Assange pierde el primer pulso para poner fin a su reclusión en la embajada de Ecuador en Londres

ÍÑIGO GURRUCHAGA CORRESPONSAL

londres. Una magistrada inglesa responsable de juzgar casos de extradición, Emma Arbuthnot, rechazó ayer la retirada de la orden de detención que pesa sobre el patrón de Wikileaks, Julian Assange, pero ha dejado pendiente para el día 13 la sentencia sobre los argumentos adicionales de sus abogados para lograr que acabe su reclusión en la embajada de Ecuador en Londres.

El fallo negativo para Assange se centra en el primer argumento de la defensa, que señalaba que, una vez que Suecia retiró el pasado mayo su petición a Londres de extraditarlo para ser interrogado por dos supuestos delitos de violación, no tiene sentido la orden británica de detención por incumplir las condiciones de su libertad mientras se decidía aquel caso.

Arbuthnot no ve mérito en el argumento y afirma en su breve sentencia que el posible delito por quebrar la libertad condicional y por negarse a presentarse en una comisaría de Policía tiene entidad propia, no está simplemente asociado a la demanda de extradición. Assange debe entregarse y defender sus motivaciones y su inocencia.

En su cuenta de Twitter, Assange denunció poco después que la mayoría de medios de comunicación de todo el mundo, dada la notoriedad de su caso, estaban divulgado «noticias falsas» al dar esa sentencia de la magistrada del juzgado de Westminster como la última palabra del caso. Era parcialmente cierto. A su defensor, Mark Summers, le quedaban otros argumentos.

Pide la anulación del proceso por cuatro razones. La primera, que estaba justificada su huida porque hay una trama para extraditarlo a Estados Unidos, que secretamente le habría ya inculpado. La segunda es que el Grupo sobre Detención Arbitraria de la ONU, el mismo al que un abogado inglés llevará el arresto de dirigentes del independentismo catalán, ha dictaminado en su favor. El tercer argumento es que el hecho de que se refugiase en la embajada de Ecuador no impedía la continuación del proceso de extradición, porque las autoridades suecas pudieron interrogarlo allí. Y el cuarto es que lleva cinco años y medio recluido y que ese es ya un castigo severo, cuando la máxima pena por evadir la libertad condicional de un procesado es de seis meses.

Los argumentos parecen débiles y Arbuthnot no aceptó las menciones de Summers a la mala salud de Assange. Tiene acceso a un balcón, dijo la jueza, y puede ser atendido en un hospital penitenciario.

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