Contrario a barreras, entiende el miedo de los países de acogida

R. C. ROMA.

Horas antes de emprender rumbo a Latinoamérica, el Papa condenó las políticas que levantan «barreras» ante más de 4.000 migrantes, al tiempo que reconoció el «miedo legítimo» de las comunidades locales, añadiendo que este temor no debe alimentar el odio y la confrontación recíprocos. Francisco hizo estas consideraciones durante una misa en el Vaticano en la que participaron varios refugiados con motivo de Jornada Mundial de los Inmigrantes.

«No es fácil entrar en la cultura que nos es ajena, ponernos en el lugar de personas tan diferentes a nosotros, comprender sus pensamientos y sus experiencias», argumentó el Pontífice. A continuación, lamentó que, frente a este obstáculo, la respuesta sea renunciar «al encuentro con el otro» y «levantar barreras» para defenderse.

Ante la comunidad de migrantes que asistió a la celebración de la Eucaristía, Francisco destacó: «Las comunidades locales, a veces, temen que los recién llegados perturben el orden establecido, 'roben' algo construido con esfuerzo. Incluso los recién llegados tienen miedos: temen la confrontación, la discriminación». Por ello, les instó a «conocer y respetar las leyes, la cultura y las tradiciones de los países que les han acogido» y también a comprender sus miedos. «Tener dudas y temores no es un pecado».

Sin embargo, concluyó: «El pecado es dejar que estos miedos determinen nuestras respuestas, comprometan el respeto, alimenten el odio y el rechazo». Según el Papa, el pecado es renunciar al encuentro «con aquel que es diferente, con el prójimo, que en realidad es una oportunidad privilegiada de encontrarse con el Señor».

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