conservadores y que ahora, ocho meses después, ha conducido a un partido con más de 150 años de antigüedad al peor resultado de su historia. Aunque muchos pensaban que tiraría la toalla la misma noche electoral, Schulz anunció su deseo de mantenerse en la presidencia de la socialdemocracia alemana, aunque renunciando a su liderazgo parlamentario. Una responsabilidad que caerá seguramente en manos de la ministra de Trabajo saliente, Andrea Nahles.

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