Italia vota una ley electoral que arrincona a los 'anticasta'

DARÍO MENOR ROMA.

Italia está a punto de acabar con uno de los mayores sinsentidos de su organización estatal: la existencia de dos leyes electorales diferentes (una para la Cámara de los Diputados y otra para el Senado), lo que añadía un punto más de confusión a su siempre intrincada situación política al permitir la formación de mayorías distintas y dificultar así la elección de un Gobierno.

Tras meses de estériles debates parlamentarios, la Cámara baja comenzó ayer a examinar el nuevo sistema que regirá los comicios. Se espera que hoy sea aprobado por los diputados para pasar luego a su examen en el Senado, donde también cuentan con amplia mayoría sus impulsores: el gubernamental Partido Demócrata (PD), sus socios de Alternativa Popular y dos partidos opositores, Forza Italia (FI) y la Liga Norte. Estas formaciones ocupan casi dos tercios de los escaños del Parlamento.

Conocida como 'Rosatellum bis' por el nombre del jefe del grupo parlamentario del PD, Ettore Rosato, la nueva ley electoral nace envuelta en la polémica por la forma con la que el Gobierno de Paolo Gentiloni ha decidido aprobarla. Para asegurarse de que obtenía la 'luz verde' de la Cámara de los Diputados y no corría la misma suerte que otras propuestas anteriores, el Ejecutivo optó por someterla a una moción de confianza. Simplificaba así el trámite parlamentario, evitaba las enmiendas de la oposición y dejaba una clara advertencia a sus propios parlamentarios, que si se saltan la disciplina de partido pueden provocar la caída del Gobierno.

Gesto político

Aunque no haya ninguna ley que lo prohiba, recurrir a esta estratagema supone en cualquier caso un gesto político poco elegante: impide el justo debate en la Cámara baja y deja sin voz en un asunto tan vital como el reparto de poder tras las elecciones al partido más votado en solitario en los últimos comicios, el Movimiento 5 Estrellas (M5E).

La nueva ley electoral prevé un sistema mixto: un 36% de los escaños se repartirán de manera mayoritaria con candidaturas uninominales, mientras que el 64% restante se hará de forma proporcional y con candidaturas plurinominales. Estará vigente tanto en la Cámara de Diputados como al Senado. El sistema mayoritario favorece claramente a las coaliciones y castiga al M5E, que reniega de cualquier pacto con otras formaciones. Los mayores beneficiados podrían ser en cambio los dos grandes partidos de izquierda y derecha, PD y FI, respectivamente, si consiguen aunar bajo su bandera a otras siglas de su misma área ideológica.

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