Otro domingo de infarto para la UE

Angela Merkel saluda al primer ministro italiano, Paolo Gentiloni. :: EFE/
Angela Merkel saluda al primer ministro italiano, Paolo Gentiloni. :: EFE

El futuro de la gran coalición alemana y las elecciones italianas son el penúltimo obstáculo para que el club por fin se reinvente

ADOLFO LORENTE

Bruselas. Vuelven los domingos de infarto en el club. Vuelve la incertidumbre, las dudas, la preocupación. «La hay, y mucha, para que vamos a engañarnos», confiesa a este periódico un alto cargo comunitario. «Pero somos optimistas, esto nada tiene que ver con lo sufrido en 2016, con el 'brexit' y Trump, y 2017, con las elecciones en Francia, Holanda o Austria. Eso sí que fue duro», matiza. Pese a todo, será un domingo sísmico con epicentro en Berlín y Roma. El orden obsesivo, por un lado, y el caos como 'modus vivendi', por el otro. Dos tipos de urnas dirimirán el futuro político inmediato de Alemania e Italia, dos formas antagónicas de entender una misma Europa, dos piezas esenciales para que el engranaje comunitario siga carburando. De ahí el miedo, de ahí la preocupación.

Son dos tipos de preocupación diferente y puestos a elegir, el sanedrín comunitario no tendría la menor duda en apostarlo todo para que el lío alemán se solucione de la mejor forma posible, es decir, que las bases socialdemócratas den luz verde a una nueva gran coalición con Angela Merkel. Lo de Italia... ¡Ay Italia! Los problemas para dirigir el país vienen de serie, son innatos, de ahí que aunque las encuestas barrunten de nuevo un país ingobernable tras las elecciones, este escenario es poco más o menos que mera rutina. Un dato: en los últimos 70 años, ha habido 65 gobiernos... ¡65! Casi a uno por año cuando las legislaturas son de cinco.

Pese a todo, hay preocupación. Así lo confesó recientemente el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, que advirtió de que «debemos prepararnos para el peor escenario, que Italia no tenga un Gobierno y que podría provocar una reacción fuerte de los mercados financieros en la segunda semana de marzo», alertó antes de confesar que está más preocupado por lo que pueda suceder en Italia que lo que ocurrirá en Alemania. Ojo, no porque sea más relevante, sino porque la reedición de la gran coalición es el escenario central pese a la dura oposición de las juventudes socialdemócratas.

LAS CLAVESEn Bruselas saben que el desgobierno italiano viene de serie; la clave es lo que suceda en Alemania Juncker ya ha advertido de que este mes puede haber «una reacción fuerte de los mercados»

Italia es el cuarto país de los Veintiocho (el tercero cuando se vaya Reino Unido), la tercera potencia de la moneda única y sus problemas pueden tener serias repercusiones en el conjunto de la Eurozona, sobre todo si consigue liderar el país el Movimiento 5 Estrellas, basado en un populismo antieuropeo de manual. Sin embargo, sus posibilidades de gobernar son mínimas, algo que se ve con cierto alivio por Bruselas. La situación es tal que ya se asume la resurrección de una figura tan esperpéntica como la de Silvio Berlusconi como el mejor mal menor. Otro populismo de manual, por cierto.

«Es un día clave para Europa ya que los resultados marcarán la ambición de reforma de la UE de aquí a a marzo de 2019», asegura Álvaro Imbernón, analista de la consultora de riesgo político quantio. «Es la prueba electoral definitiva para la UE tras un 2017 que reunía todos los ingredientes para haber pasado a la Historia como uno de los peores años del proceso de integración», apostilla Salvador Llaudes, investigador del Real Instituto Elcano.

El club vuelve a enfrentarse al eterno ahora o nunca pero lo hace con «el viento soplando a favor», como recuerda Juncker en todos sus grandes discursos. El optimismo ha vuelto. La duda es si será pasajero o lo hará para quedarse. «Se nos ha abierto una ventana de oportunidad que no se quedará abierta para siempre porque los nubarrones, volverán», advierte el luxemburgués.

Todo pendiente

Hay mucho trabajo por delante. «De que se ratifique el acuerdo alemán y de que el resultado en las elecciones italianas no sea catastrófico -es decir, que no ganen los euroescépticos- dependerá que todo lo que ahora está en 'stand by' pueda avanzar, como la gobernanza de la Eurozona, la política migratoria o la de ampliación, por no citar las negociaciones del Marco Financiero Plurianual o el 'brexit'», explica Llaudes, quien advierte de que las elecciones europeas de 2019 y todo el baile de cargos que llevarán aparejadas podría demorar todo 'sine die'.

Imbernón, por su parte, no destila tanto optimismo como el Ejecutivo comunitario. «En Bruselas cruzan los dedos para que la gran coalición alemana salga adelante y en Italia se forme un gobierno similar o técnico para impulsar el proceso de reforma. Sin embargo, las buenas noticias para el futuro de Europa en dos de sus principales ejes son escasas», asegura.

En Italia, explica, porque el «país que antaño fue cuna del europeísmo ve cómo las fuerzas euroescépticas se acercan al 50% en las encuestas mientras cala el discurso antiinmigración». Y en Alemania, porque «se reedite o no la gran coalición, el fin de la 'era Merkel' caracterizada por la estabilidad y los grandes consensos parece asegurado», apostilla.

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