La UE desdeña a Londres por sus «ilusiones» en el 'Brexit'

Barnier advierte de que el periodo transitorio que ha pedido Reino Unido no está garantizado y si al final lo hay será corto y acotado en el tiempo

ADOLFO LORENTE BRUSELAS.

Hay una frase que Michel Barnier repite constantemente y que aunque pueda pasar desapercibida, es la clave de bóveda de lo que está sucediendo en las negociaciones del 'brexit'. «Es algo que decidieron ellos, Reino Unido, no nosotros», insiste el francés. Si todo esto está sucediendo, sugiere el negociador jefe comunitario, no es por la 'perversa' UE que durante tanto tiempo alimentaron líderes como David Cameron, sino porque Londres abanderó un referéndum que ahora trae estos lamentos. «Ellos tienen el problema, ellos tienen todas las de peder y ellos son los que deben plantear soluciones a los problemas creados por ellos mismos», resume el mantra de los Veintisiete. El ellos contra el nosotros. Y 27 contra uno es demasiada diferencia, incluso para el orgullo británico. Porque en Bruselas, además, conviene no olvidar que David jamás gana a Goliat. Nunca.

«El reloj sigue corriendo. Estoy realmente preocupado. El tiempo pasa y para octubre debemos tener cerrado un acuerdo para una salida ordenada de Reino Unido el 29 de marzo de 2019», recalcó ayer Barnier. Lo hizo al término del Consejo de Asuntos Generales sobre el Artículo 50 (regula cómo se sale del club) en el que los Estados miembros remarcaron sus líneas rojas al Gobierno británico liderado por una Theresa May que tiene un jaleo enorme en su propia casa (los 'tories') y a los laboristas decididos a pasar al ataque apostando por un 'brexit' blando. «La verdad es que ser May no tiene que ser nada fácil», ironizan fuentes diplomáticas.

El negociador jefe hizo suyas las recientes declaraciones que el presidente del Consejo, Donald Tusk, realizó tras la cumbre de la semana pasada y aseguró que es «ilusorio» pensar que Reino Unido tendrá un acceso a la carta del mercado único. «Ellos (siempre el ellos) han propuesto un periodo transitorio y en ese periodo, obviamente, se respetará la totalidad del acervo comunitario, con sus derechos y sus obligaciones», recalcó.

Este periodo transitorio «que a día de hoy no está garantizado» es un balón de oxígeno que la Unión está dispuesta a conceder a Londres para que pueda organizar con algo más de tiempo cómo será su futuro fuera del paraguas comunitario. Bruselas lo tiene claro. «Debe ser un periodo corto y cerrado», insistió Barnier antes de recordar que su propuesta es que vaya del 29 de marzo de 2019 al 31 de diciembre de 2020, cuando expira el marco financiero plurianual actual. «No es posible que sea abierto», zanjó en un intento de acabar con un debate que se está impulsando desde Londres y que sugiere que la transición podría dilatarse 'sine die'.

El problema irlandés

Otro de los temas que generan una fuerte controversia entre ambos bloques se refiere a los derechos ciudadanos. May ya ha anunciado que quiere europeos de primera y de segunda, que aquellos que lleguen durante el periodo transitorio no tendrán los mismos derechos que los ciudadanos que lo hayan hecho antes del 29 de marzo de 2018. «No lo aceptaremos. La libertad de circulación de las personas dentro de la UE es innegociable», recalcó Barnier. Así lo ha dicho también el Parlamento Europeo, que ha tomado este asunto como su bandera. La Eurocámara no cederá y no hay que olvidar que tiene capacidad de veto sobre cualquier acuerdo que cierren Bruselas y Londres. Sin su plácet, no hay nada qué hacer.

Si ayer se habló y mucho del 'brexit' en el Consejo, hoy le tocará el turno a la Comisión. El Colegio de Comisarios debatirá y aprobará el texto jurídico de 120 páginas y 168 artículos que emana del acuerdo político sobre la retirada alcanzado entre Jean-Claude Juncker y Theresa May en diciembre. Lo que se dijo fue que se habían producido los «avances suficientes» para poder comenzar la negociación sobre el futuro, pero no todo está cerrado, como se encargó de recordar Barnier. «No se han producido avances desde entonces», lamentó. Hay tres grandes asuntos. Los derechos de los europeos afectados; la factura que Londres deberá pagar, y la cuestión irlandesa, el gran problema.

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