Merkel va directa hacia un nuevo mandato

Angela Merkel saluda a sus seguidores en un acto electoral en Quedlinburg. :: Reinhard Krause / reuters
Angela Merkel saluda a sus seguidores en un acto electoral en Quedlinburg. :: Reinhard Krause / reuters

La ventaja de la canciller para las elecciones del 24 de septiembre es tan abrumadora que ni el socialista Schulz logra hacerle sombra

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

Angela Merkel es un valor seguro. Tanto es así que sus posibilidades de ser reelegida por cuarta vez consecutiva como canciller federal alemana dentro de cuatro semanas se cifran en un apabullante 99,7%. A esa conclusión llega un estudio de predicción analítica de la empresa berlinesa INWT. «El 0,3% restante es para la más que remota posibilidad de que una coalición de socialdemócratas (SPD), La Izquierda y Los Verdes o una alianza de SPD, verdes y liberales (FDP) acaben imponiéndose», afirma Marcus Gross, responsable del análisis. Lo cierto es que nadie duda de que la líder conservadora de los partidos de la Unión, cristianodemócratas y socialcristianos bávaros (CDU/CSU) marcha más segura que nunca hacia un nuevo triunfo electoral y que ni un solo rival es capaz de hacerle un mínimo de sombra.

Ni tan siquiera Martin Schulz, el expresidente del Parlamento Europeo que asumió la presidencia del SPD y la candidatura de su formación a la jefatura del Gobierno germano a principios de año. Entonces se le consideraba poco menos que el mesías y una amenaza real para Merkel tras conseguir sacar a su partido del agujero de popularidad en el que se había hundido los dos últimos años. Hasta el punto de que los socialdemócratas llegaron a empatar con los conservadores en las encuestas en un 32% a principios de abril. Al final todo resultó un espejismo. Ya antes del verano el SPD caía de nuevo en intención de voto a niveles previos a la llegada de Schulz y la canciller recuperaba su calidad de indiscutible preferida de los alemanes.

Todas las encuestas sin excepción anuncian una clara victoria de Merkel y los conservadores el 24 de septiembre. Los partidos de la Unión obtendrán según los seis sondeos publicados esta semana por otros tantos institutos demoscópicos entre un 38% y un 40% de sufragios, unos 15 puntos más que el SPD, al que conceden del 22% al 24% de votos. Los restantes cuatro partidos con posibilidades de acceder al Bundestag, la Cámara baja, no superarán probablemente en ningún caso el 10% de votos. Se trata de La Izquierda, Los Verdes, el Partido Liberal (FDP) y la ultranacionalista Alternativa para Alemania (AfD), que oscilan, todos ellos, entre un 7% y un 9% de votos.

Las posibilidades de que la candidata conservadora repita en el cargo alcanzan un categórico 99,7%

Consciente de su amplia ventaja, Merkel ha convertido su campaña electoral en un paseo. Disfruta de los mítines en localidades de mayoría conservadora como en Fulda, donde es recibida en la plaza de la Universidad como una estrella de pop. Dice luchar «por una Alemania en la que vivamos bien y a gusto». Y no le falta razón. Alemania bate mes a mes récords exportadores, el empleo ha alcanzado cotas históricas con más de 42 millones de personas que cotizan a la seguridad social y el paro ha caído por debajo del 5%, hasta el nivel más bajo desde la reunificación en 1990, lo que ha permitido a los conservadores prometer la plena ocupación laboral para la próxima década. Además, la Oficina Federal de Estadística anunciaba el viernes que el Estado había alcanzado en el primer semestre del año un superávit de 18.300 millones de euros. Y el Bundesbank comunicaba que el crecimiento económico del país en 2017 superará el 2%.

Confianza ciega

Respaldada por esos laureles, Merkel transmite al electorado la sensación de que pueden confiar en su persona, como hace cuatro años, cuando su minimalista lema de campaña fue un simple 'Ustedes me conocen'. Pese a todo reconoce que aún hay cosas por hacer como dotar a los colegios de líneas de internet ultrarápidas, más construcción de vivienda pública o más dinero para las familias y deja claro una y otra vez que, aunque a Alemania le va bien, le puede ir mejor aún, naturalmente bajo su gobierno. Incluso se permite el lujo de eludir temas conflictivos. Ni una palabra sobre los desvaríos de Donald Trump o los desmanes de Recep Tayip Erdogan.

Aunque tampoco evita hacer mención a su talón de aquiles politico: la crisis de los refugiados que polarizó el país hace dos años y sacudió su liderazgo. Liquida el tema con pocas frases. Agradece la tarea de los voluntarios que atendieron la avalancha de peticionarios de asilo, promete que la situación no volverá a repetirse y afirma que las causas de las migraciones deben combatirse en los países de origen, donde deben quedarse también los refugiados. Se gana así una nueva salva de aplausos.

El programa de los conservadores es la propia Merkel y ante una figura tan sólida el candidato socialdemócrata Martin Schulz lo tiene sumamente complicado. Mientras Merkel consigue el máximo efecto con el mínimo esfuerzo, Schulz parece multiplicarse para estar en mil sitios a la vez y tratar de acortar distancias con su rival conservadora. En su afan por aportar temas novedosos en campaña Schulz ha propuesto desde la introducción de una cuota de automóviles eléctricos a la retirada de las armas nucleares que Estados Unidos tiene almacenadas en Alemania.

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