Cordón sanitario para aislar a la AfD en el Bundestag

Schäuble recibió su acreditación de manos de Merkel. :: REUTERS/
Schäuble recibió su acreditación de manos de Merkel. :: REUTERS

El Parlamento alemán, presidido por el exministro de Finanzas Schäuble, se unen para frenar las iniciativas de la ultraderecha

MARÍA MOLINOS BERLÍN.

La ultraderecha y el exministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, se convirtieron ayer en los protagonistas de la sesión constitutiva del nuevo Parlamento alemán. La primera, por irrumpir en el Bundestag tras su éxito electoral y por su soledad parlamentaria. El segundo, por su salto de guardián de la ortodoxia fiscal a dique ante la ultraderecha.

La jornada, celebrada justo un mes después de las elecciones, estuvo a su vez marcada por las negociaciones iniciadas la semana pasada para formar una coalición de gobierno. El bloque conservador que apoya a la canciller Angela Merkel sigue buscando puntos de entendimiento con el Partido Liberal (FDP) y Los Verdes para alcanzar un acuerdo que permita formar una inédita alianza tripartita, especialmente compleja por sus diferencias políticas.

La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), tercera fuerza política en el Bundestag con 92 escaños y primera de su signo en siete décadas con presencia parlamentaria, chocó desde el primer momento con el resto de fuerzas, que han trazado a su alrededor un cordón sanitario. Su primera petición parlamentaria, una cuestión de mero procedimiento, fue rechazada unánimemente. De seguido los parlamentarios impidieron de forma mayoritaria que AfD pudiese colocar en la vicepresidencia que les corresponde al candidato que habían elegido. Los ultraderechistas quería situar en ese puesto a Albrecht Gläser, pero el resto de diputados lo impidieron en tres votaciones consecutivas. Para la mayoría no era aceptable ese candidato, que ha pedido retirar la libertad religiosa para los musulmanes alegando que su religión «no la reconoce ni respeta».

El doble revés creó ya las primeras tensiones de una legislatura que se prevé bronca por la irrupción de la ultraderecha y por el fraccionamiento del arco parlamentario, el más diverso en décadas, con siete partidos. Schäuble, consciente de los cuatro años que tiene por delante, abordó la cuestión en su primer discurso como presidente. «La controversia política es necesaria, pero cumple unas reglas y en ellas está incluida la voluntad de respetar los procedimientos democráticos», aseguró.

Cambios en la sociedad

El exministro de Finanzas, que obtuvo 501 votos a favor de los 704 posibles, reconoció que ha habido pocas cámaras «tan distintas de su predecesora como esta», algo que a su juicio «refleja los cambios que atraviesa» la sociedad alemana. Además, defendió el parlamentarismo como forma de expresión de la democracia representativa. En el Bundestag, dijo, «late el corazón de la democracia».

A la sesión constitutiva, que se prolongó durante seis horas por la triple votación del candidato fallido de AfD, siguió la segunda reunión entre el bloque conservador de la Unión Cristianodemócrata y la Unión Socialcristiana (CDU/CSU) con el FDP y Los Verdes para a la formación de un Gobierno de coalición. Tras los tanteos iniciales de la semana pasada, el de ayer fue el primer encuentro temático. Sobre la mesa, política presupuestaria y fiscal.

Las diferencias en este ámbito son evidentes entre las tres formaciones y pueden suponer un verdadero escollo en la negociación. Los liberales abogan por una significativa bajada de impuestos, mientras los verdes quieren mantener las subvenciones a las renovables y mantener el impuesto de solidaridad entre el este y el oeste del país. Además, todos los partidos aspiran a quedarse con la cartera de Finanzas.

Que los conservadores promovieran a Schäuble a la presidencia del Bundestag fue un guiño al resto de fuerzas antes de las conversaciones. Pero en absoluto una cesión preventiva de un puesto clave.

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