Más fronteras para el espacio Schengen

Bruselas quiere ampliar los controles excepcionales de dos a tres años y propone traer a la UE otros 50.000 refugiados

ADOLFO LORENTE CORRESPONSAL BRUSELAS.

Ayer tocaba seguridad e inmigración, quizá los dos grandes temas que más afinidad provoquen entre los 28 Estados de la UE. Con la resaca del ambicioso discurso pronunciado el día anterior por Emmanuel Macron, el Colegio de Comisarios se reunió en Bruselas para seguir lanzando la agenda que el presidente, Jean-Claude Juncker, dibujó en el reciente discurso sobre el estado de la Unión. Dos novedades. La primera, ampliar a tres años los controles fronterizos excepcionales dentro de Schengen, el espacio sin fronteras entre sus miembros. Y el segundo, proponer el reasentamiento «de un mínimo de 50.000 refugiados». Eso sí, de forma voluntaria, para no repetir el fracaso del programa de recolocaciones diseñado para Grecia e Italia.

Si algo ha quedado claro estos últimos años de 'policrisis' es que la ambición de la Comisión no se corresponde con la de las capitales, que en épocas turbulentas siempre tienden a plegar velas. Todo se cuestiona, incluso logros como Schengen. «Si muere, será el principio del fin de Europa», advirtió ayer de forma solemne el comisario de Migración, Asuntos de Interior y Ciudadanía, Dimitris Avramopoulos, siempre dado a este tipo de afirmaciones.

«Schengen es uno de los grandes logros de la integración europea y tenemos el firme compromiso de garantizarlo, preservarlo y reforzarlo (...) pero debemos hacer todo lo posible por preservar el delicado equilibrio entre la libre circulación y la seguridad», recalcó. ¿Cómo? Ampliando de dos a tres años el plazo máximo para permitir controles fronterizos excepcionales cuando se constaten deficiencias en la frontera exterior, como pasó en su día con Grecia.

El objetivo de Bruselas, además de evitar «abusos» a la hora de recurrir a esta medida, es focalizar el debate en el campo antiterrorista más que en el migratorio, cuya crisis ya parece haber quedado atrás. La propuesta, que ahora debe ser negociada con el Consejo y el Parlamento Europeo, atiende sólo en parte los requerimientos de Alemania, Francia, Austria, Dinamarca o Noruega, que habían pedido formalmente cuatro años.

Agilizar expulsiones

Respecto al capítulo migratorio, Bruselas vuelve a la carga pero corrigiendo los graves errores del pasado. Desaparecen las polémicas cuotas obligatorias que tanta división han provocado con el bloque del Este y ahora todo será voluntario llamando a la solidaridad de los Estados miembros. El objetivo es reasentar a al menos 50.000 refugiados que se encuentran en países terceros, como Turquía, Jordania o Líbano. La idea es habilitar una línea presupuestaria de 500 millones de apoyo a las capitales, lo que supondría una media de 10.000 euros por asilado.

¿Otro canto de sirena de la UE en favor de los refugiados? No tiene por qué. Lo que realmente ha fallado ha sido el recientemente finalizado programa de reubicación, cifrado en un principio para 160.000 refugiados y que luego se redujo a 98.255. Tras dos años en vigor, no se ha recolocado ni a 30.000 asilados procedentes de Italia y Grecia. No obstante, la Comisión espera que otras 8.000 personas viajen en las próximas semanas. Por contra, el programa de reasentamiento -traerlos de fuera de la UE ya identificados- ha funcionado mucho mejor al sumar 23.000 llegadas, casi las mismas de las previstas.

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