El amigo belga del 'procés' sume al Gobierno en una crisis

La oposición exige el cese del titular de Migración, por la repatriación de sudaneses mientras defendía un posible asilo de Carles Puigdemont

ADOLFO LORENTE

bruselas. No se trata de hablar del enésimo conato de crisis política en Bélgica. Si solo fuera por esto, los hechos quizá ni alcanzarían el rango de noticia en la prensa española. Rutina. El 'efecto Puigdemont' vuelve a las andadas. Y es que Bélgica también tiene a su particular Gabriel Rufián. Polémico, radical y, a diferencia del diputado de ERC, con demasiados tics xenófobos. Nacionalista flamenco hasta la médula y 'hooligan' del 'procés', se llama Theo Francken, es secretario de Estado de Asilo y Migración con rango de ministro y como suele acostumbrar, la ha vuelto a liar. Tanto, que el cuatripartito Gobierno belga liderado por el francófono liberal Charles Michel ha quedado en la cuerda floja. Y es que para Francken, la dictadura de Sudán es poco menos que el paraíso frente a la oprimida Cataluña.

Desde el prisma español, esta historia comienza el pasado 29 de octubre, a eso de las 9 de la mañana. En la típica entrevista radiofónica dominical de todo político, Francken sorprendió avalando la posibilidad de que Bélgica concediese el asilo a Carles Puigdemont y su Govern, por aquel entonces a punto de comenzar la desbandada. Muy pocos dieron credibilidad a sus palabras más allá del interés de polemizar con Madrid. De hecho, Michel le recriminó en público para que dejase de echar gasolina al fuego. Al día siguiente, el expresident llegó a Bruselas, donde aún reside. Sabía de lo que hablaba.

«Viendo la represión de Madrid y penas que se mencionan, es para preguntarse si tendrá juicio justo. Los catalanes que se sienten políticamente amenazados pueden solicitar asilo en Bélgica. Puigdemont también pertenece a ellos. Eso es totalmente legal», zanjó. Incluso a posteriori no ha tenido reparos en asegurar que en España existen «presos políticos».

¿Qué ha ocurrido ahora? La polémica no está directamente relacionada con Cataluña, pero la forma de proceder de Francken sí evidencia el doble rasero y el favoritismo ideológico empleado en materia de asilo para concedérselo a presuntos refugiados políticos perseguidos en sus países de origen. Hace ya algún tiempo acordó con el Gobierno dictatorial de Sudán la repatriación de diez de sus nacionales que se encontraban en territorio belga. El problema es que a su vuelta, algunas de estas personas han sufrido torturas, unos hechos muy graves perseguidos a nivel internacional que es precisamente lo que busca evitar el asilo y lo que debería haber garantizado Bélgica cuando acordó este retorno.

El tema ya ha entrado en arena judicial, aunque parece que no será Paul Bekaert, el abogado especializado en derechos humanos que defiende al expresident de la Generalitat, quien defienda a estos sudaneses anónimos. En el terreno político, la oposición ha tardado medio segundo en exigir la dimisión de Theo Francken, que de momento sigue en el cargo.

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