Bolzano, «lo mejor de Italia y Austria»

Las calles y el ambiente de Bolzano recuerdan a cualquier ciudad del centro o norte de Europa, y poco tienen que ver con Roma. :: R. c./
Las calles y el ambiente de Bolzano recuerdan a cualquier ciudad del centro o norte de Europa, y poco tienen que ver con Roma. :: R. c.

La región transalpina del Alto Adigio, donde los germanófonos son mayoría, es un modelo de convivencia con amplio nivel de autogobierno

DARÍO MENOR ROMA.

«Aquí se vive muy bien. Tenemos lo mejor de Italia y lo mejor de los países de cultura germánica. Todo el mundo habla alemán e italiano y muchos también inglés. Somos gente seria y a la hora de trabajar es como estar en Alemania o Austria, pero el trato es más abierto y cordial. Y encima el entorno natural es paradisíaco por estar en medio de los Alpes. Somos unos privilegiados». En unas pocas frases Elisabeth describe la situación del Alto Adigio o Tirol del Sur, el único territorio italiano donde vive una mayoría germanófona.

No es ilusorio sentirse un privilegiado: esta rica provincia cuenta con un enorme nivel de autogobierno y goza de una estupenda coexistencia entre sus dos comunidades principales, la de lengua alemana y la de lengua italiana. Hay además una pequeña minoría que habla ladino, un idioma diferente al añejo español de los judíos sefardíes pese a compartir el mismo nombre. «La mejor prueba del éxito de convivencia es la gran cantidad de matrimonios mixtos. Cuando yo era joven era muy inusual y a mis padres no les hubiera gustado que saliera con un chico de lengua italiana, pero ahora es de lo más normal», cuenta esta mujer de mediana edad que trabaja como funcionaria en el Gobierno provincial.

Desde Austria se mira con nostalgia a este territorio que perteneció al Imperio Austrohúngaro hasta el final de la I Guerra Mundial y que el fascismo 'italianizó' con población de otras regiones e incluso cambiando los nombres topográficos y los apellidos de los habitantes originarios. Un acuerdo internacional protege hoy su autonomía y el respeto a la cultura de los germanófonos (60% del medio millón de habitantes), lo que no impide que Viena interfiera de vez en cuando. La última fue el pasado diciembre, cuando el nuevo Gobierno propuso entregar un pasaporte austríaco a la población de lengua alemana del Alto Adigio. La medida, curiosamente, no interesa a nadie por las calles de Bolzano.

«Yo me siento europeo e italiano. Estamos bien como estamos, no necesitamos que los políticos se metan en nuestra vida. Y menos aún los de otro país», advierte Karl Peer, propietario de un puesto de quesos y fiambres en el mercado de la capital altoatesina. Vende productos tradicionales como el speck, el jamón ahumado típico de esta zona de los Alpes. «Yo no sé qué íbamos a ganar con un segundo pasaporte. Me siento italiana y sudtirolesa. Son otros los problemas que tenemos, como la integración de los inmigrantes», dice por su parte Martha, maestra en una escuela. «En los valles se habla más alemán y en la ciudad más italiano, pero los niños crecen con los dos idiomas», cuenta mientras compra en un puesto de verduras, regentado por un albanés que concuerda con el éxito de convivencia que supone el Alto Adigio.

«La población ve al Estado italiano como un amigo porque respeta nuestra autonomía, que para nosotros es fundamental. Tenemos un régimen fiscal similar al del País Vasco o Navarra», explica el historiador Hans Heiss. «A Roma se la ve como la capital de una nación a menudo ingobernable frente a una región gobernable y con mentalidad teutónica».

Estatus fuera de debate

Es fácil que el visitante comparta esta impresión: las calles, los edificios y el ambiente de Bolzano recuerdan a los de cualquier ciudad del centro o norte de Europa y poco tienen que ver con el caos de la capital italiana. Buscar ya conexiones con Nápoles o Palermo requiere un ulterior esfuerzo de la imaginación. «La relación con el Estado seguirá siendo buena mientras no se toque la autonomía. Veremos qué pasa con el Gobierno que salga de las próximas elecciones», dice Heiss. Por fortuna para los habitantes del Alto Adigio, ninguna de las formaciones que concurren en los comicios del 4 de marzo ha planteado una revisión de su estatus. Nadie quiere tocar un sistema que funciona y mantiene calmadas las pulsiones nacionalistas.

Para Matteo Renzi, exprimer ministro y candidato del Partido Democrático, la situación de esta tierra es un ejemplo a seguir. Durante la cumbre entre países europeos y asiáticos celebrada en Milán en noviembre de 2014, Renzi propuso al presidente ruso, Vladímir Putin, y a su homólogo ucraniano, Petro Poroshenko, que aplicaran el modelo del Alto Adigio en las regiones que ambas naciones disputan en Ucrania oriental.

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