La pobre Bulgaria toma las riendas de la UE

El país con menos renta per cápita se reivindica al asumir la presidencia semestral del Consejo e insiste en formar parte del euro y Schengen

ADOLFO LORENTE

bruselas. Allí a lo lejos, a orillas del mar Negro y lindando con la siempre compleja Turquía, se encuentra Bulgaria, uno de los bastiones de la frontera sureste de la Unión. Porque Bulgaria, aunque a muchos aún les suene a ruso, no sólo es Europa, sino que también lidera el Consejo Europeo desde el pasado 1 de enero. Desde su acceso al club, hace ya once años (1 de enero de 2007), es la primera vez que asume la presidencia rotatoria de la UE. Y lo hará, como explicó su primer ministro, Boyko Borissov, para «fortalecer la unidad» dentro de la UE, pero también, recalcó, para reinvindicarse como país ante sus socios e impulsar las relaciones con los Balcanes occidentales, países como Serbia, Bosnia o Montenegro que más tarde o más temprano formarán parte de ese paraguas llamado Bruselas.

Ayer tocaba excursión a Sofía. El 'glamour' comunitario viajó hasta la capital búlgara para participar en la ceremonia de inauguración de esta presidencia. El cortejo estuvo liderado por los presidentes de la Comisión, Jean-Claude Juncker (arropado por sus 27 comisarios), del Consejo, Donald Tusk, y del Parlamento Europeo, Antonio Tajani. Todos, como marcan los cánones, no ahorraron en elogios hacia el país más pobre de la UE (su renta per cápita es el 46% de la media comunitaria) y que junto a la vecina Rumanía, sigue bajo la lupa del club por su sistémica corrupción.

La UE es mucho más que Alemania, Francia, Italia o España. También es Letonia, Eslovenia, Chipre o Bulgaría. Todavía son 28 (a la espera del portazo británico) y todos, sobre el papel, iguales a ojos de los Tratados. Así lo evidencia, por ejemplo, el derecho de veto en determinadas cuestiones como los presupuestos o los procesos de adhesión. Pero una cosa es la teoría y otra bien diferente, la realidad. Siempre cruda.

Hay clases y clases. Quizá la mejor forma de comprenderlo es organizar dos viajes paralelos: uno entre Madrid y Bruselas; y el otro entre Madrid y Sofía. En el primer caso, el viajero no necesita absolutamente nada más que tener su DNI en regla y llevar, eso sí, la cartera llena. Por contra, en el segundo supuesto, no sólo debe contar con pasaporte (no vale sólo con el DNI), sino que deberá cambiar sus euros por leva búlgaros (al cambio de ayer, 1,96 leva por euro). Y es que Bulgaria todavía no ha sido aceptada en el Espacio Schengen por la férrea negativa de países como Países Bajos, ni tampoco ha cumplido los criterios para formar parte de la moneda única.

Seguridad e inmigración

Pese a todo, Borissov se apoyó en un reguero de datos económicos positivos para 'vender' la marca Bulgaria y mostrarse «muy optimista» por estar en la «antesala» de acceder por fin al euro. Un sentir que ha interiorizado de sus conversaciones con el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. Así lo confesó en una nutrida rueda de prensa ofrecida a lo más granado de la prensa internacional, que desembarcará en Sofía durante los próximos seis meses procedente de Bruselas para cubrir los diferentes eventos ministeriales y una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que se celebrará en mayo para hablar, precisamente, de los Balcanes occidentales.

Bulgaria recoge el testigo de Estonia y lo hace estableciendo cuatro prioridades: la mencionada relación con los Balcanes occidentales para fomentar «la paz, la seguridad y la prosperidad de la región»; trabajar por una Europa «más segura, más estable, más fuerte y más unida»; impulsar la economía digital; y trabajar «en favor del futuro de los jóvenes».

Más allá de la literatura de los grandes compromisos, los retos seguirán siendo los de casi siempre. Con el permiso del 'brexit', tres destacan sobre el resto: la gestión de las fronteras comunitarias y los flujos migratorios; el rediseño de la Unión Económica y Monetaria; y la grave crisis desatada con Polonia, que ha sido severamente apercibida por la Comisión debido a sus tics antidemocráticos en sus reformas judiciales.

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