Inmigración y medio ambiente atascan la formación de gobierno en Alemania

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

Cuatro semanas, exactamente 28 días de sondeos entre conservadores, liberales y verdes para decidir si se sientan a negociar la formación de una nueva e inédita coalición de gobierno en Alemania. En el caso de que finalmente se pongan de acuerdo habrán batido un récord en la historia de la República Federal: nunca hasta ahora se había alargado tanto el proceso antes de decidir si, una vez superadas las mayores diferencias, existe voluntad de gobernar juntos y consensuar un programa para la labor del ejecutivo en la nueva legislatura. Lo largo de las conversaciones es una muestra de la disparidad de opiniones y la dificultad para encontrar denominadores comunes que suelden la alianza entre los cristianodemócratas y socialcristianos bávaros (CDU/CSU) que lidera la canciller Angela Merkel, el Partido Liberal (FDP) y Los Verdes. Pero también de la voluntad de todos ellos para llevar a cabo tan complicada empresa.

«Creo que podemos tener éxito», dijo ayer una optimista Angela Merkel antes de sumarse a la programada como última y definitiva reunión con los 52 miembros de las delegaciones negociadoras de las tres formaciones. Merkel reconoció la existencia de «profundas diferencias», pero se mostró convencida de que serían superadas en la jornada final de los sondeos, que, según predijo, se prolongaría hasta bien entrada la madrugada de hoy. La filtración a los medios de los 61 folios del borrador con las conclusiones de las conversaciones confirma que la política medioambiental y la inmigración y los refugiados son los dos nudos gordianos a los que se enfrentan las formaciones del potencial tripartito y la enorme distancia que separa a los socialcristianos bávaros -el ala derecha de los conservadores- y los verdes, los más progresistas entre los interesados en llevar adelante el nuevo experimento político.

Posturas contrarias

En el capítulo refugiados, migración e integración, CDU/CSU se mantienen inamovibles en su empeño de limitar a 200.000 personas anuales la entrada de peticionarios de asilo en el país; los liberales amplían esa cifra a 250.000 y los ecologistas la desechan completamente, a la vez que exigen reactivar el paralizado derecho de reagrupación familiar para los refugiados reconocidos, que los demás rechazan por temor a la llegada de cientos de miles de peticionarios de asilo. Y en materia de medio ambiente y energía, los ecologistas reclaman el cierre de aquí a 2030 de todas las centrales térmicas de carbón, la equiparación de impuestos para la gasolina y el diésel y el compromiso de acabar con los vehículos con motor de combustión, mientras conservadores y liberales, con el argumento de defender empleos y la imposibilidad de plantear plazos, rechazan esas iniciativas.

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