La CSU da un ultimátum a Merkel para aplicar mano dura con la inmigración

El ministro de Interior hace tambalear la alianza de gobierno y fija el lunes como límite para decidir la puesta en marcha del blindaje de las fronteras

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

Las guerra intestina por la política de refugiados y migración que sacude los cimientos de la hermandad conservadora en Alemania -la Unión de los cristianodemócratas (CDU) que preside la canciller, Angela Merkel, y los socialcristianos (CSU) bávaros que lidera el ministro del Interior, Horst Seehofer- degeneró ayer en confrontación abierta y en un pulso de poder. Ambos se encuentran enrocados y se hacen fuertes en sus respectivas posturas.

Merkel desea aguardar a la cumbre de la Unión Europea a finales de mes para consensuar una política común en tan conflictiva materia y Seehofer no quiere esperar para imponer su plan de controlar a rajatabla las fronteras germanas y devolver al punto de partida a los refugiados que fueron registrados en otros países a su entrada en la UE. Algo así equivaldría a dejar en suspenso los acuerdos de Schengen, acabar con la libre circulación de personas y llevar al colapso a socios como Grecia e Italia, desbordados por los 'sin papeles'.

La suspensión inesperada del pleno del Bundestag al mediodía y la insólita reunión por separado de los diputados de la Unión -por un lado los de la CDU y por otro los de la CSU- certificó la división entre los conservadores y la seria amenaza de una ruptura. «Apesta a divorcio», se oía comentar en los pasillos del Reichstag. Al término de la cita con sus correligionarios, el jefe del grupo bávaro, Alexander Dobrindt, rechazó todas las propuestas de Merkel para llegar a un acuerdo y marcó un plazo para que la CDU trague con su iniciativa.

Angela MerkelHorst Seehofer

Dobrindt afirmó que parte del «plan maestro» para una severa política de refugiados y migración elaborado por Seehofer -quien suspendió su presentación este lunes por sus desacuerdos con Merkel- es «de responsabilidad directa del ministro de Interior» y no descartó que pueda llevarlo adelante mediante «decreto ministerial». Es necesario «para poner orden en las fronteras», afirmó, para seguidamente escudarse en los acuerdos de Dublín y asegurar que ese paso está avalado por la legislación alemana y europea.

Tras destacar la unanimidad de los diputados de la CSU en su respaldo a Horst Seehofer, Dobrindt anunció que la dirección de los socialcristianos abordará el tema el lunes próximo en Múnich y tomará una decisión. Marcó así un plazo que parece más bien un ultimátum. Menos combativos pero igual de firmes con su líder se mostraron los parlamentarios cristianodemócratas de Merkel. De unirlos se encargó el exministro de Finanzas y presidente del Bundestag, Wolfgang Schäuble, quien tuvo una apasionada intervención en favor de la unidad europea y contra aventuras nacionales unilaterales, según filtraron miembros en la reunión.

Comicios en Baviera

Volker Kauder, jefe parlamentario de la CDU, denunció a su término que ni él ni sus compañeros ha visto aún una sola página del tan controvertido «plan maestro» de Seehofer que ha provocado la crisis entre los conservadores.

Seehofer y su CSU están en estado de pánico permanente desde las elecciones legislativas alemanas el pasado otoño. Entonces entraron por primera vez en el Bundestag los ultranacionalistas de la Alternativa para Alemania (AfD), que lideran además la oposición en la Cámara baja. En precampaña desde entonces ante los comicios en Baviera el próximo otoño, los socialcristianos temen perder su sacrosanta mayoría absoluta en la Cámara de Múnich y se han radicalizado con el objetivo de no ceder terreno a los populistas.

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