Los 27 dan aire a May pero exigen su parte

Theresa May posa su mano en la espalda del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en la segunda jornada de la cumbre europea. :: virginia mayo / efe
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Theresa May posa su mano en la espalda del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en la segunda jornada de la cumbre europea. :: virginia mayo / efe

La 'premier' pide a Berlín y París un acuerdo que pueda 'vender' en su país y que le saldrá más caro de los 20.000 millones ofrecidos

ADOLFO LORENTE CORRESPONSAL BRUSELAS

No a la defensiva, ni mucho menos, pero los 27 si llegaron a la cumbre a la expectativa. Hay calma chicha. Por una vez, los vientos soplan de cola para la Unión Europea. Quizá sufra con el 'brexit', sí, pero si alguien tiene todas las de perder es Reino Unido. No es una sensación, son realidades. Así lo corrobora el hecho de que al filo de la medianoche del jueves, su primera ministra, Theresa May, levantase un poquito más la bandera blanca que comenzó a izar en Florencia el 22 de septiembre. Sigue reculando.

Pidió a sus socios que le ayuden a alcanzar un acuerdo de mínimos que pueda 'vender' en su casa sin encolerizar a los 'hooligans' euroescepticos, muchos en sus propias filas. May tendió la mano el jueves y ayer, los 27 se la tomaron anunciando que inician los trabajos internos para afrontar la segunda fase de la negociación, es decir, el futuro acuerdo comercial entre ambos bloques, algo que Londres siempre ha pedido y que pensaba ya lograr en esta cumbre. Ojo, no deja de ser un guiño, pero hay gestos y gestos y éste tiene su enjundia.

La 'operación seducción' parece haber tenido su efecto a la espera de que Londres concrete por fin el dinero que está dispuesto a pagar por su espantada. De momento, ha hablado de 20.000 millones, «migajas» para los 27, que piden el triple. Es la única forma de que todo avance en la cumbre de diciembre, advierton ayer al unísono la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron. Se felicitaron de los gestos realizados por May pero advirtieron que aún debe hacer un «esfuerzos financiero importante». Primero, el divorcio, y después, el resto. Sólo se hablará del futuro cuando se pongan más dinero encima de la mesa «para honrar los compromisos ya adquiridos».

LA CLAVE Aceptan empezar a debatir de forma interna el futuro acuerdo comercial de cara a la cumbre de diciembre

«Me parece exagerado hablar de punto muerto o estancamiento en la negociación, que no se hayan dado los progresos suficientes para pasar a la segunda fase no significa que no se den progresos», recalcó el presidente del Consejo, Donald Tusk, que desayunó a solas con May. Esta frase tiene una enorme relevancia ya que fue el negociador europeo, Michel Barnier, quien había advertido de ello hace solo una semana. Por su parte, el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, volvió a defender la necesidad de llegar a un acuerdo «justo» y dijo que «odia» el runrún sobre el escenario del no acuerdo lanzando desde Londres. «Quienes lo hacen deberían explicar a su opinión pública las consecuencias», dijo.

«Solo queremos que May nos ayude a ayudarle», confesaba un veterano diplomático antes de la cumbre. Así fue. Nada de estridencias ni tonos amenazantes. Diplomacia y diálogo en busca del mejor de los peores acuerdos. Porque el 'brexit' es el mal menor, un mal negocio que los británicos eligieron. Ellos y nadie más que ellos, así que la UE está dispuesta a ayudar pero hasta cierto punto. «Solo faltaba que tengamos que sacar las castañas del fuego a Londres o al Gobierno 'tory' después de todo lo que han dicho de nosotros», advierten fuentes comunitarias

El de ayer no fue un desayuno agradable para May. Un apunte. El influyente 'Financial Times' arrancaba su crónica de la noche anterior con un «May había rogado a la UE...». Durísimo, pero no el único. La gran mayoría coincidía en subrayar que la 'premier' había «implorado» a Merkel y Macron que le ayuden a alcanzar un pacto de mínimos 'vendible' en su casa. Pese a las críticas, compareció ante los medios antes de marcharse a Londres para hablar de «ambición» o «optimismo». Eso sí, del dinero nada de nada. No hay nuevas cifras que aportar, pero sí recordó que asumirá sus responsabilidades.

Ojo, también recalcó que esta cuantía debe ir relacionada con el futuro acuerdo comercial. Algo así como te pagaré en función de cómo me vayas a tratar tras el 'brexit'. Aquí es donde se juega la partida del divorcio, la llamada primera fase: factura, derechos ciudadanos e Irlanda. Hay tímidos acuerdos, pero el pacto final es una quimera a día de hoy.

De lo que se trata es de salvar los muebles antes del 29 de marzo de 2019, el día del adiós, la hora del histórico portazo. May vuelve a ganar algo de tiempo pero se equivocaría de lleno si lo emplea (ella o los suyos, sobre todo) para lanzar más dardos hacia Bruselas. El oxígeno simplemente es para que siga acercándose a las exigencias comunitarias.

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