Londres no se librará de la UE hasta 2021

Los negociadores proponen que el periodo de transición británico vaya desde el 30 de marzo de 2018 hasta el 31 de diciembre de 2020

A. LORENTE CORRESPONSAL

bruselas. Ha sido el gran mantra de la negociación, sobre todo de ese primer momento en el que Reino Unido aún creía que tenía más opciones de las que al final tuvo. «'Brexit' significa 'brexit'», insiste la primera ministra británica, Theresa May. Que 'brexit' significa 'brexit' es algo que parece claro, pero, ¿qué es el 'brexit'? Porque más allá de que Gran Bretaña deje la UE, algo que supuestamente ocurrirá a medianoche del 29 de marzo de 2019, la clave es saber el cómo, no el qué, y la respuesta sólo la tiene Londres. Bruselas, por contra, tiene muy claro lo que quiere.

Después de que los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 avalasen el viernes la propuesta de la Comisión para pasar a la segunda fase, el último Colegio de Comisarios de 2017, celebrado ayer, sirvió para acordar las directrices generales que guiarán la postura de la UE en la recta final de la negociación, que comenzará a finales de marzo. El mensaje es claro: 'en el club tenemos unas reglas y las reglas, se cumplen'. ¿Pero 'brexit' no significaba 'brexit'? Sí, pero aunque el 30 de marzo de 2019 ya no pertenezcan a la Unión, May ya ha traslado su voluntad de solicitar un periodo transitorio de «unos dos años» para hacer más llevadero el 'shock'.

El negociador jefe de la UE, Michel Barnier, anunció ayer que los 27 propondrán que este periodo de transición se extienda desde el 30 de marzo de 2018 hasta el 31 de diciembre de 2020 para hacerlo coincidir con el «inicio del nuevo plan finanero plurianual». Ojo, durante este tiempo, Reino Unido «disfrutará de los mismos beneficios y deberá cumplir con todas las obligaciones derivadas de la legislación comunitaria, tanto a la existente como a la nueva que pueda aprobarse».

Las líneas rojas

En concreto, se han establecido cinco líneas rojas en esta nueva fase de la negociación: integridad del mercado interior, integridad de la unión aduanera, Reino Unido deberá acatar todas la legislación europea, no habrá un periodo transitorio a la carta y, quinto, «la autonomía europea debe ser respetada» y el 30 de marzo de 2019, Gran Bretaña dejará de formar parte de las instituciones comunitarias (Comisión, Consejo, Parlamento, organismos comunitarios...). Un mal negocio para los británicos, sin duda, ya que todo seguirá como hasta ahora pero sin poder estar en la sala de máquinas incluyendo o cincluso vetando propuestas.

Respecto a la futura relación comercial entre ambos bloques, Barnier avanzó que «en octubre ya debe quedar claro qué tipo de acuerdo quiere Reino Unido». Según las propias limitaciones autoimpuestas por Londres, el modelo más factible sería el que ya existe entre la UE y Canadá, Corea del Sur o Japón. Uno de los grandes interrogantes es saber qué pasará con Gibraltar durante el periodo transitorio. Este asunto ha quedado al margen del acuerdo global y España goza, 'de facto', de capacidad de veto ya que las directrices dicen que se deberá negociar de forma bilateral entre Madrid y Londres.

Es decir, que sin el 'sí' de España, el Peñón quedará fuera de la UE el 30 de marzo de 2019 sin poder beneficiarse de la transición. De nuevo, se vuelve a evidenciar en que parte quién tiene el mango de la sartén. La semana pasada, en la cumbre de líderes, Mariano Rajoy anunció que su voluntad es llegar a un acuerdo con Theresa May para incluir a Gibraltar en el 'pack'. El otro gran escollo de la negociación es saber qué pasará con la City londinense, ya que teóricamente perderá el pasaporte financiero de la UE. Barnier se mostró expeditivo y advirtió de que no harán concesiones.

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