La UE acorrala a May con un acuerdo de salida que podría dinamitar el 'Brexit'

La primera ministra británica, Theresa May. :: P. N. / reuters/
La primera ministra británica, Theresa May. :: P. N. / reuters

La Comisión desata la ira británica al proponer que Irlanda del Norte siga dentro del marco aduanero de los 27

ADOLFO LORENTE BRUSELAS.

Pintan bastos. Otra vez, sí. El estado de ánimo en el que se ha convertido la negociación del 'Brexit' transita desde hace ya algún tiempo por un túnel infinito y oscuro de vía única donde los destellos que se vislumbran no son los de la salida, sino los de otro tren que circula en sentido contrario, sin frenos y a toda velocidad. El temido choque entre los Veintisiete y Reino Unido parece inevitable después de conocerse el documento legal de salida presentado ayer por la Comisión y que Londres, por boca de su primera ministra, Theresa May, censuró 'ipso facto' asegurando que jamás lo aceptará al poner en riesgo la integridad territorial del país. El futuro rol de Irlanda del Norte es el gran escollo que puede hacer saltar todo por los aires. «Nunca voy de farol», advirtió el negociador jefe, Michel Barnier.

Si se habla de Bruselas, no crea en las casualidades. Ayer, 48 horas antes de que May dé el esperado discurso sobre su relación futura con la UE, el club decidió mover ficha y marcar el terreno. Porque la presentación de ayer podría haber esperado perfectamente a la semana que viene. Pero no. El Colegio de Comisarios aprobó el borrador de un documento histórico que resume en 118 páginas, 168 artículos y un protocolo cómo será la primera salida de un Estado miembro de la Unión. Lo que se ha hecho es traducir a lenguaje jurídico el acuerdo político alcanzado en diciembre entre May y el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker.

El texto aún no será entregado a la delegación británica ya que antes deberá ser perfilado por las capitales y el Parlamento Europeo. Sin embargo, su presentación ha provocado un tsunami en la negociación a nivel global y, por supuesto, a nivel local, con una clase política británica muy dividida. «No se trata de una provocación. No cuestionamos el orden constitucional de Reino Unido. Lo respetaremos», dijo Barnier.

«El que ha querido salir de la UE ha sido Reino Unido. Ellos fueron los que fijaron la fecha de salida y, por cierto, estamos a trece meses de ella... ¡Solo trece meses! ¿Cómo voy a querer provocar a nadie? No hay arrogancia por mi parte como he leído en algún lado. Ninguna. Hay un respeto enorme. Se trata de buscar soluciones realistas con tranquilidad y pragmatismo», apostilló el francés.

Periodo transitorio

Aunque existen aún bastantes y complejas discrepancias, sobre todo en lo relacionado con el acuerdo del periodo transitorio (el que va del 30 de marzo de 2019, cuando se produzca la salida oficial, hasta el 31 de diciembre de 2020, fecha propuesta para la salida real), la relación entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte ha copado el debate.

¿Por qué la indignación británica? Porque Bruselas, viendo que Londres sigue sin plantear soluciones, cree que el escenario ideal para evitar la temida frontera dura y salvaguardar el Acuerdo de paz del Viernes Santo es crear una frontera aduanera en el Mar de Irlanda. Es decir, que Ulster continúe bajo el dictado del mercado único comunitario.

La respuesta de May no se hizo esperar: «El borrador, si se aplica, socavaría el mercado común de Reino Unido y pondría en riesgo su integridad territorial al crear aduanas y una frontera regulatoria en el Mar de Irlanda. Ningún primer ministro británico podría aceptarlo», zanjó.

«Son principios jurídicos, soluciones concretas y realistas. No hay sorpresas. Hay que acelerar el ritmo de la negociación si queremos una salida ordenada. Siempre he defendido que no deberíamos subestimar las duras consecuencias sociales, humanas o financieras que esto iba a provocar», replicó el francés.

El documento también expone las líneas rojas para el periodo transitorio. «Sigue habiendo divergencias, excesivas... Demasiadas», admitió un «preocupado» Barnier. Los 27 se niegan a prolongarlo 'sine die' y advierten de que Reino Unido, durante todo este tiempo, tendrá los mismos derechos y deberes que el resto de Estados miembros. Hay más. Quedará bajo el paraguas legislativo de la UE pero sin formar parte de sus órganos de poder y teniendo que asumir cualquier norma que se vaya aprobando.

«A estas alturas deberían conocerme. Nunca voy de farol. Es una ilusión pensar que la UE puede aceptar una lista de la compra a la carta. Reino Unido sabe lo que somos porque lo hemos sido juntos, conoce las reglas. Para la UE, hay asuntos innegociables», subrayó Barnier.

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