El Gobierno francés culpa a las mafias del estallido de violencia en Calais

FERNANDO ITURRIBARRIA CORRESPONSAL PARÍS.

El Gobierno francés culpa a las mafias del tráfico de seres humanos de la explosión de violencia entre comunidades de inmigrantes africanas y asiáticas que ha causado una veintena de heridos, cinco de ellos por bala, en la región de Calais. Las autoridades han reforzado el dispositivo policial en una zona que permanece en una calma tensa, mientras mantienen la política de firmeza para evitar los pasos clandestinos en dirección a Reino Unido.

Los más graves enfrentamientos registrados hasta la fecha desde el estallido de la crisis migratoria se produjeron el jueves entre ciudadanos eritreos y afganos. Cinco jóvenes africanos, de edades de entre 16 y 18 años, resultaron alcanzados por disparos en el abdomen, las cervicales, el tórax y la médula espinal. Cuatro heridos por bala se encuentran graves y se teme por la vida de uno de ellos.

La Policía, que tuvo que intervenir para separar a los dos grupos, busca a un afgano de 37 años como autor de los disparos. Según el ministro del Interior, Gérard Collomb, que se desplazó a la zona, «la gente que tiró con revólver se trataba aparentemente de traficantes». «No es el migrante de base el que puede llevar encima un arma de fuego», observó. A su juicio, las mafias «están organizadas en bandas». Desde el 1 de enero ya han sido desmanteladas seis redes de traficantes de seres humanos, mientras que a lo largo de todo 2017 se desbarataron una veintena de tramas. «Salta a la vista que hay una escalada y no se puede hablar de fenómeno espontáneo», apuntó Collomb, quien resaltó que «la situación es extremadamente grave» y «nunca se había visto este grado de violencia en Calais». El último precedente de enfrentamientos con disparos ocurrió en noviembre entre traficantes kurdos y afganos y se saldó con cuatro heridos de bala. Fuentes policiales advierten de un recrudecimiento de la guerra de territorios entre comunidades, pero aseguran no haber detectado mafias entre los etíopes y eritreos. Los tratantes suelen cobrar 3.000 euros por el paso clandestino de la frontera, cifra que puede llegar a 20.000 si se aportan papeles falsos y un coche robado.

El Gobierno francés teme brotes de violencia aún más graves debido a la desesperación de la población de Calais ante un problema sin visos de solución. «Habrá gente al límite de los nervios que reaccionará ante esta presencia creciente y cada vez más violenta de un cierto número de migrantes que hoy están totalmente organizados en bandas», aventuró Collomb.

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