La UE se harta y no garantiza la fase transitoria del 'Brexit'

El negociador jefe de la UE para el 'Brexit', Michel Barnier. :: O. H. / efe/
El negociador jefe de la UE para el 'Brexit', Michel Barnier. :: O. H. / efe

Barnier advierte de que hay «desacuerdos sustanciales» y recuerda que las cuatro libertades sobre las que cimenta el club son «innegociables»

ADOLFO LORENTE CORRESPONSAL BRUSELAS.

Gira y gira ese carrusel emocional en el que se han convertido las negociaciones del 'brexit'. Ayer tocaba examen y las sensaciones no pueden ser peores. Sigan con los cinturones abrochados. «Hay desacuerdos sustanciales. Si persisten, la transición no está garantizada. Para ser francos, estoy sorprendido de estos desacuerdos. La postura de la UE es muy lógica». El 'boom' de Michel Barnier, con epicentro en Bruselas, se pudo sentir en el corazón de Londres, donde los mercados reaccionaron de inmediato golpeando la libra sin piedad. Sigue el lío. Tanto, que la parte británica canceló ayer la reunión prevista para hablar sobre el futuro. «Es la primera vez que sucede», apuntó Barnier con sorna.

El hartazgo comunitario sigue 'in crescendo' en torno a la actitud británica. El negociador jefe de la UE, el francés Barnier, se mostró tajante y durísimo recordando lo mucho que está en juego y, sobre todo, recordando constantemente que quien tiene todas las de perder es Reino Unido. Que los Veintisiete sufrirán, por supuesto, pero que ellos se llevarán la peor parte. «Ellos han decidido irse, ellos han planteado el periodo transitorio y ellos deben plantear las soluciones y asumir las consecuencias», insiste recordando quién manda. ¿Qué es lo que ahora se está negociando? Por un lado, cerrar los flecos de la salida (sobre todo qué pasa con Irlanda), y por el otro, sentar las bases del llamado periodo de transición, es decir, del periodo que va del 29 de marzo de 2019, cuando se producirá la salida oficial de la UE, hasta el 31 de diciembre de 2020, fecha provisional en la que Reino Unido se desvinculará de forma definitiva del club de clubes. Este periodo de gracia fue solicitado por la primera ministra, Theresa May, para evitar que su país se suma en el caos. Se trata de ganar tiempo para que su aterrizaje en la siempre cruda realidad sea algo más liviano. Y es que fuera del club hace muchísimo frío.

Si alguien lo sabe es, paradójicamente, la propia May, que lleva meses soportando el aliento de su clase empresarial exigiéndole claridad sobre qué va a pasar a corto plazo. Para bien o para mal, las compañías necesitan predictibilidad, de ahí que Londres busque que los jefes de Estado y de Gobierno de la UE cierren en la cumbre del 22 y 23 de marzo un gran acuerdo político sobre el periodo transitorio. Cómo será, cuánto durará... Aunque por lo visto ayer, la clave no es tanto el cómo, sino si finalmente lo habrá o no. «No está garantizado», zanjó Barnier en francés e inglés, para que algunos no se lleven a equívoco.

«Hay que decir la verdad»

El problema es que la postura de los 27 respecto a este periodo transitorio es tremendamente dura para los intereses británicos. Grosso modo, Reino Unido seguirá como hasta ahora, con sus derechos y deberes, pero estando fuera de todos los órganos de decisión y teniendo que asumir, además, la legislación que la UE vaya aprobando. Y claro, Londres sigue sin comprender que la UE, en la práctica, le está haciendo un favor, que no tendría por qué aceptarlo.

«La existencia y el cumplimiento de nuestras cuatro libertades (personas, bienes, servicios y capitales) no es negociable», zanjó Barnier. No hay que olvidar que May anunció recientemente su voluntad de considerar ciudadanos de segunda a los europeos que se asienten en su país a partir del 29 de marzo de 2019, algo que no aceptarán ni los 27 ni el Parlamento Europeo, que tiene capacidad de veto sobre el acuerdo final. «Mientras se esté en la UE, se estará con todas las consecuencias. Beneficiándose del mercado único pero también acatando nuestras reglas», apostillan fuentes comunitarias.

Aunque se hable del futuro, el pasado sigue muy presente y aquí, el encaje entre las dos Irlandas es un quebradero de cabeza para el que Londres sigue sin proponer soluciones concretas que eviten la reinstauración de una frontera dura. «Es importante decir la verdad. Si Reino Unido no desea formar parte del mercado único ni de la unión aduanera, los controles aduaneros serán inevitables», recalcó el francés.

Michel Barnier también se refirió a la voluntad de los Veintisiete de aprobar algún tipo de cláusula para este periodo transitorio que sirva para cubrirse las espaldas en caso de que Reino Unido no cumpla lo pactado. Algo, obviamente, a lo que Londres se niega. «Es algo absolutamente normal incluir en un tratado internacional mecanismos eficaces de implementación y resolución de conflictos», explicó tras recordar que los mecanis los vigentes en los Tratados a través del Tribunal de Justicia de la UE no están preparados para este tipo de situaciones excepcionales.

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