Turquía sigue a un mundo de Europa

Federica Mogherini y Mevlut Cavusoglu, ayer en Bruselas. :: efe

Mogherini tiende la mano a Ankara pero censura la dura represión que sufren la sociedad civil y los medios de comunicación

ADOLFO LORENTE

bruselas. Son los llamados 'problemas Guadiana'. Vienen, van, pero siempre están ahí provocando un profundo dolor de cabeza a la Comisión Europea. Hoy, se hablará y mucho de Polonia y la particular visión que su Gobierno ultraconservador tiene del Estado de derecho. Todo apunta a que el Colegio de Comisarios ahondará en sus amenazas en defensa de los valores europeos, de unos principios básicos que ayer volvieron a estar encima de la mesa para evidenciar la enorme distancia que a día de hoy existe entre Europa y la Turquía de Recep Tayyip Erdogan.

Bruselas acogió una reunión al más alto nivel entre ambos bloques para abordar diferentes asuntos de actualidad y, sobre todo, el delicado estado de su relación bilateral. Acompañada del comisario de Vecindad y Ampliación, Johannes Hahn, la jefa de la diplomacia comunitaria, Federica Mogherini, se reunió con los ministros turcos de Exteriores y de Asuntos de la UE, Mevlut Cavusoglu y Omer Celik, en lo que ella misma definió como un encuentro «franco y constructivo» que en la práctica, eso sí, dejó poco que llevarse a la boca.

La UE está tremendamente incómoda cuando se habla de Turquía, un país en plena deriva autoritaria desde que hace un año se produjo el fallido intento de golpe de Estado. Decenas de miles de personas han sido detenidas o apartadas de sus puestos de trabajo por un Gobierno a la defensiva que solo ve supuestos «terroristas» vinculados al predicador Fetulá Gulen por todas partes.

La adhesión a la UE, parada

La libertad de expresión o la de prensa están poco menos que en fase de extinción pero Europa, demasiado dependiente de Ankara por el capítulo migratorio, no termina de dar un puñetazo encima de la mesa como le piden la Eurocámara, países como Austria o Amnistía Internacional, cuyos responsables en Turquía han sido detenidos, como denunció también ayer en Bruselas el secretario general de la organización, Salil Shetty, tras reunirse con Mogherini.

La italiana demostró por qué es ella la jefa de la diplomacia ya que en todo momento buscó mantener unos equilibrios imposibles en una tensa rueda de prensa conjunta. Recordó que Turquía sigue siendo un país candidato para entrar en la UE, que es un «socio estratégico» y que deben centrarse en lo que les une, «que es mucho». Respecto a lo que les separa, que no es poco y esencial, lanzó un par de dardos envenenados.

Primero, recordó que «el Estado de derecho, el derecho a un juicio justo, la libertad de expresión y reunión y las buenas relaciones de vecindad son principios clave con los que Turquía se ha comprometido no solo como país candidato sino también como miembro del Consejo de Europa». Y luego, tras advertir de la «preocupante tendencia de encarcelamientos de un gran número de miembros de la oposición democrática, periodistas y defensores de los derechos humanos», señaló que no se dan las circunstancias para reactivar el proceso de adhesión al club.

Como era de esperar, a los ministros turcos no les gustó lo que escucharon y tras recordar que «nosotros cumplimos lo que firmamos», instaron a Bruselas a abrir nuevos capítulos de la negociación. Respecto a las críticas por sus carencias democráticas, negaron la mayor y dijeron que se limitan a «combatir el terrorismo».

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