Bruselas se harta de Polonia y aprieta el 'botón nuclear' para castigar su autoritarismo

Protesta del día 14 contra las reformas judiciales. :: J. S. / AFP/
Protesta del día 14 contra las reformas judiciales. :: J. S. / AFP

La Comisión Europea pone en marcha un procedimiento inédito para retirar a Varsovia el voto, que Hungría promete bloquear

ADOLFO LORENTE BRUSELAS

El llamado 'botón nuclear' está definido en el artículo 7 de los Tratados y ayer, por primera vez desde la fundación de la Unión Europea, la Comisión lo pulsó después de que Polonia haya gastado la paciencia cuasi infinita de Bruselas, que ha puesto en marcha el mecanismo para retirar a ese país el derecho a voto en el seno de la Unión.

El Ejecutivo comunitario no quería hacerlo, pero Varsovia, tras dos años haciendo oídos sordos a los llamamientos de Bruselas, se ha empeñado en hacer historia. Su Gobierno, a juicio de la Comisión, pone en peligro la esencia misma del Estado de Derecho con sus reformas legales para controlar la justicia. Ahora, la pelota pasa al campo del Consejo, donde los 28 deberán decidir si finalmente se atreven con la vía sancionadora los derechos de voto polaco.

Polonia venía irritando a la mayoría de sus socios. Pero no está sola. Hungría, que ha sido seriamente advertida por su deriva autoritaria, anunció auer que bloqueará el proceso de castigo a Varsovia y denunció lo que considera una «violación severa de la soberanía polaca».

«No había otra elección. La situación no es que no ha mejorado, es que ha empeorado. Hemos concluido que existe un riesgo serio de que se produzca una brecha en el Estado de Derecho. Si se vulnera o se limita la separación de poderes, se acaba con el Estado de Derecho y con la propia esencia de la Unión Europea», advirtió ayer el vicepresidente primerode la Comisión, Frans Timmermans.

Tras reiterar su oferta al diálogo «las 24 horas del día y los 7 días de la semana», anunció que si el Gobierno de Varsovia da avances en la dirección correcta, podrían replantaerse la decisión previa consulta con el Parlamento Europeo y el Consejo. Pero Varsovia parace muy lejos de dar marcha atrás y respondió al anuncio de Timmermans con el de su presidente, Andrzej Duda, de que había firmado las dos leyes objeto de la reprobación comunitaria y de un amplio sector de la sociedad polaca, que se ha manifestado repetidamente en las calles contra estas normas y, en general, el autoritarismo del Gobierno, dirigido en la sombra por Jaroslaw Kaczynski.

Fuerza desintegradora

El Ejecutivo, liderado por el ultraconservador partido Ley y Justicia (PiS), ha hecho de su cruzada antieuropea su mejor arma electoral dentro de casa. Obviamente, no cuenta los miles de millones que recibe de la UE en concepto de fondos estructurales.

Atrapado entre dos fuegos, el presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, dijo confiar en que el actual Gobierno de Varsovia «entre en razón y no busque el conflicto a cualquier precio en un asunto que simplemente está equivocado». Añadió que actualmente se ve a Polonia como «una fuerza desintegradora» en el este de Europa y por ello es «importante acabar con la esta devastación (...) de la reputación polaca».

Timmermans, preguntado sobre si no temen que la decisión adoptad fomente la eurofobia, Timmermans admitió que «intentarán usarla de esta forma», pero recalcó que «lo hacemos por Polonia y por los polacos». «Todos los europeos tienen derecho a una Justicia independiente. Cuando estás en un todo como la UE, este tipo de asuntos no son nacionales, nos afectan a todos», apostilló.

Lo que ayer hizo el Ejecutivo comunitario fue proponer al Consejo Europeo la activación del artículo 7. Nada más (y nada menos). ¿Habrá sanciones? Lo más probable, pese a todo, es que no. ¿Por qué? Porque el artículo 7 puede ser activado por una mayoría de cuatro quintos (algo más que factible), pero para seguir el procedimiento y concretar las sanciones hace falta la «unanimidad» de los 28.

Sí, unanimidad, de nuevo la palabra maldita que bloquea muchas de las iniciatuvas comunitarias. ¿Alguien piensa que los otros tres países del Visegrado (Hungría, Eslovaquia y República Checa) lo van a permitir? De momento, el primer ministro húngaro, Viktor Orban, ya anunció hace tiempo que se opondrá a esta «ofensiva inquisitorial» de Bruselas.

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