Europa despide al artífice de la Unión

El féretro de Helmut Kohl, en el hemiciclo del Parlamento Europeo, cubierto por la bandera. :: Patrick HERTZOG/ AFP

Estrasburgo celebra un emotivo acto para recordar los logros del excanciller alemán Helmut Kohl, que impulsó el Tratado de Maastricht

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

El homenaje en el corazón de la Europa que ayudó a construir y el funeral en la catedral alemana que siempre consideró su parroquia. El féretro con los restos mortales del excanciller federal Helmut Kohl recorrió ayer la distancia entre Estrasburgo, en Francia, y Espira, en el Palatinado alemán, para ser honrado por sus méritos históricos en el proceso de la reunificación alemana y de la integración del viejo continente. Cubierto por la bandera de la Unión Europea en el hemiciclo del Parlamento Europeo y por la alemana ante el altar de la mayor catedral románica del mundo.

Destacados dirigentes políticos activos y retirados, muchos de ellos coetáneos de Kohl cuando estaba en el poder, participaron en el emotivo acto en la ciudad alsaciana en el que se recordaron las virtudes y logros del hombre que gobernó Alemania 16 años y que impulsó la UE con el tratado de Maastricht, la ampliación al Este y la creación del euro. «Amé a este tipo», afirmó el expresidente estadounidense Bill Clinton en el más emotivo de los dircursos, a cuyo término se le escapó incluso una lágrima. «Quiso crear un mundo en el que nadie dominara a los demás», recordó Clinton, quien, dirigiéndose al féretro, señaló: «Lo hiciste bien en la vida y quienes pudimos estar contigo te queremos por ello».

En su intervención y como miembro del escogido grupo de antiguos amigos del difunto, el expresidente del Gobierno español, Felipe González, subrayó que le unió al canciller «una relación de fidelidad mutua» y que Kohl siempre luchó por una Alemania europea y rechazó la posibilidad de una Europa alemana. «Fue un gran patriota alemán y europeo», dijo a su vez el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker. El político luxemburgués recordó que vio a Kohl llorar de alegría en la cumbre de la UE que en 1997 acordó la ampliación al Este europeo. Juncker fue el organizador del homenaje por deseo expreso de la viuda y segunda esposa del excanciller, Maike Kohl-Richter, que asistió al acto de riguroso luto, con gafas de sol que ocultaban su mirada y un sombrero negro. El joven presidente francés, Emmanuel Macron, alabó las valientes decisiones tomadas por el antiguo líder conservador alemán «sin las que la generación actual no podría hoy tomar las propias», y la canciller federal, Angela Merkel, se inclinó con «agradecimiento y humildad» ante el féretro de quien fuera su padrino político. «Su intervención fue decisiva para que yo esté aquí. Gracias por la oportunidad que me dio en su momento», dijo la jefa del Gobierno germano.

La lista de personalidades entre el millar de invitados fue larga. Desde el rey emérito Juan Carlos I junto a la reina Sofía, a los primeros ministros de Israel, Gran Bretaña o Hungría, Benjamin Netanyahu, Theresa May y Viktor Orban. No acudieron, sin embargo, ni al homenaje en Estrasburgo ni al réquiem en Espira, Walter y Peter Kohl, los dos hijos del excanciller, enfrentados a la segunda mujer de su padre, y tampoco sus esposas ni los dos nietos del fallecido. Tras su muerte, la viuda del canciller no permitió que Walter Kohl y los nietos del líder conservador pudieran ver su cadáver.

Los únicos familiares directos del excanciller la acusan de impedir unos funerales de Estado en Alemania y un homenaje popular ante la Puerta de Brandeburgo. Y consideran una afrenta que Maike Kohl-Richter no permita que sus restos sean enterrados en el panteón familiar, donde reposan su primera esposa Hannelore y los propios padres del excanciller. «Queremos evitar que nuestra sola presencia dé a entender que aceptamos las cosas como son», dijo Walter Kohl para justificar su ausencia .

Caravana fúnebre

Al igual que en los últimos años de vida de Helmut Kohl, en los que le atendió en todo momento, la viuda acompañó su ferétro toda la jornada. Desde Estrasburgo voló en helicóptero hasta Ludwigshafen, la ciudad del excanciller, donde una caravana fúnebre permitió a sus antiguos vecinos despedirse, y de allí en un barco por el Rin hasta Espira, donde varios obispos alemanes celebraron el oficio fúnebre en presencia de invitados alemanes y extranjeros.

A su término, una unidad de honores del Bundeswehr, el ejército federal, cuyos miembros portaron el féretro durante toda la jornada, rindió homenaje militar al padre de la unidad alemana, que finalizó con la interpretación de la canción a los soldados caídos 'El buen camarada' y el repicar a muerto de las campanas de la catedral. Poco después los restos de Kohl eran enterrados en el histórico cementerio catedralicio en presencia de la viuda y un reducido grupo de amigos y allegados.

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